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| 8/25/1997 12:00:00 AM

LA PAZ, VUELVE Y JUEGA

El primer ministro Tony Blair apuesta por la paz en Irlanda del Norte y logra un nuevo cese al fuego del IRA.

Desde antes de asumir la jefatura del gobierno británico el primer ministro conservador Tony Blair había asegurado que el reto de la paz en Irlanda del Norte sería una de las prioridades máximas de su administración. Y efectivamente, el joven Blair se dispuso a cumplir su promesa desde que se instaló en el 10 de Downing Street, respaldado por el enorme capital político que adquirió cuando literalmente sacó a empellones del poder al laborista John Major.El tema de Irlanda del Norte exige de los gobernantes británicos una cualidad que a Blair le sobra: el equilibrismo político. Mientras Irlanda, de mayoría católica, obtuvo su independencia en 1922, los condados que forman hoy Irlanda del Norte, de mayoría protestante, votaron por permanecer en el Reino Unido de la Gran Bretaña. Desde entonces la minoría católica de la parte Norte lucha por la anexión de ese territorio a la República de Irlanda, y por ello reciben el nombre genérico de republicanos. Sus adversarios protestantes, por el contrario, quieren mantener la unión con Gran Bretaña, y por eso se les llama unionistas.Blair comenzó su camino hacia la paz muy a su estilo cuando en mayo 16, en Belfast, anunció la reanudación de contactos con el Sinn Fein, partido político de los republicanos, mientras declaraba, en el mismo discurso, que no esperaba ver en su tiempo de vida que Irlanda del Norte se separara del Reino Unido.El problema es que el Sinn Fein es el brazo político del IRA (Irish Republican Army). Los protestantes, encabezados por David Trimble, pusieron el grito en el cielo porque, según ellos, era imposible sentarse a dialogar con el Sinn Fein sin que el Ira dejara las armas. Muchos recordaron entonces que el capítulo anterior de este drama, presentado dos años atrás, había fracasado cuando el entonces premier John Major condicionó las conversaciones al desarme del IRA.Blair, en cambio, condicionó la aceptación del Sinn Fein en la mesa a un cese al fuego del Ira por lo menos durante seis semanas e impuso un plazo máximo para obtener éxito en los diálogos hasta marzo del año entrante. Y, por fin, el domingo 20 de julio, el Ira anunció su declaratoria de cese al fuego luego de que el líder de Sinn Feinn, Gerry Adams, se lo pidiera oficialmente el viernes. Blair había conseguido un primer paso fundamental. El mismo domingo la paz pareció florecer en Belfast, una ciudad dividida virtualmente en dos sectores antagónicos. Cientos de ciudadanos, tanto católicos como protestantes, salieron a pasear por el parque de Sir Thomas and Lady Dixon entre miles de flores. Un conjunto de cámara, integrado por tres católicos y un protestante, tocaba en un quiosco. Los niños se acercaron a los soldados británicos y jugaron con sus armas. Todos parecían querer dejar atrás los más de 3.000 muertos que ha producido la confrontación en esa dolorida ciudad.Pero aun en medio de ese esperanzado optimismo no faltó quien recordara que la última vez, en 1994, el cese al fuego sólo duró 17 meses y no condujo a nada. De hecho, el miércoles pasado los protestantes se declaraban traicionados por Blair y daban por muerto el proceso iniciado por éste. A pesar de ello, según el gobierno, el camino hacia la paz es irreversible. Y eso es, con toda seguridad, lo que quieren los niños de Belfast.
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