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| 9/27/2014 10:00:00 PM

La puja por la presidencia de Brasil

En un final vibrante, Dilma Roussef y Marina Silva se disputan voto a voto las elecciones más emocionantes de los últimos años en Brasil.

La elección del próximo domingo en Brasil será una prueba de fuego para los gobiernos populistas y de centro izquierda de América Latina, pues se decidirá la continuidad o el cambio de Dilma Rousseff, tras 12 años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT). Si bien la presidenta lidera por estrecho margen las encuestas, lo más probable es que haya una segunda vuelta, el 26 de octubre, con Marina Silva, del Partido Socialista Brasileño (PSB).

En las últimas semanas, Dilma recuperó el liderazgo, tras el vendaval que significó la aparición de Marina, que reemplazó a Eduardo Campos, el candidato del PSB fallecido en un accidente aéreo en agosto, y desplazó al tercer lugar a Aecio Neves, del Partido Socialdemocrático Brasileño (PSDB). Pero en una segunda vuelta, el juego de las alianzas le podría arrebatar el triunfo a la presidenta.

Dilma y Marina conciben modelos muy distintos de país. Estas son algunas de sus propuestas. 

Política Internacional

Dilma continuaría los procesos de integración regional, como el Unasur y el Mercosur, el acuerdo comercial con Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela, y le daría mucha importancia al Brics, el grupo de países compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

En cambio, como dijo a SEMANA el sociólogo Emir Sader, el triunfo de Marina sería “el más amplio avance de Estados Unidos en mucho tiempo, después de su aislamiento cada vez más grande en América Latina y en el sur del mundo”.  Y el expresidente Fernando Henrique Cardoso señaló en una entrevista con CNN que “la victoria de la oposición podría significar una ruptura en la política exterior de Brasil respecto de Sudamérica” y un alejamiento del modelo chavista. “Marina no tiene esa visión tan anticuada, está abierta en la cuestión externa”, dijo. 

“Un segundo gobierno de Dilma tendrá la característica de la continuidad, aunque será más enfático en cuestiones de integración con sus vecinos, especialmente con  Argentina, para que se respeten las reglas del Mercosur”, dice a SEMANA Guido Nejamkis, director de la agencia de noticias en español Brasil 247.  “Marina tiene una política más aperturista, de buscar la integración de Brasil con la Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia y México), o ignorar la cláusula del Mercosur que prohíbe realizar acuerdos de libre comercio de manera unilateral. Esto tendrá un carácter conflictivo con los vecinos”, agrega. Pero a pesar de las promesas de campaña, Nejamkis cree que, en cualquiera de los dos casos, “se va a imponer más continuidad que ruptura”.

Economía

Para Emir Sader, en estas elecciones está en juego “si el modelo de crecimiento económico con distribución de renta sigue adelante o será sustituido por modelos de ajuste fiscal, con retracción del Estado y mayor importancia del mercado”. De hecho,  Marina propuso dar autonomía al Banco Central y Dilma la acusó de crear un “cuarto poder”, de querer reducir el poder de los bancos públicos, y de promover un aumento de las tasas de interés, perjudicando a la población.

“Marina promete una apertura económica muy violenta, busca reducir el peso del Estado en la economía”, cree Nejamkis. “Las señales de Dilma son de continuidad, pero hay muchas críticas de la industria, que ha sido muy perjudicada por la caída de las exportaciones a Argentina y por la caída del mercado local.”, agrega el analista.

Una de las principales disputas ha sido la explotación de los yacimientos petrolíferos  de presal, ubicados en la plataforma continental y descubiertos en 2005, que pueden poner a Brasil en las grandes ligas de las reservas de petróleo y gas del mundo. Marina, como buena ecologista, critica esas grandes expectativas y considera que hay que explorar otras fuentes de energía como la solar y la eólica. 

