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| 1/8/2011 12:00:00 AM

La paradoja de Chávez

Los poderes ilimitados con los que el chavismo arremetió al final del año pasado contra sus adversarios reflejan más debilidad que fortaleza.

La oposición venezolana regresó el miércoles al Parlamento después de cinco años de ausencia. Pero en la República Bolivariana, la sesión inaugural de la nueva Asamblea Nacional, que debería haber sido un síntoma de normalización de la vida política, se convirtió en un nuevo round entre los simpatizantes del gobierno de Hugo Chávez, que tienen 98 escaños, y sus adversarios, que suman 67. Mientras los diputados oficialistas gritaban palabras ofensivas cada vez que tomaba la palabra un opositor -hasta "asesinos" les decían-, estos, ni cortos ni perezosos, mostraban letreros con un escueto "52%", el porcentaje de votos que sacaron en los comicios de septiembre, para recordar que a pesar de ser minoría por cuenta de una arbitraria reingeniería de los circuitos electorales, el chavismo representa a menos de la mitad de los venezolanos. Unas horas después, Chávez aseguró que los diputados oficialistas "triturarán" a los opositores.

La Asamblea se posesiona en medio de síntomas de deterioro. Venezuela terminó 2010 como el único país de Suramérica en recesión, por segundo año consecutivo, y con una inflación de 27,2 por ciento, la más alta de la región. Los analistas señalan que unificar el precio del dólar, como hizo el gobierno hace unos días al eliminar la tasa de cambio preferencial, va a encarecer aún más los precios. A eso se suma la crisis de los embajadores con Estados Unidos, pues el representante estadounidense Larry Palmer fue rechazado por Caracas, lo que motivó a Washington a revocar el visado del embajador venezolano Bernardo Álvarez.

Pero además todo ocurre después de la embestida de fin de año que llevó a muchos a afirmar que el Presidente había comenzado a andar, ahora sí, el camino de la dictadura. El 'paquetazo' de medidas que aprobó a las carreras la vieja Asamblea Nacional a días de extinguir su mandato les quitó margen de maniobra a los diputados opositores y, entre otras, le otorgó a Chávez una Ley Habilitante que le permitirá gobernar por decreto prácticamente hasta la víspera de las elecciones presidenciales de 2012. El Presidente solo vetó la ley que afectaba la educación superior ante la resistencia de estudiantes y docentes. "La fuerza de la opinión pública pudo frenar su intento de convertir las universidades en un cuartel", dijo a SEMANA el constitucionalista y ex magistrado Román Duque Corredor. Sin embargo, el resto del llamado "paquete cubano" sigue en pie.

El Presidente está acostumbrado a tener varios frentes abiertos, se crece en la confrontación y ha capoteado muchas tempestades. Chávez proyecta la imagen de un presidente todopoderoso que hace lo que se le da la gana. Pero sus salidas más recientes pueden ser, paradójicamente, síntomas de debilidad.

En Venezuela se vota a favor o en contra de Chávez, que ha convertido todas las elecciones en un plebiscito sobre su figura y su proyecto. Esa estrategia, otrora exitosa, ha hecho aguas. Desde que la oposición se desmarcó de las estrategias abstencionistas (como en 2005) o de las tentaciones golpistas (como la intentona de 2002) e inició una estrategia democrática, ha ganado mucho terreno. Chávez perdió su 'invicto' en el referendo de 2007, y una mirada a los últimos comicios refleja una tendencia preocupante para el gobierno: en las regionales de 2008, la oposición sacó 4,5 millones de votos; en la enmienda constitucional de 2009 (que perdió), 5 millones, y en las legislativas de septiembre, 5,3 millones, a los que se suman más de 300.000 de la disidencia chavista.

Teodoro Petkoff, la voz más lúcida de la oposición, escribió que Chávez "sabe que limpiamente no podría ganar en 2012 y de allí que esté tomando todas las medidas para crear un ambiente políticamente asfixiante, dirigido a desmoralizar y desmovilizar a esa mayoría a la cual ya sabe contraria a sus designios".

La oposición ha avanzado, pero falta mucho por andar. Además de los atropellos, Chávez ha demostrado que es un gran candidato, mejor candidato que gobernante. Y muchos advierten que su comportamiento puede ser mucho más preocupante, precisamente, cuando está a la defensiva.
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