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| 1/12/2008 12:00:00 AM

La pieza clave

Aunque estaba ausente de su agenda, Irán fue el protagonista de la gira de George W. Bush por la región.

Irán se ha convertido en una obsesión para el presidente estadounidense, George W. Bush. Tanto, que antes de partir rumbo a Oriente Medio en una histórica visita no habló de Irak ni del Líbano y apenas abordó por encima el conflicto entre Israel y Palestina; sus palabras tuvieron como objetivo directo la República Islámica. "Parte de la razón por la que voy a Oriente Medio es para dejar claro a las Naciones de esta parte del mundo que nosotros seguimos viendo a Irán como una amenaza y que el informe de los organismos de inteligencia de ninguna manera disminuye la amenaza. De hecho, la clarifica", dijo a un periódico israelí. Y siguió repitiéndolo una y otra vez durante el viaje, que comenzó el miércoles pasado en Israel y Palestina y continuará en Kuwait, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Egipto.

Teherán, que no deja ninguna declaración estadounidense en el aire, respondió a través de un portavoz: "Deje de intervenir en las buenas relaciones de la región y regrese a casa. Aquí no va a lograr nada". Y es que el viaje de Bush, el primero de largo alcance que hace por la zona desde cuando asumió el poder hace siete años, se ha caracterizado por su enfrentamiento con Teherán. Sobre todo después de que, según versiones estadounidenses, el domingo 5 de enero, cinco lanchas rápidas iraníes hostigaron varios buques de la Armada de ese país en el estrecho de Ormuz, un paso estratégico para el comercio mundial de petróleo.

Washington asegura que esta fue una maniobra de Teherán para "provocarlos" antes de la llegada del texano a la región. Pero los iraníes dicen lo contrario: que el 'Gran Satán' convirtió un procedimiento rutinario en un evento de trascendencia internacional para reforzar su mensaje de que el país de los ayatolás representa una amenaza.

"Un ataque de Irán contra cualquier país es un mito creado por los medios occidentales para el fácil público occidental y así poder cobrar más impuestos que les permitan sostener la industria de defensa. Irán sólo atacaría en defensa propia", decía el jueves el editorial de periódico Kayhan, tal vez el medio más conservador de Irán. "Es una situación peligrosa y no tienen por qué haberlo hecho. Puro y simple", replicó Bush. El caso es que el incidente se convirtió en un cruce de declaraciones que llegó a incluir videos en los que cada gobierno mostraba su versión de los hechos al más puro estilo de un montaje de Hollywood. Este, sin duda, será el hecho que marcará la visita de Bush.

La piedra en el zapato

A Bush parece que los asuntos con Irán siempre se le enredan más de la cuenta. El 4 de diciembre los organismos de inteligencia estadounidenses, al publicar un informe en el que niegan que Teherán sea una amenaza nuclear, se encargaron de tirar a la basura su proyecto de presionar a Teherán con acciones más severas. "En la medida en que su programa atómico no sea con fines armamentísticos, ¿Por qué debemos presionar a Irán? ¿Por qué debemos aislar a Irán ahora?" se preguntó la semana pasada en una entrevista el secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa.

Pero esto no es todo. Seis años después de haber incluido a Irán en el famoso 'Eje del Mal' junto a Corea del Norte e Irak, ahora, por cuenta de su propia invasión, se rompió la presión que ejercía el vecino gobierno iraquí de Saddam Hussein para contener el poder chiita de Irán, y este monstruo creció hasta convertirse en uno de los principales protagonistas de Oriente Medio. El país de los ayatolas pasó a convertirse en la ficha más importante en la región. No sólo tiene gran influencia sobre el nuevo Irak, sino también en Palestina y el Líbano, a través de los movimientos Hamas y Hizbolá, respectivamente. Y esto lo saben los países de la zona. Sobre todo Egipto y Arabia Saudita, que a pesar de que se sienten incómodos con el ascenso de Teherán, han preferido acercársele para buscar la estabilidad en Oriente Medio.

Este proceder es algo nuevo en una región donde el choque entre los sunitas, encabezados por Arabia Saudita, y los chiitas se recrudeció desde la Revolución Islámica Iraní en 1979. Las relaciones han mejorado tanto en los últimos meses, que el presidente iraní, Mahmmoud Ajmadineyad, fue invitado en diciembre al Consejo de seguridad del Golfo Pérsico y días más tarde, en un hecho inédito, fue convidado por el Rey Abdulah de Arabia Saudita a participar de la peregrinación a la Meca, el Hajj.

Aunque Arabia Saudita sigue siendo uno de los principales aliados estadounidenses, en los últimos meses ha asumido una posición crítica hacia el gobierno de Bush. Por un lado está la guerra de Irak, que ha traído el recrudecimiento del terrorismo en el reino saudí, y por otro, la indiferencia que tuvo su gobierno hacía el conflicto entre Israel y Palestina durante casi todo su período. Hasta hace sólo dos meses la Casa Blanca prendió motores respecto a este tema y lanzó la conferencia de Annapolis, pero son pocos los que tienen esperanzas de que un acuerdo de paz definitivo salga de este nuevo intento.

En la visita que hizo a los territorios palestinos, la segunda de un presidente estadounidense, Bush dijo que estaba seguro de que durante su gobierno, que se acerca a su ocaso, se firmaría la paz. "La Casa Blanca habla de que para el final de 2008 hay que crear dos países. Pero sólo (el presidente palestino) Mahmoud Abbas apoya este plan. Ni Estados Unidos ni Israel han aceptado ninguna de las propuestas árabes. Bush no acepta, entre otras cosas, ni el retorno de los refugiados ni el regreso a la fronteras a donde estaban en 1967", advierte un editorial del diario iraní Hamshahri, uno de los mas importantes. La mayoría de los medios en Oriente Medio se muestran escépticos.

"Si vemos las políticas de Estados Unidos en la región, encontramos que ninguna de ellas ha sido exitosa y no lo será en el futuro", dijo el portavoz del Ministerio de Exteriores iraníes, Mohammad Ali Hosseine. "Lo que se hace en el nombre de la paz es sólo una fachada para salvaguardar los intereses sionistas del régimen", añadió.

Pero no todos parecen igual de escépticos. "Creo que lo positivo de estos encuentros de Bush con los gobernantes de la región es que todos van a coincidir en explicarle que quieren la estabilidad de Oriente Medio, y que sólo lo lograrán si Irán está de su lado. Al fin y al cabo, tienen muchos intereses en común. Y en ese punto creo que Estados Unidos ya está de acuerdo hace mucho tiempo", explica un analista político iraní que pide que no se publique su nombre. Y esto puede ser cierto. De otra manera nadie se explica que países como Egipto, que llevaba más de 28 años sin relaciones con Irán y que es un aliado incondicional de los norteamericanos, se haya acercado últimamente. Muchos dicen que lo hace con el visto bueno de Washington.

Al final, en este juego las palabras van por un lado y las acciones por otro. Y sus reglas hacen parte de la famosa estrategia del garrote y la zanahoria. Lo claro es que sin poner un pie en Teherán, Irán se convirtió en el gran protagonista de la primera y única gran gira que hizo el presidente Bush por la zona del mundo más afectada por su gobierno.
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