El otro tema es la continuidad de los subsidios a los sectores más desfavorecidos. Entre 2001 y 2012, Brasil redujo la pobreza extrema del 14 por ciento al 3,5 por ciento según las Naciones Unidas. La desnutrición cayó de 19 por ciento a 5 por ciento, y millones de personas ingresaron a la clase media baja. Clave de esta reducción fue la Bolsa Familia, una ayuda mensual para las familias pobres. 

La semana pasada, Marina Silva lloró al negar las acusaciones oficialistas de que terminaría con la Bolsa Familia.  La hija de serengueiros –cosechadores de caucho-, nacida en Acre, uno de los estados más pobres de Brasil, contó cómo, cuando tenía 8 años, le había preguntado a sus padres por qué no comían, pues dejaban el escaso alimento para los ocho hermanos. Irónicamente, la mujer que conoció la cara del hambre, no puede obtener los votos de los más pobres, entre los cuales Dilma obtiene 46 por ciento de aprobación, contra 24 por ciento de Silva, según Ibope. 

Nueva política contra vieja política

El punto fuerte de Marina es su imagen de dirigente honesta que luchará contra la corrupción, aprovechando el cansancio con 12 años de gobierno del PT y el desprestigio provocado por escándalos como el del mensalao, que involucró a los más altos dirigentes del PT y del Congreso. 

En septiembre estalló el último escándalo en la petrolera estatal Petrobras, sobre el pago de sobornos millonarios a docenas de políticos por parte de constructoras que ganaron contratos con la empresa, entre ellos, los presidentes del Senado y la Cámara y el ministro de Minas y Energía y tres gobernadores. 
“Consideramos a la reforma política como ‘la reforma de las reformas’”, dijo la candidata opositora, esperando atraer a la clase media urbana que ha manifestado su enorme descontento en las manifestaciones de los últimos dos años contra el gobierno de Dilma y contra la realización del Mundial de Fútbol. 

El punto débil de Marina es su frágil base de apoyo parlamentaria, porque las bancadas mayoritarias del PMDB y el PT apoyan a Rousseff. La candidata ha prometido que gobernará con los mejores, independientemente de cuál sea su partido, pero eso no es suficiente para dirigir la séptima economía mundial y la mayor de América Latina.

Religión, familia y sociedad

Dilma es católica en el mayor país católico del mundo y Marina es evangélica en el país donde más han avanzando las iglesias evangélicas en las últimas décadas, con una importante bancada de representantes en el Congreso. “Marina tuvo un apoyo fuerte de la clase media alta urbana no religiosa, pero de pronto la empezaron a ver no solo como ambientalista, sino como una militante evangélica, lo cual le ha jugado en contra”, dice Nejamkis. La candidata retiró de su programa la propuesta de matrimonio igualitario, lo cual le dio pie a Dilma para presentarse como adalid en la lucha contra la homofobia, y favoreció una campaña contra Marina alegando que es una persona débil y sujeta a presiones. 

Final abierto

La aparición de Marina transformó una campaña electoral aburrida y previsible en una emocionante competencia, donde los contendientes apelan a todo para ganar. El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva salió a respaldar a Dilma con fuerza, e hizo llorar a Marina con sus críticas. Los poderosos empresarios de Sao Paulo, que respaldaban a Aécio Neves, ahora hacen fila detrás de Marina, que recibe apoyos poderosos, como el de Neca Setubal, heredera del Banco Itaú, el más grande de Brasil, que es la coordinadora de su plan de gobierno. 

La virulencia de la campaña ha hecho saltar chispas y lágrimas, con una Dilma que intenta demostrarse más humana y una Marina que intenta demostrarse más fuerte. En la segunda vuelta, cuando solo queden en el firmamento las dos mujeres, la campaña será más pareja. Marina recibirá los votos de Aécio Neves y Dilma deberá poner a funcionar toda la maquinaria petista para impedir que el huracán se la lleve puesta. 

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