Jueves, 23 de octubre de 2014

| 2012/07/28 00:00

La resurrección de Hugo Chávez

Cuando muchos lo descartaban, el presidente venezolano puntea en las encuestas con una combinación de abuso de poder, sentimentalismo por su enfermedad y chantaje electoral.

Hugo Chávez arengando a la gente en Barquisimeto. Con el lema “Corazón de mi patria”, recorre el país en una carroza, pues sus problemas de salud le impiden moverse.

A juzgar por todo lo que se ha dicho sobre su salud en los últimos meses, a estas alturas Hugo Chávez ya debería estar muerto. Se afirmaba que su agresivo cáncer, supuestamente en la pelvis, había hecho metástasis y algunos le daban tres meses, otros seis. Esa situación pareció tocar fondo en Semana Santa, cuando 'el Intumbable' se puso de rodillas y, llorando frente a las cámaras, le imploró al Altísimo: "Dame vida, aunque sea vida dolorosa, no me importa, porque todavía me quedan cosas por hacer. No me lleves todavía".

En ese momento nadie daba un centavo por la reelección de un presidente que viajaba a hospitalizarse en Cuba y gobernaba vía Twitter. Su salud se convirtió en el tema de especulación favorito hasta hace un mes, cuando en su primera rueda de prensa como candidato, Chávez anunció que estaba "totalmente libre de cáncer" y había vuelto a ser el de siempre. "Ya empecé a dar un trotecito".

Aunque el presidente luce mejor, hay muchas versiones sobre su verdadero estado de salud. Incluso hay quienes dudan que Chávez alguna vez estuviera al filo de la muerte y creen que el gobierno pudo haber exagerado su enfermedad con fines electoreros. "Mientras que estuvo enfermo nadie lo atacó y ahora Chávez resucita como el ave Fénix y está perfecto para la campaña", explica el estratega político venezolano J.J. Rendón.
 
Cierto o no, el cáncer le hizo el milagrito en las encuestas. A comienzos de 2011, acosado por la crisis energética, la escasez de alimentos, la violencia y motines carcelarios, solo el 23 por ciento de los venezolanos quería su reelección y su popularidad rondaba el 50 por ciento. La oposición creía que su descenso era "irreversible". Pero a medida que sus funciones vitales se agravaban, el respaldo y la solidaridad hacia el presidente aumentaban. Ahora cerca del 60 por ciento de los venezolanos aprueba su gestión y 46,1 por ciento de los votantes lo elegiría en las elecciones el próximo 7 de octubre, según la última encuesta de Datanálisis.

Su resurrección en los sondeos viene acompañada de una nueva imagen. Chávez ya no es el combativo teniente coronel vestido con uniforme verde oliva. El Chávez de esta campaña es "puro amor". Su lema es "corazón de mi patria", predica que "amor con amor se paga", que "sí queremos a la oposición" y ratifica en su cuenta de Twitter "Necesito tu abrazo!! Yo te digo a ti mujer, Patria, Venezuela. Necesito tu abrazo!".

Detrás de ese Chávez cariñoso está João Santana, un veterano brasileño del marketing político, que acompañó a Luiz Inácio Lula da Silva en sus dos campañas presidenciales, a Dilma Rousseff y a varios políticos latinoamericanos. "Santana es experto en ablandar perfiles radicales. Sabe manejar la emocionalidad de la gente y ha logrado voltear las cosas con el cuento de que no es Chávez el que se quiere quedar, sino el pueblo el que le pide que no se vaya", dice Camilo Rojas, de la firma Estratégica.

Pero John Magdaleno, analista venezolano de la firma Polity, no está tan convencido de que la campaña sea creíble. "No puedes combinar puestas en escena radicales con publicidad moderada, incluso en las mismas piezas publicitarias hay contradicciones, lo siguen llamando Comandante". El mensaje en el trasfondo no es de amor, sino de advertencia. Chávez se presenta ya no solo como el líder de los venezolanos, sino que es sinónimo de patria, como afirma "Chávez ya no soy yo, Chávez es un pueblo". Si no está, la patria muere. En ese sentido, quien no ama al presidente no solo es un venezolano ingrato, sino un traidor.

