Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1996/02/19 00:00

LA PASTORCITA MENTIROSA

Los problemas de los Clinton nacen más de la forma confusa como han manejado la investigaciones que de lo maloque pudieron haber hecho.

LA PASTORCITA MENTIROSA

EN LAS ULTIMAS SEMANAS los inquilinos de la Casa Blanca han estado de bomberos, tratando de apagar tres fuegos al mismo tiempo. Uno, el que quiere chamuscar a Bill, se refiere a su vieja fama de mujeriego. Los otros dos afectan a la primera dama, Hillary Rodham, y proyectan sobre ella una imagen de mujer fría e inescrupulosa que contrarresta peligrosamente los logros de su otra personalidad, la de defensora de los derechos de los desposeídos y las minorías. Lo más curioso es que ninguno de los conatos de incendio es nuevo. Se trata en realidad de los rescoldos del pasado, que subsisten reavivados por la defensa de los Clinton, llena de dudas, ambiguedades y contradicciones que abonan el campo ideal de la sospecha.
El tema sexual de Bill Clinton se refiere a una acusación de Paula Jones, según la cual en 1991 el entonces gobernador de Arkansas le hizo proposiciones indecorosas y al verse rechazado le negó promociones a las que tenía derecho como empleada de la gobernación. El tema revivió cuando una corte de apelaciones de St. Louis, Missouri, echo para atrás una decisión de un juzgado inferior que exoneraba al presidente de ser juzgado mientras estuviera en funciones. La filosofía que se cayó se basaba en proteger al presidente de demandas civiles para evitar que perdiera tiempo y energía en defenderse. Prevaleció en cambio la tesis de que en este caso la conducta punible tuvo lugar antes de ser elegido y que naie está por encima de la ley, ni siquiera el presidente de Estados Unidos.
A pesar de todas las connotaciones sensacionalistas, el affaire Paula Jones no resulta tan negativo para la pareja presidencial-y las posibilidades de reelección de Bill Clinton-como los escándalos que afectan principalmente a Hillary. Cada uno tiene su nombre. Son el 'Travelgate' y el 'Whitewater.'
El 'Travelgate' consiste en que, cuando Clinton llegó al poder, siete empleados de la oficina de viajes de la Casa Blanca resultaron despedidos en masa y fueron reemplazados, precisamente, por un equipo de confianza proveniente de la ciudad de los Clinton, Little Rock, Arkansas. Hillary fue acusada de estar detrás del despido, y el gobierno tomó por el camino de negar la presencia de la señora en la decisión. Pues bien, hace dos semanas apareció un memorando de un funcionario principal escrito en 1993 según el cual la primera dama no sólo conocía el tema. "Habrá que pagar con el infierno, dice el documento, si fallamos en tomar rápida y decisiva acción en conformidad con los deseos de la primera dama". Ella se defiende con el argumento de que su preocupación por el manejo financiero de la oficina de viajes fue malinterpretado por los subalternos. Pero la contradicción hace que, aunque el 'Travelgate, es relativamente menos grave, socave un aspecto fundamental de la defensa en el 'Whitewater': la credibilidad de Hillary.
Porque lo cierto es que los Clinton llevan ya tres años de evasivas sobre el grado de su asociación con James McDougal, dueño de una entidad de ahorro y crédito llamada Madison Guaranty que quebró, entre otras cosas, por un fallido proyecto inmobiliario en Little Rock llamado 'Whitewater, en el que la pareja presidencial fue socia. Los 60 millones de dólares que costó esa quiebra al contribuyente estadounidense son el corazón del escándalo.
Lo que trae a cuento el tema es, de nuevo, el 'descubrimiento' de viejos archivos que contradicen la defensa oficial de que ni Bill, ni sobre todo Hillary, tuvieron mucho que ver en el manejo del negocio y fueron más bien sus victimas. Porque la semana pasada aparecieron los archivos largamente perdidos de las cuentas de la firma legal de Hillary, Rose Law Firm, que demuestran que ella cobró más de 50 horas de trabajo para Madison Guaranty en un negocio llamado Castle Grande, que fue clave para la quiebra.
El hecho mismo de que haya dedicado horas de trabajo a esa firma (aunque sean 'pocas' para un periodo de seis meses) no demuestra tampoco por si mismo que Hillary tuvo algo que ver con el manejo de la quiebra, y nada parece contradecir su argumento de que ellos no ganaron un centavo en todo el asunto. Pero el problema, de nuevo, es que los Clinton no han sido suficientemente transparentes. El contraataque de Hillary, que la semana pasada estaba de gira nacional para promocionar su libro sobre los niños desposeídos, trataria de contrarrestar la caida a menos del 50 por ciento en su aceptación según una encuesta de CNN USA Today.
Un observador desprevenido podria decir que las irregularidades y los pecados de los Clinton parecen un juego de niños frente a los que se atribuyen a otros mandatarios, y que su mayor falla ha sido tratar de embrollar las investigaciones aun cuando no hay evidencia de delito alguno. Lo que queda demostrado es que, a diferencia de otros paises, en Estados Unidos es tanto o más grave para el presidente tratar de encubrir o minimizar ante los investigadores un hecho, que el hecho mismo.

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