Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2003/09/29 00:00

La RDA está 'in'

En una Alemania golpeada por el desempleo todo lo relacionado con el antiguo Este socialista está a la última moda . Es el fenómeno de la 'ostalgia'.

La vida en Alemania Democrática era muy dura, pero a los alemanes del Este les hace falta la calidez de las relaciones humanas de su infancia.

La empresa berlinesa Maxime Productions anunció la semana pasada que construirá un parque temático sobre la vida en la Alemania comunista. El complejo, de unos 10.000 metros cuadrados, estará cercado por un muro de concreto y tendrá réplicas de los guardias que cuidaban la frontera. Los restaurantes servirán la sencilla comida regulada, por las calles circularán Trabants y se proyectarán películas de los estudios Defa, más conocidos como 'El Hollywood detrás de la Cortina de Hierro'. Los empresarios que idearon el parque quieren aprovechar una ola cada vez más generalizada de nostalgia por la vida en la comunista República Democrática Alemana (RDA).

En efecto, la ostalgia, como se le llama a esa fascinación por el antiguo Este (os en alemán) se puede ver en todos los ámbitos de la vida diaria: la última moda entre la juventud son las os-parties, en las que los asistentes van vestidos con uniformizantes atuendos de la era comunista, a la entrada presentan unos 'pases de juventud pionera' como los que se usaban en los eventos comunistas de la RDA, y se oyen los éxitos de cantantes punk como Nina Hagen. Las camisetas con las siglas DDR (el alemán de RDA) se venden en todos los almacenes y en las pasarelas también se usan cortes y texturas de prendas inspiradas en la época. Los críticos de moda suelen referirse a la tendencia como "chic comunista". También hay un aumento masivo de las páginas de Internet dedicadas a la RDA que venden productos del Este, o presentan fotografías de la época. La demanda de comida del Este, como pepinillos en vinagre Spreewald Gurken y una imitación de café a base de soya, se ha disparado.

Pero el más reciente catalizador de la ostalgia fue el inesperado éxito de taquilla de la película Goodbye Lenin, elegida como mejor filme europeo del año en el Festival de Berlín. La comedia, del director Wolfgang Becker, recaudó 30 millones de dólares y se convirtió en la cinta alemana más taquillera de la última década.

Es la historia de una mujer de la Alemania socialista que entra en coma poco antes de la caída del muro y despierta un poco después. Por recomendación de los médicos su hijo, Alex, se propone evitarle traumas, y para ello le oculta la caída del régimen y reconstruye la vida diaria de la época comunista en su pequeño apartamento. Tiene que redecorar todo, reenvasa todas las conservas en tarros de productos que ya no se consiguen y les paga a unos pequeños para que se disfracen de integrantes de las juventudes comunistas y hagan rondas cantando en la puerta. Hacia el final le hace creer a su madre que las imágenes televisivas de hordas que destruyen el muro son alemanes de Occidente que invaden el Este movidos por la ilusión de conocer la maravillosa tierra socialista y todo concluye con la reunificación. Tras el éxito de la fórmula ostálgica todos los canales alemanes de televisión también vienen lanzando diferentes programas sobre la RDA. El más famoso, con una audiencia de 6,5 millones de televidentes, es el Ostalgie show, presentado por la ex patinadora olímpica e ícono socialista Katarina Witt.

La ostalgia tiene varias causas pero no tiene que ver con que los alemanes deseen reinstaurar la RDA. La eminencia en el tema de la ostalgia de la New School, Jonathan Bach, explicó a SEMANA que para los habitantes del Este con edad de recordar, la ostalgia es "un anhelo de una forma de anhelar, cuando el Oeste parecía inalcanzable y, por lo tanto, mágico. En esta medida la nostalgia por el Este de Alemania no implica un deseo de retornar a las duras condiciones de esa época, sino un deseo de volver a un período en el que la gente todavía tenía esperanzas y sueños de un mundo más allá de la frontera, un mundo irrevocablemente aguijoneado por la desilusión".

Así los ciudadanos del Este, que en su momento abrazaron con un entusiasmo casi fanático las bondades del capitalismo, ya han tenido tiempo de decantar su visión inicial de la reunificación y la distancia hace que puedan reconocer que no todo era tan malo en el Este. En cambio los simples recuerdos de la infancia los conmueven gratamente. Y los del Oeste han aprendido a ver las bondades de la RDA. Según dijo a SEMANA Pol O Dohartain, quien vivió dos años en la RDA después de haber vivido en la RFA, la ostalgia tiene que ver con que hoy se reconoce que algunas cosas eran mejores en el lado comunista. "Yo, por ejemplo, tenía la sensación de que había más sentido de comunidad allá. Eran pequeñas cosas, como que la vecina le hacía sánduches a alguien que iba a viajar un largo trayecto en tren, en lugar de asumir que podía comprar algo en el restaurante".

Por otro lado, la reunificación ha sido desilusionante para muchos. En la Alemania socialista no se veían drogadictos e indigentes en los parques, ni desigualdades sociales tan marcadas. En particular, la reunificación ha traído graves tasas de desempleo (18,5 por ciento en el Este) para una población que estaba acostumbrada al pleno empleo de la economía socialista. "Con la emergencia de desempleo masivo y las persistentes disparidades entre el Este y el Oeste vino una ola de reflexión sobre los buenos tiempos", dijo a esta revista el profesor de política alemana Jeremy Leaman.

No obstante la ostalgia también es criticada y hiere muchas sensibilidades. Las organizaciones de ayuda a las víctimas de persecuciones políticas mandan cartas de protesta a los programas ostálgicos, pidiendo que eviten minimizar los horrores de un régimen que fusilaba a los que trataban de escapar. En una entrevista con la cadena inglesa BBC el director de una de estas fundaciones se indignaba de que la ostalgia ignorara la opresión, la policía secreta y la intimidación. "Es como si se estuviera reescribiendo la historia", explicaba. Hasta el alcalde de Berlín, Klaus Womereit, expresó su preocupación por el fenómeno: "Debemos tener mucho cuidado de que la RDA no llegue a adquirir un status de culto", dijo durante la última celebración del aniversario de la construcción del muro. Pero, aunque nadie niega el lado oscuro del Este comunista, el debate generado por la ostalgia también ha servido para que se reconozca que fue un error histórico presentar sólo el lado negativo de la RDA. Y también hace evidente que hasta ahora la reunificación no ha traído la felicidad con la que tantos soñaban mientras hacían fila para comprar papel higiénico de periódicos reciclados.

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