Martes, 17 de enero de 2017

| 1987/04/20 00:00

LA OBSESION DE TREBLINKA

El juicio al guardia acusado de exterminar 850 mil judios conmociona a los israelíes.

LA OBSESION DE TREBLINKA


Como sucede con ciertas peliculas que a pesar de haber sido descartadas de antemano por los críticos los espectadores no tardan en descubrir y convertir en taquilleras, tuvo que pasar casi un mes antes de que el juicio en Jerusalén a "Iván el Terrible", el hombre acusado de haber operado en Treblinka las cámaras de gas en que murieron más de 850 mil judios lograra despertar el interés de los israelíes.

El caso que muchos consideraron inicialmente sólo una versión de segunda del juicio que condujo a Adolf Eichmann a la horca en 1961 se ha convertido en una obsesión para Israel. En las calles los buses los taxis y hasta en los consultorios de los dentistas los radios transmiten al unísono los por menores de cada sesión mientras frente a la sala de audiencias, cientos de personas hacen cola desde las cinco de la mañana con la esperanza de poder ser testigos directos del que será muy seguramente el último juicio importante a un criminal de guerra nazi.

Todo por un espía

Un simple caso de espionaje está a punto de lograr lo que cuatro meses de confusas declaraciones sobre la participación de Israel en el escándalo Irán-Contras, no consiguieron: deteriorar las relaciones entre los Estados Unidos e Israel.

Jonathan Jay Pollard, el hombre que fue condenado a cadena perpetua en Washington hace unas pocas semanas, acusado de espiar en favor de Israel, es el protagonista del llamado "Caso Pollard", que ha mantenido en vilo a las autoridades tanto norteamericanas como israelíes en los últimos días.

Pollard fue hallado culpable de haber sustraído del Servicio de Investigaciones Navales donde trabajaba, cientos de documentos que contenían información de vital importancia para la seguridad de los Estados Unidos y de haberlo entregado a los servicios de inteligencia israelíes.

El caso, que seguramente de estar vinculado a otro país no hubiera causado tanto revuelo, ha indignado a los Estados Unidos, que no alcanzan a comprender cómo es posible que un gobierno que se precia de ser uno de sus mejores aliados, patrocine este tipo de actividades.

Si bien el Primer Ministro israelí presentó excusas públicamente por la conducta de uno de sus ciudadanos se ha negado rotundamente a reconocer que las acciones de Pollard hubieran sido aprobadas por el gobierno de Israel o sus organizaciones de inteligencia. Además, se negó inicialmente a investigar por su propia cuenta el caso, hasta que, ante la presión, se vio obligado a nombrar una comisión gubernamental. "El Estado de Israel no contrató a Pollard y no le asignó ninguna misión de espionaje", ha dicho Shamir. "Por tanto, su problema no puede convertirse en un problema del Estado de Israel".

Pero si para Shamir el caso no es su problema, sí lo es para los millones de judíos que viven en los Estados Unidos y que han visto resentida su propia imagen dentro del país. Por ello, varios líderes de organizaciones judías decidieron tomarse la vocería y realizar por ellos mismos la labor de diplomacia necesaria para impedir que se agríen aún más las relaciones entre los dos países. Una delegación de más de 65 judíos norteamericanos viajó a Israel para entrevistarse con el primer ministro Shamir y exigirle al gobierno que asuma la responsabilidad que le corresponde.

Aunque muy posiblemente el asunto no pase a mayores y finalmente las relaciones vuelvan a ser nuevamente tan cordiales como antes, lo cierto es que el "Caso Pollard" puso de presente un hecho incontrovertible en lo que a política concierne: que cuando de seguridad se trata, no hay amistad que valga. Y "aun entre bomberos, se pisan las mangueras".--

Al interior del recinto, John Demjanjuk, un ucraniano de 66 años, calvo y barrigón que hasta hace pocos año fuera un trabajador más de una fábrica de carros en Cleveland (Ohio), es el centro de todas las miradas. Imperturbable, Demjanjuk ha visto desfilar ante él a los pocos sobrevivientes de ese campo de exterminio que fue Treblinka y lanzarle al rostro las más feroces acusaciones, cuando creen reconocer en él a Iván Grossny, el temible guardia que torturó y llegó incluso a asesinar con su propia mano a cientos de judíos hace más de 44 años; mientras su defensor, el norteamericano Mark O'Connor, convierte el caso en un juicio a la memoria ya senil de quienes se esfuerzan por recordar detalles que permitan finalmente identificar a Demjanjuk con el atlético guardián de Treblinka, que por entonces sólo tenía 23 años.

Después de afirmar que sin lugar a dudas Demjanjuk es efectivamente el mismo Grossny, más de un testigo presionado por O'Connor se ha visto en la humillante posición de tener que reconocer que no puede recordar otros detalles de la misma época, como el color de los uniformes de los guardias o la ubicación de ciertos lugares dentro del campo.

Uno de los momentos más dramáticos lo vivió un anciano de 86 años, que después de identificar a Demjanjuk, tardó varios minutos en recordar el nombre de su hijo, asesinado por los nazis en el mismo Treblinka. En otra oportunidad, O'Connor presionó tanto a uno de los testigos tratando de que recordara en qué lugar colgaban las mujeres guardianes su ropa para que se secara, que el juez que hasta entonces había permanecido en completo silencio, intervino enérgicamente. "¿Qué importancia tiene dónde se ponía la ropa a secar, cuando estamos hablando del exterminio de 850 mil seres humanos?", preguntó casi gritando. "¡ Tiene que haber un límite para sus preguntas!".

Para O'Connor, sin embargo, la única posibilidad de corroborar su argumento de que se trata de un caso de confusión de identidad, radica en poder colocar en tela de juicio la memoria de todos aquellos que hasta ahora han identificado positivamente a su defendido. Y está dispuesto a hacerlo a cualquier precio.

Después del escaso interés que despertó en un principio, el juicio se ha convertido en una ocasión histórica única, no sólo para quienes vivieron el holocausto, sino para las nuevas generaciones que han visto en él una oportunidad irrepetible de poder entender finalmente uno de los episodios más trágicos de su historia. A diferencia de Eichmann, que fue una especie de burócrata dentro de los criminales de guerra nazis, Demjanjuk fue autor material de los crímenes, lo cual ha llevado el juicio a un terreno en el que predominan las evocaciones de episodios concretos, llenos de descripciones pormenorizadas y de detalles que nunca antes se habían conocido en Israel en forma tan vívida.

Aunque para muchos el caso constituye un innecesario retorno al pasado que lejos de beneficiar perjudica al pueblo de Israel al distraerlo de sus preocupaciones presentes, la mayoría de los israelíes lo ven ante todo como una forma de responder a aquellos que aún hoy se preguntan cómo fue posible un holocausto semejante. "Mi hijo, que tiene ahora 14 años, siempre me preguntó cómo había sido posible que hubiéramos permitido tal atrocidad sin resistirnos", explica un sobreviviente de Auschwitz. "Ahora, que ha podido escuchar detalladamente qué tipo de vejámenes se cometieron en los campos de concentración, por fin lo ha entendido".--

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.