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| 1/4/1993 12:00:00 AM

La ONU al rescate

Tropas norteamericanas serán las primeras er llegar a salvar vidas en Somalia, tras una histórica decisión de Naciones Unidas.

SI TODO VA BIEN, A COMIENZOS DE ESTA SEmana habrán llegado a Somalia los primeros soldados de una fuerza multinacional enviada por la Organización de Naciones Unidas y compuesta principalmente por soldados norteamericanos. Con tanques, helicópteros y material para recuperar carreteras, intentarán salvar de una muerte segura a miles de somalíes que han perdido toda esperanza de sobrevivir. Se trata de una decisión sin precedentes históricos a la que se llegó después de que el mundo se cansara de ver imágenes dantescas de niños que mueren tras ingerir una cucharada de un potaje blanco indefinible. Alguien tenía que hacer algo y por fin los clamores han sido escuchados.
La situación de Somalia, la nación situada en el cuerno de Africa, en la entrada del golfo de Adén, ha sido descrita como el infierno en la Tierra. Allí se desarrolla una guerra civil caótica desde diciembre del año pasado, cuando fue derrocado Mohammed Siad Barré por un movimiento dirigido por el general Mohhamed Farah Aidid y por el civil Mohamed Ali Mahdi. Los dos complotados se enfrascaron muy pronto en una lucha que llevó a la disolución de todo tipo de autoridad distinta de la de las armas. El Estado y el gobierno somalíes se han evaporado literalmente.
La guerra civil carece de líneas definidas y es protagonizada por cientos de grupos de bandidos que no tienen inconveniente en disparar contra cualquiera que se encuentren en su camino. Con una situación alimentaria que es habitualmente precaria, y sujeta a una gran sequía durante el último, año, Somalia se sumió en una hambruna que ha matado más de medio millón de personas.
Pero los envíos de entidades de beneficencia quedan en manos de los bandidos y en muchas ocasiones los víveres son usados por éstos como moneda para comprar armas en Etiopía y Sudan, países que a su turno también tienen hambruna. Las agencias de ayuda internacional como la Cruz Roja y la propia ONU tienen que protegerse mediante grupos de "combatientes" que en muchas ocasiones vuelven sus armas contra los propios empleados. Se dice que el 80 por ciento de la ayuda se pierde en ese laberinto.
En esas condiciones, la intervención de la ONU en Somalia comenzó a forjarse la semana pasada, cuando el secretario general Boutros Boutros-Ghali envió una carta al Consejo de Seguridad en la que informó que su representante en Somalia, Ismat Kittani, le había reportado que era imposible convenir la entrega de suministros a la población hambrienta con el gobierno somalí, por la sencilla razón de que éste había dejado de existir. El secretario general llegó a la conclusión de que un contingente convencional de Cascos azules no sería suficiente por su naturaleza, sino una fuerza de intervención capaz de poner orden en el país.
Al día siguiente el presidente norteamericano George Bush anunció su disposición de enviar tropas, en una medida que parece haber recibido el beneplácito de muchos norteamericános. La resolución del Consejo de Seguridad fue tomada por unanimidad y las fuerzas estarán integradas por varios países, bajo un comando norteamericano responsable ante el Consejo de Seguridad.
La decisión de Bush fue tomada en contra de la opinión de la Central de Inteligencia Norteamericana (CIA). Sus analistas piensan que la anarquía es tan profunda, que el país podría requerir una intervención mucho más profunda, incluso el establecimiento de un protectorado de la ONU o de una administración fiduciaria.
Pero eso es una posibilidad que encierra cientos de riesgos. Por lo pronto, Bush sostiene que sus tropas dejarán el espacio a una fuerza convencional de Cascos azules a finales de enero. Pero eso en el infierno sobre la Tierra puede ser nada más que pensar con el deseo.
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