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| 11/7/1988 12:00:00 AM

LA OPOSICION: PARTE DE LA VICTORIA

A pesar del triunfo del "No" en Chile,los que se oponen a Pinochet aún tienen mucha tela que cortar.

Cuando en la noche del jueves el general Augusto Pinochet se dirigió a sus conciudadanos por la televisión, para reconocer su derrota en el plebiscito del día anterior, muchos chilenos se dieron cuenta por primera vez, de cuánto había envejecido el general en los 15 años que lleva en el poder. Sus palabras parecían buscar su reconciliación con la historia: "Reconozco y acepto el veredicto de la mayoría expresado ayer por la ciudadanía".
La declaración del general, que marca el comienzo de la recta final de su régimen militar, se presentó al tiempo que tanto sus partidarios como los líderes de la oposición victoriosa, iniciaban la búsqueda de una fórmula de reconciliación. Como reflejando el cansancio de la nación tras una campaña cargada emocionalmente, todas las partes involucradas parecían hablar solamente de terminar la confrontación y de la necesidad de estabilidad para el futuro del país.

Los resultados extraoficiales entregados por el gobierno el viernes, fueron los suficientemente explícitos: el general Pinochet fue derrotado en su intento por permanecer ocho años más en el poder, cuando el 54% de los siete millones de votantes que participaron en el plebiscito le dijo no.
Su partidarios sólo lograron el 43% de la votación global.

Sin embargo, en las horas que siguieron a la terminación de las votaciones, el panorama era de una confusión total. Aunque desde las 7 de la noche del miércoles la tendencia hacia el triunfo del NO era evidente, el gobierno se resistía a revelar las cifras.
El silencio oficial, que comenzó a las 10 de la noche, luego de que se dieron resultados sobre un total de 186 mil votos, hizo crecer la tensión en todo el país, mientras la versión de que el general no estaba dispuesto a reconocer su derrota se abría paso.

La tensión se evaporó cuando los comandantes de la Marina, la Fuerza Aérea y la Policía Nacional se presentaron en el Palacio de La Moneda poco después de media noche. El general Fernando Matthei, comandante de la Fuerza Aérea, concedió unas declaraciones a un reportero radial en las que afirmó que, por lo que a el concernía, el NO había ganado. Un hora más tarde, los resultados fueron revelados.

El ministro del interior Sergio Fernández apareció en televisión hacia las 2 de la mañana, para afirmar que el gobierno se mantenía "en la decisión inquebrantable de obedecer la constitución y la ley". Luego de defender la necesidad de estabilidad y de anotar que el proceso electoral había sido limpio y ordenado, dijo que "Chile y sus valores permanentes debian ser protegidos". "Como consecuencia, respetaremos los resultados que el país ya conoce".

Al día siguiente se produjo la renuncia masiva del gabinete ministerial, compuesto en su mayoria por civiles. En ese momento empezaron a barajarse los nombres de quienes serían confirmados y relevados, sobre la idea de que los cambios podrían abrir camino a los acuerdos con la oposición. Pero el general tenía otros planes.

En efecto, aún en la derrota el general seguia teniéndolas casi todas consigo. De acuerdo con la constitución aprobada en un plebiscito de 1980, cuando los partidos opositores fueron excluidos de las urnas, la derrota del plebiscito de la semana pasada no separa al general de los hilos del poder. Según la Carta, Pinochet seguirá en la presidencia del país hasta marzo de 1990, cuando deberá entregar el poder al presidente elegido en comicios pluripartidistas celebrados el 11 de diciembre de 1989.
El parlamento, que no funciona desde el golpe de 1973, estará compuesto por una Cámara de Representantes integrada por 120 miembros y un Senado de 35, de los cuales 9 seran elegidos a dedo por el general, a quien, por si lo anterior fuera poco, corresponderá una curul vitalicia.

Por otra parte, esa constitución estipula que los actuales jefes de las Fuerzas Armadas, incluido el mismo Comandante Supremo, permanecerán en sus cargos por 4 años más, por lo que, en la práctica, el Consejo Nacional de Seguridad, compuesto principalmente por el estamento militar, continuará con preeminencia sobre el Parlamento, apoyado, además, en el concepto según el cual la Constitución declara a las Fuerzas Militares "tutelares de la nación".

En esas condiciones y con la sartén aún agarrada firmemente por el mango, los resultados adversos al general no pueden considerarse una derrota en todo el sentido de la expresión. Si bien perdió la posibilidad de continuar casi indefinidamente en el poder, ganó en credibilidad ante la comunidad internacional, mientras las cifras mismas de la votación, vistas como el grado de aceptación del público hacia el general tras 15 años de gobierno, se comenzaron a presentar como un triunfo extraordinario, puestas en comparación con el deterioro que generalmente sufren los gobiernos democraticos a unos cuantos meses de su posesión.

Así, muy pocos observadores se extrañaron de que al final de la semana, el general Pinochet contestara, con un baldado de agua fría, los intentos de aproximacion que los líderes opositores hacían en busca de un ,acuerdo que acortara el itinerario hacia la democracia plena. Atrincherado tras el cumplimiento al pie de la letra de una constitución diseñada por él mismo a su favor, Pinochet confirmó a todo su gabinete y se negó a cualquier diálogo que implicara concesiones extraconstitucionales.

Quedaron así frustrados los intentos que el líder del Partido Demócrata Cristiano Patricio Aylwin había hecho para congraciarse con las Fuerzas Armadas. Aylwin, considerado el principal vocero de la coalición de 16 o partidos no marxistas que promovieron el voto por la opción NO, había ofrecido una rama de olivo a las Fuerzas Militares, y habia llamado a un acuerdo entre ellas y "las fuerzas democráticas" para acordar "un camino de transición hacia una auténtica democracia que nos incluya a todos".

Planteadas como están las cosas quedan abiertos múltiples interrogantes sobre el futuro de la nación austral. Definitivamente el general, aún tomado por sorpresa por el resultado del plebiscito, mantiene a su estamento militar con las riendas del poder. Ese estamento seguramente no dejará sus prerrogativas sin que a cambio se elimine de su horizonte cualquier juicio de responsabilidades por los crimenes cometidos en nombre de la represión anticomunista. Como por otra parte las elecciones deben jugarse a dos vueltas, no hay ninguna posibilidad de que se elija de nuevo un presidente de orientación decididamente de izquierda. Y siempre queda la probabilidad que no se considera remota, de que el propio Pinochet sea candidato presidencial para las elecciones del próximo año.
Como dijo un observador, el general Pinochet se jugó su última apuesta con una moneda de las que "con sello gano yo y con cara pierdes tú". --
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