Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/10/13 00:00

La redención de Al Gore

¿El Premio Nobel de Paz convencerá al ex vicepresidente demócrata de lanzarse por la Presidencia?

Los galardones de Gore subrayan el contraste con bush, un presidente que se hunde en los índices de popularidad.

En una Verdad incómoda, su premiado documental sobre el cambio climático, Al Gore se presenta, medio en broma, como aquel que "solía ser el próximo Presidente de los Estados Unidos". El Premio Nobel de Paz que le fue otorgado el viernes al ex vicepresidente convertido en activista medioambiental podría ser el impulso final para que vuelva a intentarlo.

De acuerdo con el comité del galardón (compartido con el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU), Gore es "el individuo que más ha hecho" para mostrar que el calentamiento global es real, representa una grave amenaza y es producido por la actividad humana. Su 'cruzada' lo podría llevar de vuelta a la Casa Blanca.

En las elecciones de 2000, a pesar de que el entonces vicepresidente obtuvo más sufragios populares, el sistema electoral indirecto le dio la Presidencia al republicano George W. Bush por cuenta del dudoso conteo de votos en Florida. El estigma del perdedor pesa como plomo en la cultura norteamericana, de ahí que su redención sea tan sorprendente.

Después de su derrota, Gore, abatido, se desencantó de la política y se dedicó a advertir los peligros del calentamiento global, el tema que lo apasiona desde su juventud. Sus críticos lo ridiculizaron mientras sus seguidores lo apodaron 'Goracle' en un juego de palabras con su apellido y la palabra 'oráculo' en inglés. El cambio lo hizo lucir menos acartonado y Una verdad incomoda, lanzado en 2006, le devolvió la fama. Desde entonces los reconocimientos no han parado de llegar. Y con ellos las voces que le piden que se una a la carrera demócrata por la Presidencia.

A comienzos del año, cuando Gore ganó dos premios Oscar por su película, se especulaba con un anuncio que nunca llegó. Un mes después se dirigió al Congreso para hablar sobre el que considera "el mayor desafío de la humanidad". Era la primera ocasión en que asistía al capitolio desde 2001, cuando los norteamericanos, en una dramática escena, lo habían visto como el perdedor que certificaba la victoria de Bush.

De cuando en cuando apareció en entrevistas o programas de humor, como Saturday Nigth Live, donde bromeaba acerca de su recordada derrota."Soy un político en rehabilitación", asegura. Recibió un premio Emmy y el Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. También escribió The Assault on Reason (el ataque contra la razón), un libro que critica las políticas de la administración Bush. Sus galardones y su popularidad han subrayado, precisamente, el contraste con el presidente texano, que embarcó a su país en una costosa e innecesaria guerra en Irak, ha puesto en juego la imagen internacional de su país y se hunde en los índices de aceptación. ¿Será la Presidencia el próximo reconocimiento de Gore o aquel que nunca alcanzó?

Gore ha negado cualquier aspiración, pero nunca de manera concluyente. Y sus seguidores no se resignan. Hay varios grupos en todo el país que abogan por su participación. Unos están bien organizados en estados considerados clave, por estar entre los primeros en el calendario de primarias, como Iowa y Florida. Según algunos comentaristas políticos, en ciertos lugares estos grupos están mejor organizados que varias de las campañas oficiales.

La organización Draft Gore (algo así como reclutar a Gore) ha recogido más de 165.000 firmas para convencerlo y pagó una página entera en The New York Times que salió publicada el miércoles, dos días antes del anuncio del Nobel. El aviso costó 65.000 dólares recogidos gracias a donaciones por Internet.

"Usted dice que se ha desencantado de la política, y tiene todas las razones para sentirse así. Pero sabemos que no se ha desencantado de su país. Y su país lo necesita, así como su partido y el planeta que está luchando tan duro para salvar", decía aquella carta abierta. "Por favor, póngase a la altura de este reto o usted y millones de nosotros viviremos por siempre pensando en lo que podría haber sido", remata.

Por supuesto, Gore también tiene críticos. Y seguramente si se candidatiza, los ataques serán feroces. Su documental como lo recordó está semana el fallo de un juez británico por cuenta de su exhibición en las escuelas- tiene una dosis de propaganda detrás de las verdades científicas.

La derrota del 2000 fue muy dolorosa y Gore parece sincero cuando asegura que no le gusta la vida de un candidato. Tiene mucho que perder. Su figura parece flotar por encima de los políticos, y una postulación lo devolvería al plano terrenal. A eso se sumarían los problemas logísticos de arrancar tarde en la carrera presidencial más larga y costosa de la historia estadounidense. Los activistas están seguros de que lo convencerán, pero las apuestas están en contra. "Si Al Gore entra en la carrera presidencial, me comeré mi copia de 'Una verdad incomoda' (el libro, no el DVD)", escribió Eric Pooley, un periodista que ha pasado bastante tiempo con el ex vicepresidente para escribir una carátula de Time.

"Enfrentamos una verdadera emergencia planetaria. La crisis climática no es un tema político", afirmó Gore minutos después de haber ganado el Nobel. Pero aquel político en rehabilitación podría recaer.

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