Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2010/01/30 00:00

¿La resurrección?

Dominique de Villepin, el archienemigo del presidente Nicolas Sarkozy, pasó de cadáver político a potencial competidor por el Elíseo.

Dominique de Villepin

Un hecho judicial reavivó la legendaria rivalidad entre el presidente francés Nicolas Sarkozy y el ex primer ministro Dominique de Villepin. El jueves pasado la justicia cerró un capítulo del caso Clearstream, el escándalo de la década en la política francesa, a favor de Villepin, quien estaba encausado por supuestamente haber buscado enlodar a Sarkozy en una trama de blanqueo de dinero. La competencia entre los dos pesos pesados de la derecha de ese país promete tomar fuerza de aquí a las elecciones presidenciales de 2012.

El turbio caso se remonta a 2004, cuando un juez recibió mensajes anónimos que hablaban de la lista de clientes que blanqueaban dinero a través del banco luxemburgués Clearstream. Entre los nombres estaba el de Sarkozy, por entonces ministro del Interior. En pocos meses, el juez descubrió que la lista era falsa y había sido adulterada. Los afectados querellaron a los que ellos consideraron autores del engaño.

Villepin sí conoció la lista, y su papel en el complot era la pregunta del millón. Por aquel entonces, competía con Sarkozy por suceder al presidente Jacques Chirac. Al final, Sarkozy ganó la Presidencia en 2007 mientras la carrera política de Villepin quedó en el limbo. Pero el poder no aplacó la sed de venganza de Sarkozy, quien siempre consideró que su rival era el cerebro detrás del famoso listado.

Al final, hubo tres condenados por "denuncia calumniosa", pero en la sentencia de más de 300 páginas los jueces concluyen que no hay ninguna prueba que demuestre que Villepin instigó la elaboración de la lista, o que supiera que era falsa.

El resultado es un revés para Sarkozy, que ha dejado por el camino frases memorables. Tan pronto se enteró del engaño prometió "colgar de un gancho de carnicero" a los responsables. Y cuando se inició el proceso dijo: "Cuando disparo, tiro a matar".

Villepin, por su parte, interpretó el papel de víctima durante el juicio. "Estoy aquí por el ensañamiento de un hombre: Nicolas Sarkozy", declaró desde el primer día. Después denunció el abuso de poder del Presidente y atribuyó todo a una vendetta desde el Elíseo.

El juicio polarizó la política francesa y sacó a la luz la enemistad de dos personalidades opuestas por temperamento y trayectoria. Ambos se detestan. "Villepin es aristocrático, bien plantado, escribe poesía, ha publicado libros sobre Napoleón y se proyecta como un intelectual, mientras Sarkozy hace alarde de no leer mucho y es un hombre del pueblo que habla francés de manera mucho menos elegante", dijo a SEMANA Arthur Goldhammer, del centro de estudios europeos de la Universidad de Harvard.

Villepin, alto y canoso, se refiere en privado a Sarkozy como "el enano". El Presidente, por su parte, se mofa de que su rival nunca ha ganado una elección. Pero, como le dijo Villlepin a la revista Le Nouvel Observateur, "Sarkozy me ha resucitado".

En las encuestas, el aristocrático Villepin apenas marca un 8 por ciento, pero tiene un grupo de escuderos leales y en noviembre asistió a la inauguración del Club de Amigos de Villepin, que podría convertirse eventualmente en su plataforma electoral. La absolución relanza su carrera política, aunque el escándalo todavía puede tener secuelas.

La Fiscalía anunció el viernes que apelará la decisión de primera instancia, pero, de hecho, la exposición mediática podría ayudarlo. El segundo juicio podría empezar a finales de este año o comienzos del próximo. Para entonces, cuando se conozca el desenlace de esta novela, las elecciones estarán más presentes en la mente de los votantes franceses. n

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