Lunes, 16 de enero de 2017

| 1987/03/02 00:00

LA REVOLUCION DE ENERO

Gorbachev replantea gran parte del ideario soviético, en su discurso ante el Comité Central del PCUS

LA REVOLUCION DE ENERO

Hablar de "apertura democrática" en Colombia puede parecer un tema trillado, pero hacerlo en la Unión Soviética es verdaderamente revolucionario. Más aún si quien se atreve a acuñar el término no es un exiliado político o un disidente confinado a Siberia, sino precisamente el secretario general del Partido Comunista ante el pleno del Comité Central .
En un discurso cuyos contenidos éticos se diferencian poco de los tradicionales tratados de moral cristiana y cuyos planteamientos políticos envidiaría cualquier democracia, Mijail Gorbachev definió la semana pasada ante el pleno del partido lo que ha llamado la política del glasnost (literalmente transparencia).
Las transformaciones ya empezaron (ver documento), cubren todos los campos y afectan a 300 millones de soviéticos que durante la última década vieron y vivieron la détente del sistema socialista.
El propósito, según el propio Gorbachev, es "erradicar decididamente el estancamiento". El método, reconocer los errores sin "tapar las contradicciones, nuestras faltas y descuidos". El punto de partida, aceptar que "las causas de los problemas acumulados en la sociedad son más profundas de lo que pensábamos". Lo novedoso, establecer que la renovación sólo es posible mediante la democracia y por eso "la tarea más apremiante del partido es la democratización de la sociedad soviética".
Los cambios planteados por el líder soviético en su discurso de tres horas abarcan todos los órdenes. Desde el puramente filosófico y conceptual hasta la conducta cotidiana de los soviéticos ante problemas como el alcoholismo y la actitud en el trabajo.
En un lenguaje sencillo del que están notoriamente ausentes los típicos términos marxistas, Gorbachev asume una sorprendente posición crítica frente al manejo "simplista" que hicieron de la teoría socialista quienes tuvieron a su cargo el Estado, y cuestiona los "métodos caducos" que primaron en la gestión económica. En sus propias palabras, es necesario "elaborar postulados críticos basado en realidades actuales", lo que tácitamente implica reconocer que el comunismo se ha quedado enclavado en las épocas de sus grandes pensadores, sin modificar la aplicación de una teoría que era válida entonces, pero que ahora ha quedado rezagada por las transformaciones del mundo moderno.
Los cambios más significativos son los tendientes a la democratización del sistema, en lo político, en lo económico y en lo cultural.
La cerrada estructura del Partido Comunista se abre no sólo para permitir una mayor participación al elegir un número plural de diputados por cada circunscripción, en lugar de uno, sino además para dar paso a la promoción de los jóvenes, tradicionalmente ausentes de las esferas directivas. "Es necesario -dice Gorvachev-, garantizar la sucesión de los dirigentes y la afluencia de nuevas fuerzas ".
Esta "ampliación de la democracia interna del partido", como él mismo la llama, es quizás uno de los planteamientos más significativos, sobre todo si se tiene en cuenta que es el partido el que maneja prácticamente todos los ámbitos de la vida soviética. Sin embargo, es también el que más resistencias despierta, especialmente de la llamada Nomenklatura, instituida hace más de 70 años, que ve, no sin razón, que le están quitando el poder de las manos.
A DESANQUILOSAR
El derecho al ejercicio de la crítica antes no sólo vedado sino además duramente castigado, constituye otro de los planteamientos fundamentales de la "revolución" de Gorbachev. Es necesario, manifiesta el lider, dar a "los trabajadores la posibilidad de expresar su opinión acerca de cualquier problema de la vida social", al tiempo que afirma que se deben crear las instancias necesarias para que "los órganos electivos realicen un control eficaz sobre el aparato ejecutivo".
En el terreno económico los cambios tienden ante todo a hacer productiva una estructura anquilosada, en la cual la iniciativa y la motivación individual estaban prácticamente anuladas. Las crecientes necesidades de consumo de la población se han visto frecuentemente insatisfechas aún en productos básicos como alimentos y vestuario. Las reformas "retiran todas las limitaciones infundadas que se habían impuesto a la actividad laboral por cuenta propia" y propicia una nueva actitud hacia el trabajo, en la cual se garantiza la amplia independencia pero al mismo tiempo se aumenta la responsabilidad.
La reforma modifica además la estructura de la dirección de las empresas estatales, permitiendo el acceso a ellas aun de personas no pertenecientes al partido y haciendo elegibles a sus directores. Con ello, Gorbachev aspira a imprimirle una nueva dinámica a la actividad empresarial, al otorgar a los trabajadores no sólo el derecho a decidir sobre los más aptos para dirigirlos, sino además la capacidad de ejercer un control sobre ellos.
Una de las principales preocupaciones del secretario general del Partido Comunista es el rezago en que se ha quedado el pueblo soviético frente al progreso científico experimentado por los países de Occidente. Para él, el éxito en la estrategia de aceleración depende, ante todo "del grado en que unamos las ventajas del socialismo con los logros de la revolución tecnocientífica". Para ello, ha buscado la incorporación de las esferas científicas, antes relegadas a un segundo plano, a los organismos productivos. En palabras que fácilmente podrían provenir de cualquier economista keynesiano, Gorbachev manifesta que "en economía lo que está a prueba son la eficiencia, la adaptabilidad a las nuevas tecnologías, la capacidad de producir con calidad y competir en los mercados mundiales".
Si en el campo de lo político y lo económico las reformas sorprenden, no lo hacen menos en el terreno cultural. No sólo se da una apertura hacia autores y temas antes vedados, sino que en la práctica, con el establecimiento de lo que llama la "transparencia informativa en la actividad de las organizaciones estatales y sociales", se está abriendo la puerta hacia una libertad de prensa, posiblemente con limitaciones, pero de todos modos "libertad", antes desconocida para los soviéticos.
Lo que más impacta del discurso, sin embargo, es su trasfondo fuertemente moralista. Detrás de la búsqueda de las transformaciones, en las palabras de Gorbachev sobresale ante todo una concepción de hombre que cualquier obispo colombiano estaría encantado de encontrar en el discurso de un político: "Nuestro déseo -dice-, es convertir nuestro país en un modelo de Estado altamente desarrollado, en una sociedad de la más avanzada economía, de la más amplia democracia, de la más humana y alta moral, donde el hombre trabajador se sienta dueño con plenos derechos y pueda gozar de todos los logros de la cultura material y espiritual, donde el futuro de sus hijos esté seguro, donde disponga de lo necesario para una vida plena y rica en contenido".
Gorbachev no es el primer reformador que llega al poder en la Unión Soviética. A su turno y a su manera, para bien o para mal, otros también lo hicieron. Stalin, con las funestas consecuencias que recuerda la historia y en 1963 también Kruschev, quien precisamente por su espíritu renovador fue relevado de su cargo. Para Gorbachev las cosas no serán fáciles, pero lo cierto es que, lo logre o no, indudablemente su glasnost le ha otorgado ya un puesto "revolucionario" en la historia contemporánea de la Unión Soviética.

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