Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2003/05/26 00:00

La pesadilla continúa

Los ataques atribuidos a Al Qaeda demuestran que la 'victoria contra el terrorismo' en Irak es un espejismo.

La pesadilla continúa

Al contrario de lo que prometio el presidente estadounidense, George W. Bush, al arrancar su campaña contra el régimen de Saddam Hussein, Estados Unidos y el mundo no están más seguros hoy. La guerra se justificó diciendo que los supuestos vínculos de Hussein con terroristas y su posesión de armas de destrucción masiva lo convertían en el segundo blanco de la cruzada antiterrorista iniciada en respuesta al 11 de septiembre. No obstante, ya depuesto el régimen, los vínculos terroristas no pudieron probarse y las armas no aparecieron. En cambio el terrorismo internacional siguió haciendo de las suyas. Al cierre de esta edición el Pentágono había declarado la máxima alerta terrorista. En sitios estratégicos de Washington se habían instalado varios vehículos Hummer, equipados con misiles Stinger termoguiados para impedir atentados aéreos y en varias ciudades las máscaras antigases volvían a desaparecer de las estanterías.

La nueva ola de terror llegó después de los atentados en Arabia Saudita, Chechenia y Marruecos y la difusión por la cadena Al Jazira de un inquietante mensaje de Al Qaeda. En la cinta el segundo de Osama Ben Laden, Ayman al-Zawahiri, de quien se dijo que había muerto en Afganistán, llamó a los musulmanes a realizar más atentados en tierra islámica contra Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia y Noruega. "No permitan que los asesinos de sus hermanos irakíes vivan en sus países, se beneficien de sus riquezas y siembren el desorden", dijo.

El llamado a vengar las muertes de la guerra en Irak confirma los peores temores que surgieron tras la invasión norteamericana a ese país. Muchos analistas sostuvieron entonces que, lejos de aplacarlo, la invasión al país árabe aumentaría el sentimiento antiestadounidense y desencadenaría más violencia en el mundo. "La política de Bush polarizó al mundo en términos de nosotros y ellos, lo que significó que ellos ahora tienen más reclutas y más razones para odiarnos", dijo a SEMANA Beau Grosscup, autor de Las nuevas explosiones de terrorismo.

En efecto, la escalada de bombas parece haber confirmado que la guerra en Irak fortaleció a los terroristas relacionados con Al Qaeda. Ello habría ocurrido por varias razones: primero, porque los musulmanes entendieron la guerra no como una ofensiva contra el terrorismo sino como una ofensa al mundo islámico En segunda medida, porque Estados Unidos centró sus mejores esfuerzos militares en un país que, si bien tenía una de las mayores riquezas petroleras del mundo, poco tenía que ver con la amenaza que desencadenó el 11 de septiembre.

Eso permitió que Al Qaeda, que se vio muy golpeada con la destrucción de sus campos de entrenamiento en Afganistán, pudiera replegarse y adaptarse a operar en forma más descentralizada de operar. Los integrantes de las células retornaron a su lugar de origen, donde están mejor incrustados y se volvieron más autónomos del liderazgo central, por lo que las capturas de cabecillas no afectan al cuerpo como un todo.

En tercer lugar, la ocupación permanente aumentó los objetivos. Ahora hay más tropas, empresas y gobiernos aliados de Washington para escoger. Y, por último, la decisión de atacar Irak dividió a los aliados de Estados Unidos y hoy es mucho más difícil para ese país lograr la unión de la comunidad internacional para luchar contra el terrorismo.

La oleada de atentados de la última semana puso en entredicho la imagen que quiso vender Bush el primero de mayo, cuando llegó al portaaviones Abraham Lincoln a bordo de un avión caza, vestido como todo un piloto de combate. Ese día Bush declaró en tono triunfal el fin de la guerra en Irak. En ese discurso, criticado por los demócratas por su evidente propósito electoral, aclaró que "la guerra contra el terror no ha terminado aún pero no será eterna. No conocemos el día de la victoria final pero ya vimos el cambio de la marea a nuestro favor".

Sólo unos días después la gira del secretario de Estado, Colin Powell, por la región, fue tachonada de atentados. Riad, la capital de Arabia Saudita, fue escenario de cuatro ataques suicidas sincronizados, que dejaron un saldo de 34 muertos y 200 heridos, unas horas antes de que Powell aterrizara en el país. En su siguiente escala en Rusia, Powell no sería mejor recibido. Dos atentados suicidas en la provincia separatista islámica de Chechenia, que en total dejaron 70 muertos y cientos de heridos, se produjeron a su paso por el país. Por último, antes de que Powell regresara de su gira, cinco ataques suicidas en Casablanca, Marruecos, se llevaron la vida de 41 inocentes.

Al cierre de esta edición las autoridades saudíes, que aún no se reponían de los atentados, anunciaron el arresto de tres sospechosos de planear en el país un ataque aéreo similar al del 11 de septiembre. Por miedo a nuevos hechos las embajadas de cuatro países, incluidos Estados Unidos y Gran Bretaña, cerraron sus misiones en Riad y pidieron a sus nacionales que retornaran a su patria. Por razones semejantes todos los vuelos de British Airways a Kenya quedaron cancelados por nuevas amenazas terroristas.

Según Andrew Garfield, director del Centro internacional de análisis de seguridad, Bush se equivocó al justificar su ataque a Irak como una batalla contra el terrorismo. La razón es que, de continuar los atentados, los estadounidenses podrían concluir lo que tantos analistas vienen diciendo: que no es posible enfrentar la amenaza terrorista con una campaña militar convencional.

El tema es muy sensible debido a que Bush sigue teniendo un alto nivel de aceptación. Pero a medida que avanza la campaña presidencial para 2004 los precandidatos demócratas han comenzado a criticar el manejo de Bush a su "guerra contra el terrorismo". La semana pasada, en un foro sobre desempleo, se quejaron de que Ben Laden nunca hubiera sido encontrado y de que Bush hubiera descuidado la presión contra Al Qaeda en Afganistán y Pakistán para iniciar la campaña en Irak. "No encontramos a Ben Laden. No sabemos si Saddam Hussein está vivo o muerto. Y no podemos encontrar las armas de destrucción masiva", dijo Bob Graham, de Florida.

Entre tanto la amenaza vuelve a intensificarse y los países mencionados por Al Qaeda se preparan para confrontarlas. Nada indica que, como dice Bush, el terrorismo esté herido de muerte. La guerra contra Irak, con todo y el derrocamiento de un tirano execrable como Hussein, podría haber sido un error. Al cierre de esta edición crecía el temor de que un golpe en Estados Unidos, así fuera mucho menor que el del 11 de septiembre, convirtiera la "victoria" en Irak en un espejismo.

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