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| 3/28/1988 12:00:00 AM

LA PAREJA DISPAREJA

Con problemas a sus espaldas, Shultz y Shevardnadze, avanzan en las conversaciones sobre desarme

Dos viejos amigos no se habrían despedido de manera tan efusiva. Por eso, la semana pasada no faltaron los comentarios irónicos cuando el secretario de Estado norteamericano, George Shultz, y el ministro de Relaciones Exteriores soviético, Edward Shevardnadze, se separaron con un hasta pronto en el aeropuerto de Moscú. Los dos personajes que hace sólo unos meses se la pasaban echándose "puyas", parecen estar hoy en día en plena luna de miel.
La explicación de tan idílica relación está en la anunciada visita de Ronald Reagan a la capital soviética a mediados de este año. A pocos meses de dejarle la Casa Blanca a otro inquilino, el Presidente norteamericano está pensando ya en su lugar en la historia y sabe que buena parte de su calificación dependerá de las relaciones con el Kremlin.
Por lo tanto, y como regalo de despedida, Reagan está buscando llegar a un arreglo con la URSS sobre el tema del recorte del 50% del arsenal nuclear de cada superpotencia. Aunque todavía quedarían en el planeta bombas suficientes para destruírlo varias veces (mas de 5 mil cabezas nucleares por bando), aún los más escépticos reconocen que un tratado en ese sentido sería el primer gran paso dado hacia la -por ahora- utópica idea del desarme nuclear.
Frente a ese reto, Moscú y Washington han comenzado a dar los pasos debidos. Tal como dijera Shevardnadze la semana pasada: "nosotros estamos sobre el mismo andén. Quizás en dos extremos diferentes, pero sobre el mismo andén".
Ya con ese reconocimiento mutuo la reunión entre los dos diplomáticos se concentró en despejar los obstáculos prácticos más urgentes. Al cabo de tres largas entrevistas y un encuentro con el premier soviético, Mikhail Gorbachov, ambos funcionarios le enviaron a sus respectivos negociadores en Ginebra, Suiza, sendos mensajes para que se le dé la prioridad máxima al logro de un acuerdo. En particular se desea que para el próximo 22 de marzo, fecha en la cual Shevardnadze irá a Washington, ambos bandos tengan un borrador conjunto sobre tres puntos claves: los procedimientos de verificación del desarme, la conversión y disminución de las armas estratégicas y el anexo técnico que cuantificará y calificará las armas involucradas en un eventual tratado.
Detrás de esos tres aspectos está el éxito eventual de la próxima cumbre. El objetivo es bastante ambicioso y son muchos los observadores que dudan que algo de tanta magnitud pueda arreglarse en tan poco tiempo. Adicionalmente, las condiciones políticas en los Estados Unidos no son, en época de elecciones, las más favorables.
Lo que si no está en discusión, en cambio, es el viaje de Reagan. A pesar de su legendario anticomunismo, el actual jefe de la Casa Blanca está decidido a llevarse para su rancho de California, una foto suya enfrente de las paredes del Kremlin.
Todos esos preparativos de viaje no implican, claro está, que todas las aristas han sido limadas. La cita de Moscú dejó en claro que buena parte de los desacuerdos de siempre continuan. Shultz volvió a elevar su queja sobre el tema de los derechos humanos y sobre los detalles precisos de la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán. Shevardnadze contestó trayendo a colación el tema de las minorías discriminadas en Estados Unidos. Shultz entonces señaló al general Colin Powell, asesor de Seguridad Nacional y quien es de raza negra como un ejemplo de la igualdad de oportunidad en el país del norte.
Esas diferencias de siempre no empañaron sin embargo, el desarrollo de las conversaciones centrales y el buen ánimo entre las dos delegaciones. De allí las sonrisas y el tono optimista del comunicado conjunto, entregado a la prensa.
Irónicamente la visita a Moscú fue probablemente la última vez que la delegación norteamericana pudo sonreír con toda la calma del caso,la semana pasada. Después de una escala en Bruselas donde el Secretario de Estado habló con la gente de la OTAN sobre el tema del desarme Shultz se encaminó al Medio Oriente para ofrecerse de mediador en el conflicto entre israelíes y palestinos. Como prácticamente todo el mundo se lo esperaba, el éxito del enviado de la Casa Blanca fue escaso. El primer ministro israelí Yitzakh Shamir rechazó la idea de una conferencia internacional sobre el tema.
Como si ese descalabro fuera poco Shultz se vio afectado sin quererlo por el clima de indignación internacional producido por una filmación hecha por la cadena de televisión norteamericana CBS, en la que se observa a un grupo de soldados judíos en el proceso de quebrarle los huesos a sangre fría a un par de palestinos. El episodio le generó fuertes críticas al Ejército israelí y aunque este se apresuró a castigar a los culpables, el daño de imagen ya estaba hecho. Cogido entre dos fuegos, Shultz fue criticado por la línea dura judía y por la comunidad palestina que le considera aliado incondicional de Israel.
Ese tropezón de Washington fue compartido por Moscú, pero en otro sitio. A lo largo de la semana pasada cientos de miles de personas en la república soviética de Armenia se lanzaron a las calles de las principales poblaciones para protestar por lo que ellas consideran, un trazado arbitrario de sus fronteras. El centro de las protestas fue Ereván (sitio conocido por los colombianos porque allí jugó la selección nacional de fútbol que asistió al mundial juvenil hace unos años) donde unas 200 mil personas desafiaron a la policía y al propio Ejército Rojo. Las manifestaciones en Armenia continuaron con la tónica impuesta hace un par de semanas en las republicas soviéticas de Lituania, Estonia y Letonia (en el mar báltico a miles de kilómetros de Ereván) donde también miles de ciudadanos salieron a las calles, retando a las autoridades.
Los problemas de orden interno en la URSS acabaron siendo vistos con preocupación por los partidarios del desarme. Para algunos analistas, las revueltas civiles le pueden traer problemas a Gorbachov con la vieja guardia que se niega a aceptar las reformas propuestas por este y que puede exhibir los disturbios como prueba de la "perniciosa" influencia de la Perestroika y el Glasnost dentro de la vida soviética. Si la tensión interna continúa es indudable que el Kremlin deberá prestarle más atención a sus ciudadanos que al desarme.
Todas esas especulaciones no fueron suficientes, sin embargo, para disminuírle el entusiasmo a aquellos que esperan que el tratado de reducción de armas estratégicas se haga realidad a mediados de este año en Moscú. A pesar de los problemas norteamericanos con la OTAN y con Israel y de los líos del Kremlin en algunas de las repúblicas soviéticas, los optimistas aseguran que eso no le impedirá a Reagan y Gorbachov sentarse a conversar y eventualmente acabar de un plumazo con la mitad del arsenal nuclear del planeta.
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