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| 8/29/1994 12:00:00 AM

LA NOCHE DE LOS TRECE

Intercambio de acusaciones entre Estados Unidos y Cuba por la tragedia del hundimiento de un viejo remolcador repleto de emigrantes ilegales

Lo planearon durante un mes. El día acordado fue el 13 de julio y la embarcación sería el viejo remolcador 13 de Marzo, anclado en el puerto de La Habana. Todos estaban preparados. El mar parecía sereno y la noche parcialmente despejada. El subdirector del puerto, Fidencio Ramel Prieto Hernández, adormeció con una droga al vigilante del muelle y desenganchó las cadenas que amarraban la embarcación.
Prieto y el capitán de otro remolcador, Raúl Muñoz García, ayudaron a subir a 70 personas, entre mujeres, hombres y niños, que soñaban con llegar a Miami, la capital de la emigración cubana, situada a 90 millas de la isla. Casi todos eran jóvenes y vecinos de las barriadas habaneras de Guanabacoa y El Cotorro.
El barco robado zarpó alrededor de las tres de la madrugada. Atravesó la bahía de La Habana y no había recorrido siete millas cuando los tripulantes fugitivos avistaron las embarcaciones Polargo Cinco, Polargo Dos y Polargo Tres, del mismo servicio portuario, enviadas con órdenes de detener a los desertores y, según versiones del exilio de Miami, de darles una lección para escarmentar a quienes tenían planes de hacer algo parecido.
Los hechos que ocurrieron a partir de ese momento en medio de la oscuridad y el pánico de los pasajeros, aún no se conocen íntegramente ni a ciencia cierta pues como en todas las confrontaciones del gobierno cubano y del exterior, las versiones son diametralmente opuestas.
Lo cierto es que la travesía terminó en una tragedia donde murieron ahogadas por lo menos 30 personas. Raúl Castro, el sombrío ministro de las Fuerzas Armadas, dedicó al incidente la mitad de su discurso del 26 de julio, fecha en que se conmemora el inicio de la revolución, y acusó al gobierno de Estados Unidos por haber suscitado "una histeria anticubana" con sus denuncias. Un diario cubano culpó también a ese país, por su política de negar visas a los cubanos que las piden. "No es Cuba quien niega la salida, sino el país de destino quien niega la entrada legal mientras recibe Como héroes a quienes recurren a la ilegalidad".
Basándose en testimonios de sobrevivientes, la Iglesia Católica cubana, tradicionalmente cautelosa en sus pronunciamientos contra el gobierno, denunció los actos "violentos" cometidos por la tripulación de los remolcadores.
En un mensaje dirigido a "todos los católicos y a todos los cubanos", el arzobispo de La Habana. monseñor Jaime Ortega, estimó que el naufragio no parecía "fortuito" y que se produjo como consecuencia de actos "violentos y trágicos de una crudeza" difícilmente imaginable.
Granma, el diario oficial del partido comunista, sostiene que en un momento de la persecución, el Polargo Cinco, cuyo casco es de acero, tomó medidas para evitar la colisión cuando el remolcador robado intentó embestirlo para que frenase.
Con la idea de que sus tripulantes se rendirían de inmediato, una de las medidas fue lanzar chorros de agua a los pasajeros del remolcador que estaban en cubierta. El ataque fue el comienzo de una criminal equivocación, según sobrevivientes, pues en la cubierta había niños de meses, cuatro, seis y ocho años que podrían ser vapuleados mortalmente por la potencia del agua.
Según relatos que circulan en Miami, los pasajeros se refugiaron en bodegas de la embarcación. Esas versiones sostienen que el refugio no funcionó por mucho tiempo pues el agua lanzada por los otros barcos había hecho mella en el remolcador. De acuerdo con esas denuncias, la embarcación perseguidora embistió deliberadamente a la de los emigrantes y la partió en dos, lo cual es negado por otros sobrevivientes, como Daniel Prieto, quien dijo a la agencia IPS que "los remolcadores que nos perseguían nunca tuvieron la intención de hundirnos, sino de detenernos".
Las versiones son encontradas, pero hay hechos que parecen incontrovertibles, como que se trataba de una embarcación de madera de 17 metros, construida en 1879, destinada a llevar una tripulación de sólo cuatro personas y que por su pésimo estado sólo era destinada a labores en el interior del puerto. Según el gobierno cubano, las inspecciones previas indicaban vías de agua, y la motobomba de emergencia no funcionaba, por lo cual el gran responsable de la tragedia sería el propio Prieto Hernández, que terminó ahogado, y quien por su cargo tenía que conocer que el barco no era adecuado para el viaje.
Casi todos los niños y las mujeres que estaban en la bodega murieron ahogados, succionados por el remolino que se formó cuando la embarcación se hundía. María Victoria García Suárez, una de las sobrevivientes, narró cómo perdió a su esposo, su hijo de 10 años, su hermano, tres tíos y dos primos.
"Les pedimos que no nos hicieran daño -dijo García, de 27 años-. Les enseñamos a los niños y nos siguieron echando agua. Nosotros les dijimos que Ibamos a virar. Entonces fue que uno nos dio por el lado y nos viró. El remolcador se hundió".
El cadáver de una ahogada le sirvió de flotador a García Suárez y a su hijo, pero el pequeño perdió fuerzas y comenzó a ahogarse.
"Yo seguí con él cargado porque vi que se debilitaba, que no tenía fuerzas para seguir, pero la madera se viró y me cayó la gente arriba y se me fue el niño". -
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