Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/05/12 00:00

La nueva República

El presidente electo francés, Nicolas Sarkozy, impuso en las elecciones su visión de un país más cerrado a la inmigración y más restrictivo en la Unión Europea.

Para lograr su triunfo, Sarkozy se apropió primero de las ideas de la extrema derecha y después usó un tono conciliador para conquistar el centro

Cristian, un niño colombiano de 13 años, era un alumno sobresaliente del colegio Coysevox, en el distrito 18 de París. Sin embargo, bajo el recrudecimiento de la ley de inmigración que llevó a cabo en 2005 el entonces ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, quedó en peligro de ser deportado en cualquier momento, junto con su familia, por ser un sans papiers (indocumentado). A pesar de que sus compañeros y profesores se movilizaron para impedirlo -al igual que a otros niños en su misma situación- el clima social no era el mejor por esos días en Francia. Miles de jóvenes de las periferias de las ciudades habían salido a las calles a manifestar su ira por sentirse ciudadanos de segunda clase, a pesar de haber nacido y crecido en suelo galo.

Ese mismo Nicolas Sarkozy, ministro famoso por sus 'desbordamientos verbales' y su política sin concesiones en el manejo de la seguridad interna, es hoy el Presidente de Francia. Para lograr su triunfo en segunda vuelta, como candidato de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), frente a la socialista Ségolene Royal, puso en marcha una metódica estrategia. Primero se «apropió» de las ideas de la extrema derecha -y por ende de una parte del electorado de Jean-Marie Le Pen-. Y luego conquistó al 40 por ciento de voces del centro y a algunos dirigentes del partido socialista, utilizando para ello un tono conciliador y prometiendo una apertura en su gobierno a diferentes tendencias políticas.

Cuando anunció que nombrará un primer ministro 'moderado' como François Fillon (ex ministro de Educación y de Trabajo), Sarkozy pareció confirmar su tónica de apertura. Sin embargo, los jóvenes se tomaron de nuevo las calles. Y luego de unos criticados días de descanso en el yate privado de uno de los hombres más ricos de Francia, Vincent Bolloré, Sarkozy regresó dispuesto a seguir en campaña. Sabe que, como lo anunció el centrista François Bayrou: "Habrá una tercera vuelta: las legislativas, que permitirán a los franceses equilibrar su elección".

Expectativa europea

Pero, más allá de la política interna, en el frente internacional la elección de Sarkozy ha producido una expectativa más fuerte de lo usual. A excepción de Turquía, la mayoría de países de la Unión Europea espera tener en él un aliado para construir el futuro del sistema. Noëlle Lenoir, ex ministra francesa de Asuntos Europeos, dijo a SEMANA que "la primera expectativa es que saque a Europa de la crisis institucional en la que se encuentra, luego del No francés y holandés. Pero también se espera de Sarkozy que apoye una apertura de mercado y que ayude a desbloquear algunos 'dossiers' de política internacional que se encuentran frenados, particularmente en los temas de la energía y de las relaciones con Rusia".

El 'mini-tratado' que propone Sarkozy para reemplazar la Constitución rechazada en un referendo por los franceses y los holandeses no es, sin embargo, del gusto de todos. Para el presidente de la Comisión Constitucional del Parlamento Europeo, Jo Leinen, es "inaceptable un texto que represente menos democracia, transparencia y eficacia que el antiguo". Alemania, que preside la Unión Europea hasta finales de junio, espera que los 27 países miembros se pongan de acuerdo sobre un proyecto que desemboque en un nuevo texto, antes de terminar este año.

También preocupa que Sarkozy privilegie los intereses nacionales sobre los europeos y adopte una actitud proteccionista, como dejó entender en su discurso del 6 de mayo para saludar a los franceses luego de su victoria: "Conjuro (a nuestros socios europeos) a no seguir sordos a la ira de los pueblos que en lugar de percibir protección en la Unión Europea, la ven como un 'caballo de troya' de todas las amenazas que suponen las transformaciones del mundo".

Esa posición esconde un tono excluyente, como el de Sarkozy a Turquía como miembro de la Unión Europea. Por eso, ese es un tema que no va a evolucionar fácilmente en la Unión Europea, sobre todo porque entre los demás miembros no hay un consenso real sobre el tema. Según comentó Lenoir, "Sarkozy considera que Turquía tiene aun menos vocación que los del Norte de África para unirse a Europa. Sin embargo, por primera vez en su discurso como Presidente electo acaba de proponer un segundo círculo de países que formen una especie de mercado común, incluida Turquía y a los países magrebíes, de manera que sea integrada en un plano económico, pero no político. Al ser un país grande, Turquía tendría -como Estado miembro- un peso político mayor por su progresión demográfica". Sarkozy es consciente de las expectativas que se han tejido en torno a él en Europa y sabe que tiene que actuar pronto. Por ello ha anunciado que dos de sus primeros viajes como presidente serán a Bruselas y a Berlín.

Otro aspecto que preocupa de Sarkozy es la política respecto a la inmigración, si se tiene en cuenta que algunas de sus ideas van en contra de los patrones europeos. Entre sus propuestas figuran limitar la 'reagrupación familiar' y que la regularización de extranjeros se haga únicamente "caso por caso" y no de forma masiva, como lo hizo España, e incluso Italia con Silvio Berlusconi. El proyecto de crear un 'Ministerio de la inmigración y de la identidad nacional' también ha chocado la sensibilidad de quienes creen que puede ser una nueva forma de colonialismo, al pretender que la nacional es una cultura superior a las otras que integran el país. Cabe preguntarse desde ya si un recrudecimiento en las políticas de entrada legal de inmigrantes no representará para Europa un mayor tráfico humano clandestino y para África, más barcos hundidos en el Mediterráneo, llenos de emigrantes en busca de mejores condiciones de vida. Por eso en África las reacciones no fueron tan positivas, especialmente porque aún resuena con molestia la frase que Sarkozy declaró antes de ser elegido: "Francia no necesita de África".

En cuanto al resto del mundo, no resultó una sorpresa que George W. Bush fuera uno de los primeros en felicitar a Sarkozy, pues se espera un fuerte viraje y un nuevo realineamiento hacia Estados Unidos. Por lo mismo, tampoco sorprendió que Israel manifestara su complacencia, mientras los comentaristas alemanes se preocupaban. Ven en la nueva línea pro-norteamericana un comienzo de resquebrajamiento político de la Unión.

Nicolas Sarkozy, ese hijo de un inmigrante húngaro, tiene en su propia historia personal un ejemplo de las nuevas tendencias sociales francesas. Pocos saben, sin embargo, si a la larga esa circunstancia pesará en el manejo de la importante influencia francesa en el resto del mundo.

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