Después de 13 años de gobierno, a pesar de contar con una fuente inagotable de recursos petroleros y una sólida posición internacional y, aunque sigue siendo popular por sus programas sociales, Chávez enfrenta una difícil situación económica y altísimos índices de desempleo e inseguridad. Además, la oposición venezolana nunca ha estado tan unida y los sondeos de opinión muestran que Henrique Capriles le sigue descontando puntos. En la última medición de Datanálisis la brecha entre los dos candidatos pasó de 17 a 15 puntos. A tres meses de las elecciones presidenciales, Chávez necesita asegurar su supervivencia política y, para lograrlo, está combinando todas las formas de lucha.

El encanto de los medios

Chávez realmente conquistó el corazón de millones de venezolanos, no solamente con subsidios, sino con su arrolladora personalidad. Chávez toca y se deja tocar, canta, baila y tiene una anécdota para todo. Como buen seductor, es un maestro de la labia y esa es una de sus virtudes, sobre todo ahora que su salud le impide hacer una campaña a pie. Recorre el país en una carroza, sostenido a una baranda, como sumo pontífice del socialismo en su 'chavezmóvil'.

"Hay un uso fuerte de los medios para compensar las deficiencias que produce su enfermedad", dice el politólogo venezolano José Vicente Carrasquero. Micrófonos no le faltan a Chávez. El sistema de medios públicos incluye seis canales de televisión, seis de radio, una agencia de noticias y tres periódicos. Como si eso no fuera suficiente, Chávez abusa de las 'cadenas'. Cuando el Palacio de Miraflores decide que hay un mensaje esencial para la nación, todos los medios están obligados a transmitirlo. Solo en julio ya lleva 13, para un total de 21 horas exclusivas al aire.

Además, se confunde la comunicación del gobierno con la del candidato. Por ejemplo, el logo del aspirante Chávez es un corazón tricolor acompañado con el lema "corazón de mi patria", y la nueva imagen institucional del Estado es otro corazón amarillo, azul y rojo con la consigna "corazón venezolano".

Las dos imágenes y eslóganes convivieron impunemente hasta hace diez días, cuando el Consejo Nacional Electoral (CNE) le ordenó al gobierno suspender el "corazón venezolano" mientras durara la contienda. Sin embargo, al cierre de esta edición en algunos sitios de internet estatales el travieso corazón oficial aun latía.

El Estado soy yo

Aunque la imagen ha sido fundamental en el gobierno chavista, los recursos y la construcción de un andamiaje estatal en función del presidente han sido más importantes para garantizar su reelección. "Chávez entiende que campaña, partido, gobierno, y Estado son una sola cosa", le dijo a SEMANA Alberto Barrera, autor de Hugo Chávez sin uniforme.

Uno de los programas donde se ha visto esta confusión entre recursos del Estado y recursos de campaña es en la Misión Gran Vivienda Venezuela. La que era una de las promesas incumplidas del chavismo, ahora se reencauchó para las elecciones, y las casas y apartamentos que no construyeron en 12 años empezaron a surgir como hongos. Todos los jueves, por Venezolana de Televisión, se ve a funcionarios entregar hogares nuevos por todo el país a nombre de Chávez. En algunas obras cuelgan los afiches electorales del candidato presidente. La lista de espera es larga y no todos los que necesitan casa la tendrán antes de las elecciones, pero mientras Chávez siga en Miraflores, hay esperanza.

Otro ejemplo son las denuncias sobre el uso de las grúas de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec), la compañía pública de electricidad dirigida por Argenis Chávez (hermano del presidente), para instalar pendones y afiches de campaña. Un líder sindical, citado por varios periódicos de oposición, justificó la actividad diciendo que "Chávez es el candidato de la patria, los camiones de Corpoelec son de la patria y no haremos nada a escondidas. Y sí haremos campaña por el comandante Chávez".

