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| 11/30/2003 12:00:00 AM

La playa maldita

El comentario de Hugo Chávez sobre la salida al mar de Bolivia pone a los chilenos a repensar su política exterior hacia Latinoamérica.

Hugo Chávez se está convirtiendo en el provocador profesional de la escena política latinoamericana. Su objetivo más reciente fue el presidente chileno, Ricardo Lagos, jefe de un gobierno con el que tiene una marcada antipatía bien correspondida. Los dos países viven una crisis diplomática muy aguda desde que el ex coronel, en un acto celebrado en la población boliviana de Santa Cruz de la Sierra, comentó sobre el derecho de Bolivia a tener una salida al mar.

Chávez usó su tono más sarcástico cuando dijo que "Bolivia tuvo mar, y yo sueño bañarme algún día en una playa boliviana". Una frase que en otras circunstancias hubiera sido considerada otra de las salidas en falso del venezolano, pero que cayó como una bomba en la cancillería de Chile, país con el que Bolivia perdió su costa tras una guerra en 1884. Porque el primer mandatario venezolano escogió precisamente un momento en el que Chile está en el ojo del huracán en Bolivia. Al fin y al cabo el presidente Gonzalo Sánchez de Losada perdió el poder por haber planteado que el gasoducto para la exportación de gas boliviano saldría por territorio chileno. Durante la crisis ciudadanos chilenos fueron hostigados, las fronteras entre ambos países se paralizaron y el comercio quedó detenido. Además, otro factor que alteró al mandatario chileno fue el lugar elegido por Chávez para emitir sus dichos, pues la crisis de gobernabilidad liderada por el dirigente indígena Evo Morales, enarboló las consignas antinorteamericanas y antichilenas por la exportación de gas.

El gobierno chileno mandó a llamar a su embajador en Caracas, Francisco Vio, para consultas. La ministra de Relaciones Exteriores chilena, Soledad Alvear, salió a explicar que esperaban las disculpas de Chávez y que se llamaba al embajador por tiempo indefinido, lo que en lenguaje diplomático significa que el gobierno estaba dispuesto a romper relaciones diplomáticas.

Pero no hubo disculpas, Chávez respondió con la misma medida, llamó a Caracas a su embajador en Chile, Víctor Delgado, para conocer de primera mano sus opiniones. "Hemos llamado a nuestro embajador Víctor Delgado para establecer consultas sobre esta situación", dijo el ministro de Relaciones Exteriores, Roy Chaderton.

Si bien algunos personeros del gobierno chileno explicaron que no había que tomar muy en serio la locuacidad de Chávez y que buscaba apoyo internacional de la misma forma que lo hacía en su país, apelando al populismo, su estudiada actitud parece tener un fuerte sabor a retaliación. Como recuerdan los analistas, el gobierno de Lagos reconoció rápidamente al golpista Pedro Carmona tras la intentona del 11 de abril de 2002. En respuesta el gobierno chileno consideró perfecta la oportunidad para contestar agresivamente la intervención de Chávez, pues le ofreció en bandeja la posibilidad de caracterizarlo como un mandatario pendenciero.

Pero más allá de eso, las palabras de Chávez sacaron a relucir las diferencias que hay en Chile por el privilegio de relaciones internacionales. Mientras los sectores empresariales se sienten cómodos con una política internacional centrada en los acuerdos económicos, en sectores más académicos y más alejados del gobierno se critica el abandono del gobierno socialista de Ricardo Lagos de las relaciones con el entorno latinoamericano.

El abogado y analista internacional Ricardo Israel, dijo a SEMANA que el gobierno chileno ha cometido un error. "Chile no tiene política exterior para Latinoamérica, sólo tiene relaciones comerciales y privilegia ese tipo de política exterior. Este tipo de relaciones consigue que le suceda lo mismo que le sucedía a Argentina hace años atrás: cuando tenía problemas, toda América Latina se alegraba. Sin embargo, si el gobierno de Chile rompe relaciones con Venezuela, sería muy mal visto en el nivel local, aumentando la distancia entre nuestros vecinos".

Por el contrario, el diputado del Partido por la Democracia, Jorge Tarud, piensa que "es una provocación inaceptable y creo que aquí las relaciones con Chávez están congeladas y sólo se limitan a tener en Caracas un encargado de negocios".

Sea como fuere Chávez no ha dado muestra de entender que las relaciones internacionales van más allá de su gobierno, y la semana pasada en la ceremonia de inauguración de la V Asamblea General de la Confederación Parlamentaria de las Américas, volvió a referirse a sus deseos de bañarse en playas bolivianas.

Todo ello conduce a preguntarse hasta dónde estará dispuesto Chávez a hostigar al gobierno de Lagos, a quien identifica con todo lo que su régimen rechaza, al menos de dientes para afuera: la integración bajo el Alca, la globalización de la economía, el contacto estrecho con Estados Unidos. Como parece haber una estrategia de fondo, todavía podría faltar mucho por verse.
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