Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1986/04/28 00:00

LA MUERTE DEL "REY MIDAS"

Son muchos los secretos que se lleva el capo Michel Sindona a la tumba

LA MUERTE DEL "REY MIDAS"

En su juventud lo llamaban "el rey Midas", porque todo lo que tocaba se convertía en oro. Y así lo llamaban hasta hace unos años cuando su estrella empezó a declinar. Michel Sindona, uno de los más grandes mafiosos sicilianos de alto vuelo murió a sus 66 años, víctima de un envenenamiento con cianuro de potasio, en una habitación del hospital civil de Voghera, al norte de Italia.
Todo comenzó el jueves 20 de marzo pasado, cuando los médicos de la cárcel de esa ciudad asistieron de urgencia a este hombre que horas atrás acababa de ser condenado a cadena perpetua en un juicio espectacular. Su corazón, cuando llegaron los facultativos, había casi dejado de latir ante la ingestión de una sustancia tóxica que al comienzo no pudo ser determinada. Una inyección de adrenalina detuvo momentáneamente su camino hacia la muerte, sólo para hundirlo en un coma sin reflejos, del cual no saldría jamás. Con su muerte el sábado 22 de marzo, quien fuera descrito hace años por Giulio Andreotti, actual ministro italiano de Relaciones Exteriores, como "el salvador de la lira", se lleva a la tumba la clave de uno de los enigmas más grandes de la Italia contemporánea.
La hipótesis del suicidio fue contemplada al principio, pero los abogados del banquero la desestimaron. Es cierto que en 1980 este hombre, una de las grandes figuras de la banca de su país a comienzos de los años 70, intentó quitarse la vida en una prisión de Nueva York, cansado y deprimido tras una condena a 25 años por la quiebra del Franklin National Bank institución financiera que estaba ubicada entre las 15 más importantes de esa ciudad.
Sindona, quien jamás olvidó que estaba en Italia, la tierra de los Borgia y de las sectas más secretas de Europa, en sus últimas entrevistas les decía esto a sus abogados: "Ellos me matarán como a Pischotta". Evocaba al mafioso que con sus delaciones facilitó el arresto del capo Salvatore Giuliano y murió en la prisión de Palermo, después de beberse una humeante taza de café con estricnina.
Sindona, aparentemente, había recibido con resignación la condena dos días antes, pues aún tenía esperanza de que sus amigos dentro de la Democracia Cristiana italiana no lo abandonaran del todo. Su situación, en realidad, era muy precaria. Extraditado por Estados Unidos, luego de varios años de prisión en Nueva York, el banquero había sido hallado culpable del asesinato de Giorgio Ambrosoli. El Tribunal de Milán pudo establecer cómo Sindona pagó 40 mil dólares en 1979 a un asesino norteamericano, William J. Arico, para que liquidara físicamente a Ambrosoli, un abogado que venía realizando desde 1974 la liquidación de la gran empresa de Sindona, la Banca Privata Italiana, quebrada ese mismo año.
Comisionado por las autoridades monetarias de Roma, Ambrosoli pudo llegar a reunir más de 2 mil documentos condenatorios del banquero, antes de ser ultimado.
El hombre, en verdad, era un testigo peligroso para cierta gente poderosa. El 17 de marzo de 1981 fueron descubiertas sus relaciones con la logia masónica ilegal Propaganda Dos de Licio Gelli. En junio de 1982, un hombre que había trajinado mucho con Sindona, Roberto Calvi, apareció ahorcado en un puente de Londres. Calvi, el director del Banco Ambrosiano, institución del Vaticano regentada en ese entonces por el cardenal norteamericano Joseph Marzinkus, había sucedido a Sindona cuando el imperio financiero de éste se fue a pique en 1974. Por otra parte, Sindona tenía estrechos lazos con la mafia italiana. Esta le había suministrado el hombre que se encargaría de quitarle de encima al señor Ambrosoli y en los años anteriores le llegó a confiar el reciclaje de dineros de la Cosa Nostra -provenientes del tráfico de drogas- en el paraíso fiscal de Bahamas.
Jugando en todo terreno, este financista, que a los 26 años logró comprar dos importantes empresas, la Farmacopea y la Editoriale, fue llamado en 1969 por el Vaticano para confiarle la gestión de una gran parte de su patrimonio .
Este conjunto heterodoxo de cosas hacían de Sindona una bomba andante. No se ignora que subsiste el enigma de la célebre lista de "500 personajes" que pidieron sacar ilegalmente de Italia sus capitales en 1974 cuando Sindona mismo les avisó que la Banca Privata Italiana iba a quebrar en pocas horas. Tales identidades, que podrían incluir políticos de primer plano, jamás se conocieron. Es posible que el viejo de 66 años que moria el sábado pasado con una dosis brutal de cianuro en el estómago, se haya llevado a la tumba ese interesante dossier.

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