Además, en las oficinas públicas y fábricas nacionalizadas están realizando una particular colecta: Un Día de Salario por la Revolución. Con esta iniciativa, el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) busca recaudar 10 millones de bolívares (4.160 millones de pesos) para financiar la campaña de Chávez. Algunos funcionarios temen perder su empleo si no se meten la mano al bolsillo. Así las cosas, pareciera que Capriles no está compitiendo contra un candidato, sino que se enfrenta a todo un Estado, que en teoría debería ofrecerle las mismas garantías. Un informe publicado hace dos semanas por Human Rights Watch (HRW) dice que los venezolanos que se oponen al presidente no tienen salvaguardas institucionales ni garantías legales frente a un gobierno que los "intimida, censura y persigue". .

Por eso la oposición pidió firmar un pacto que incluía seis principios, entre los que estaban aceptar los resultados, no usar las cadenas televisivas, fondos públicos, ni sitios oficiales para hacer campaña y la posibilidad de que los candidatos transiten libremente. Chávez rechazó las propuestas, calificó de "estúpidas" las acusaciones de que tenga ventajas y, desafiante, dijo: "¿Me van a pedir a mí que no haga cadena? Si es una facultad constitucional". Para él, si los medios no son equilibrados en su cubrimiento electoral es porque él hace discursos de tres horas y Capriles solo es capaz de hablar por diez minutos. Finalmente, las dos campañas firmaron un Acuerdo de Compromiso por la Democracia, que incluye el cumplimiento de la Constitución, el respeto de los resultados y competir en un clima de paz.

El factor miedo

Tal vez el factor que tiene más preocupados a algunos venezolanos, que juega un papel fundamental en la contienda electoral, es el miedo. Según Carrasquero, "Es la herramienta más importante de la campaña de Chávez".
 
La posición que han asumido algunos militares no tranquiliza. En febrero Chávez dijo que la Fuerza Armada Bolivariana "es chavista, duélale a quien le duela, rásquese quien se rasque, dígase lo que se diga". El 24 de junio pasado, aniversario de la batalla de Carabobo, el general Jesús Moreno le dijo al presidente: "Están presentes 2.150 combatientes bolivarianos, revolucionarios, socialistas, antiimperialistas y chavistas, que representan a todo un Ejército adiestrado y muy bien equipado". La semana pasada, durante un desfile de la Armada, el vicealmirante Jesús Gerardo Ortega repitió las mismas palabras.
 
A esto se suma una inseguridad desbocada. En Caracas hay 108 homicidios por cada 100.000 habitantes, una cifra similar a la de algunas ciudades de Centroamérica. Según un estudio del International Crisis Group, dos factores explican la violencia: la facilidad para conseguir armas y la existencia de milicias armadas chavistas, con poder propio y control de barrios enteros, donde la Policía no puede entrar. El estudio concluye que hay incertidumbre sobre lo que pueda pasar si Chávez pierde.

Pero más allá de una confrontación armada, millones de venezolanos temen perder sus trabajos o las ayudas estatales si gana Capriles, a pesar de que él ha insistido no solo en que no va a acabar las misiones. Hace 13 años, 2 millones de venezolanos dependían del Estado, ahora se calcula, extraoficialmente, que podrían ser 8,5 millones que trabajan en el gobierno o tienen ayuda estatal. Y eso representa cerca del 40 por ciento del padrón electoral.
 
Finalmente, también hay temor sobre lo que pueda suceder el día de las elecciones, sobre todo cuando el gobierno no ha autorizado una misión de observación internacional.

Una encuesta de la firma Varianzas afirma que solo seis de cada diez electores piensan que el voto es secreto. Además, este años se estrenarán identificadores electrónicos de huellas digitales en las mesas de votación, lo que ha generado zozobra. También hay temor de que las mesas, en vez de cerrar a las seis de la tarde, permanezcan abiertas, sin testigos y sin ningún control, hasta media noche como ha ocurrido antes. A medida que se va acercando el día de las elecciones las denuncias y recriminaciones entre candidatos seguramente aumentarán. El miedo es que la retórica se convierta en hechos violentos y estas terminen siendo unas elecciones sangrientas. Se supone que el 'nuevo' Chávez, resucitado y libre de cáncer, es todo paz y puro amor pero, como dice el refrán: caras vemos, corazones no sabemos.

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