Sábado, 22 de noviembre de 2014

| 1987/07/13 00:00

LA "NANNIE" DE HIERRO

Por tercera vez, el estilo personal de la Thatcher triunfa en las elecciones.

LA "NANNIE" DE HIERRO


En una sociedad elitista por excelencia, trandicionalista y francamente machista, Margaret Thatcher, una mujer de clase media cuyas relaciones con la realeza no son las mejores, y a quien todos respetan pero muy pocos quieren, acaba de convertirse en el primer líder británico que logra permanecer por tres períodos consecutivos en el N° 10 de Downing Street, superando incluso la carrera política del gran Churchill.

Después de una campaña electoral que resultó más agitada de lo que prometía, el Partido Conservador de la Thatcher, aunque perdió varios escaños en la Cámara de los Comunes, logró mantener la mayoría absoluta (347 parlamentarios), seguido no muy de cerca por los laboristas, encabezados por Neil Kinnock (225) y por la Alianza entre la Social Democracia de David Owen y los Liberales de David Steel (14).

Clásicos del video
Decepcionando a sus opositores que se empeñaron en hacer de su personalidad el blanco de sus ataques durante la campaña, "La Dama de Hierro" demostró que precisamente esa imagen de mujer dura e insensible pero trabajadora, inteligente e incansable, es la clave de su éxito. Ni siquiera el tremendo impacto que causó el video de 10 minutos que los laboristas elaboraron sobre su líder y que los llevó a repuntar considerablemente después de la proyección, logró dar al traste con las aspiraciones de la Thatcher.

En un acto publicitario sin precedentes en la historia de las campañas políticas británicas, y que recordó más bien el estilo norteamericano, los laboristas encargaron a Hugh Hudson, director de la película "Carros de fuego", la producción del espacio a que todos los candidatos tienen derecho en la televisión británica. Los resultados de la obra de Hudson fueron tales, que los laboristas tuvieron que repetir, a petición del público y por los cuatro canales de televisión el programa titulado simplemente "Kinnock"

El corto, que se convirtió en el clásico de la propaganda política británica, si bien le significó a su protagonista un aumento de 19 puntos en su imagen personal frente a los electores, no fue suficiente para que los laboristas pudieran sobrepasar la popularidad de la señora Thatcher quien, de todos modos se vio obligada a ponerse más las pilas durante la campaña.

El perfil de hombre sencillo, sensible y de hogar, que Kinnock logró proyectar buscando un franco contraste con el de la Thatcher, además de sus continuos ataques a la política social y al nivel de desempleo que no lograron reducir los conservadores, resultaron poca cosa. La misma televisión, que tantos puntos le consiguió al líder laborista, se encargó de jugarle, pocos días más tarde, una mala pasada. Interrogado en un programa sobre su propuesta de desnuclearización total de la Gran Bretaña, Kinnock no pudo esgrimir ningún argumento convincente y se limitó a decir que estaba seguro de que "el pueblo británico haría insostenible cualquier intento de invasión extranjera", sin explicar cómo o por qué.

La propuesta, que fue el talón de Aquiles de los laboristas, sirvió además para que la Thatcher aprovechara la salida en falso de Kinnock y se encargara de reforzar aún más su imagen de líder rudo y arrogante, que fue, finalmente, su carta de triunfo. "La política antinuclear de los laboristas--dijo la Thatcher--es una política derrotista, de entrega y sumisión que sólo llevaría a una prolongada lucha de guerrillas. No entiendo cómo alguien que aspire a dirigir este país puede tomar con tan poca seriedad los asuntos de defensa".

Pero si los laboristas no lograron sobrepasar a los conservadores, tampoco resultaron duramente derrotados. Kinnock logró consolidar su posición, el partido ganó algunos escaños y además aventajó considerablemente a la Alianza, que en algún momento llegó a pensarse que se convertiría en el principal partido de oposición.

Los dos Davids (Owen y Steel), a pesar de sus indiscutibles esfuerzos por presentarse como una opción de centro y de tener a su favor el factor novedoso de pintarse como una tercera alternativa en el tradicional sistema bipartidista inglés, no lograron los resultados esperados. El bipartidismo pudo más que ellos y su propia condición de tener un liderazgo dual los perjudicó. En su afán por mostrar siempre unidad de criterios, decidieron inicialmente realizar juntos la campaña y presentarse los dos a las entrevistas de televisión. La estrategia fue todo un fiasco. En lugar de proyectarse como una coalición sólida, dieron más bien la imagen de dos líderes inseguros que necesitaban apoyarse el uno en el otro para terminar repitiéndose mutuamente, a lo Hernández y Fernández, como en la popular tira cómica francesa.

El "thatcherianismo"
Aunque indiscutiblemente el estilo personal de la Thatcher fue el factor decisivo para el triunfo, sus logros a través de ocho años de gobierno tampoco resultan despreciables. Después de varios años de recesión, los británicos tienen hoy una de las tasas de crecimiento más altas de toda Europa y la inflación más baja de los últimos 20 años. Mientras en 1979 menos de la mitad de los británicos, eran propietarios de sus residencias, hoy cerca de las dos terceras partes lo son, gracias a la financiación ofrecida por el propio gobierno. Su estrategia para debilitar los sindicatos, tan criticada por los laboristas, que alcanzó su punto culminante cuando logró poner fin a más de un año de huelga de los mineros, ha surtido efecto. Los británicos registran hoy el número más bajo de huelgas en los últimos 50 años. Como consecuencia de ello, y de la política de privatización de las empresas estatales, la inversión privada se ha fortalecido y el número de ciudadanos corrientes que poseen acciones en la bolsa ha aumentado del 10 al 29% .

Sin embargo esta "revolución económica" tiene un gran lunar: tres millones de desempleados, la cifra más alta registrada en la historia de la Gran Bretaña. A ellos se suman millones de trabajadores que han visto reducidos considerablemente los beneficios de la seguridad social y que hoy afrontan serias dificultades para poder proporcionar a sus familias la educación y los servicios de salud indispensables.

Duramente criticada por ello durante la campaña, la señora Thatcher, sin embargo, parece dispuesta a continuar con su política de acabar con el "Estado-papá" a que los laboristas habían acostumbrado a los británicos. Y--según lo demostraron los resultados--cuenta con el respaldo suficiente de su pueblo que, por encima de cualquier otra consideración, ha encontrado en ella a su "Nannie", esa típica mujer inglesa, severa pero talentosa, a la que quizás muy pocos quieren, pero que todos respetan y admiran, al punto de querer tenerla en casa por cuatro años más.--

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