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| 6/12/2000 12:00:00 AM

La nueva tiranía

Para este periodista y autor español el estalinismo del mercado pretende convertirse en el paradigma único del mundo de hoy.

Ignacio Ramonet, director del muy respetado semanario Le Monde Diplomatique y autor de varios libros en los cuales analiza la coyuntura mundial, estará esta semana en Bogotá, invitado por el Ministerio de Cultura y el Convenio Andrés Bello para el seminario sobre las relaciones de economía y cultura ‘La tercera cara de la moneda’. SEMANA lo entrevistó.

Semana: Los más recientes libros suyos, que son ‘Política del caos’, ‘Un mundo sin rumbo’ y ‘La tiranía de la comunicación’, describen un mundo posguerra fría preocupante. ¿Cómo la resumiría usted?

Ignacio Ramonet: Efectivamente, desde que cayó el muro de Berlín en 1989 estamos asistiendo a una serie de cambios importantes. Por una parte producto de la mutación tecnológica, es decir, la informatización, la revolución digital, y por otra parte por la mundialización económica, que es en esencia una economía financiera. Todo esto ha cambiado la estructura del poder. Hoy día hay instituciones como el Fondo Monetario, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio, que son las que están piloteando el mundo y que en definitiva imponen a los Estados las líneas de su política en términos económicos.

Por otra parte, también se está dando en muchas partes la fragmentación del poder, se están constituyendo zonas de libre cambio como en el Nafta, en América del Norte; en la Unión Europea, en el Pacífico, etc. Y también en muchos países, donde el poder estaba antes centralizado, ahora se está descentralizando: la Unión Soviética se fragmentó, igual ocurrió en Yugoslavia, igual ocurrió en el Cáucaso en particular, y este fenómeno es mundial.

Semana: ¿Es un mundo en el que el mercado parece ser el soberano?

I.R.: Exacto, donde teníamos conceptos como el progreso social, económico, político, etc., el proyecto de la cohesión social, construir una sociedad en la que todos los individuos tenían vocación a integrarse en un conjunto común, etc., ahora el mercado pasa a ser el paradigma fundamental con vocación a ocuparse de todo, no sólo de la economía: el deporte, por ejemplo, está organizado por el mercado; la educación, la cultura. Es decir, el mercado tiende hoy a imponerse como la estructura que regula todas las actividades humanas.

Semana: Algunos mencionan la expresión ‘estalinismo del mercado’ en la medida en que se está preconizando como si fuera la única alternativa y se demoniza a todos los que opinan en contrario.

I.R.: Claro, todos aquellos que critican este absolutismo del mercado, este dogmatismo, son muy criticados y efectivamente el mercado se comporta como un dogma. Se dice estalinismo, es verdad; antes los estalinistas como los bolcheviques, por ejemplo, decían “todos los poderes a los soviets”. Hoy los ultraliberales dicen “todos los poderes al mercado”, y ya no hay ni Estado, ni partidos políticos, ni gobierno. Lo que es bueno para el mercado es bueno para el género humano, lo que no es bueno para el mercado no es bueno para el género humano, sostienen como un catecismo.

Semana: La fuerzas sociales, que se ven afectadas por este nuevo estalinismo, ¿usted cree que se van a mantener impasibles frente a esta situación?

I.R.: Una parte de estas fuerzas no han analizado bien el cambio y a veces yo diría que critican al mercado con argumentos de otra época. Sin embargo toda una serie de fuerzas nuevas que están surgiendo ahora entienden cómo funciona la mundialización, y si critican al mercado o a la globalización lo hacen también usando sus mismos instrumentos. Por ejemplo, hemos visto cómo en la batalla de Seattle, en diciembre pasado o en el mes pasado, contra el FMI en Washington, los oponentes han utilizado Internet, las ONG, es decir, fuerzas diferentes de las tradicionales. Estos grupos no protestan contra los gobiernos sino contra el FMI, contra la OMC, es decir, ya han entendido que los que mandan no son los gobiernos, son el FMI o la OMC.

Semana:¿Es la crisis del Estado Nación?

I.R.: Claro. En definitiva el Estado Nación es una arquitectura política que tiene dos siglos, surgió de una filosofía de finales del siglo XVIII que inventó la política moderna y probablemente hoy día esa estructura está sufriendo por la globalización y todas estas nuevas dinámicas. Pero no sabemos muy bien lo que es un

Posestado Nación. Personalmente no pienso que hay que liquidar el Estado por que tiene un proyecto benefactor, protector, repartidor y no sabemos quién lo va a sustituir. Hoy nos dicen los ultraliberales que la empresa lo hará todo, que hay que privatizar los hospitales, la educación, las cárceles, la seguridad social, privatizarlo todo, es decir, entregar a empresas las funciones del Estado. Una empresa busca el provecho, el Estado en principio busca la cohesión nacional, integrar a los que están abajo para hacerlos subir en la medida de lo posible.

Semana: ¿Qué papel juegan los medios ?

I.R.: Los medios son los encargados de difundir esta nueva ideología, que nos hace creer que sólo hay una solución para todo. En general los medios están integrados en inmensos conglomerados que se ven más como empresas industriales que mediáticas y el objetivo que tienen es sacar provecho, controlar el mercado, multiplicar las fusiones, las integraciones, etc.; y mucho menos el rigor de la información, la audacia de análisis.

Semana: En Colombia vivimos una situación poco común, una insurgencia con la posibilidad teórica de que suba al poder e imponga un régimen comunista. ¿Eso cómo se conjugaría en el mundo actual?

I.R.: Yo creo que sería difícil. Es normal que en algunos países, no sólo en Colombia, donde existen desigualdades, injusticias, etc., las tesis que han podido movilizar a los desheredados sigan teniendo vigencia, pero no es concebible hoy día que se establezcan. Algunos de los Estados que eran socialistas han desaparecido, pero en muchos casos, no pienso forzosamente en Europa del Este, que habían adoptado el socialismo científico, el estatismo económico o el partido único, Mozambique por ejemplo o Argelia, se han modificado; la propia Cuba, sobre la que se tiene una visión muy caricaturesca, es un país que ha cambiado muchísimo, con un margen de economía mixta bastante importante; y por supuesto China ha cambiado. Por eso es difícil imaginar que un grupo podría establecer un régimen marxista. Que haya grupos que defiendan esas tesis es normal, pero una perspectiva de ir hacia el poder supone negociar con los demás, encontrar márgenes políticos, adaptar, hacer concesiones y, por consiguiente, establecer una estructura diferente.
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