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| 12/25/1989 12:00:00 AM

LA REVOLUCION DE NOVIEMBRE

El pueblo checo exige a sus dirigentes un lugar en la nueva Europa.

La perestroika soviética se ha convertido para los países del Este en una verdadera bola de nieve. Cada vez gana mayores simpatías entre los habitantes de la Europa Oriental y cada vez pone en mayor peligro a las vacas sagradas del comunismo en sus respectivos países. Polonia, Hungría, Alemania y Bulgaria no parecen ser sino el comienzo y los sucesos de la semana pasada demuestran que el turno le llegó a Checoslovaquia.
Aunque en Praga las cosas comenzaron prácticamente desde la víspera del 21 de agosto, día en que se conmemoraba el vigesimoprimer aniversario de la invasión soviética a Checoslovaquia, cuando los dirigentes del movimiento "Carta de los 77" pidieron encarecidamente a la juventud que no se manifestara como se había programado, "porque el régimen parecía buscar tan sólo un pretexto para demostrar su fuerza", al tiempo que le imploraba a la dirigencia del Partido Comunista checo que "por favor" no fuera a "convertir a la plaza Wenceslao en un nuevo Tiananmen".
Pero en el proceso de "perestroiquización" de los países del Este, las fechas se han vuelto como un bumerán contra la gerontocracia comunista oriental. Así como el onomástico de la Revolución de Octubre y el aniversario de la construcción del muro sirvieron para que las juventudes soviéticas y alemanas gritaran abajos al comunismo y vivas a la libertad, los cumpleaños de la primavera de Praga comenzaron a gestar en Checoslovaquia un movimiento que alcanzó su máxima crisis el pasado viernes 17 de noviembre, día en que se conmemoraban las jornadas estudiantiles antinazis ocurridas en 1939.
Y a pesar de que no aparecieron los tanques, que era lo que se temía, la policía checa, esta vez, emuló a los blindados de hace 21 años. A punta de bolillo disolvió una manifestación que desfiló a lo largo del río Vlatuva y a la que no se le permitió llegar al centro de Praga. La represión fue tan brutal, que la oposición checa afirma que el estudiante de matemáticas de la Universidad de San Carlos, Martin Smid, "resultó muerto a palo".
Incluso, se llegó a hablar en medios extraoficiales de otros 4 muertos en las mismas condiciones, dos mujeres y dos hombres.
La muerte de un estudiante en Praga tiene un significado histórico. Tan pronto se conoció la noticia del deceso de Martin Smid, se recordaron las imágenes de la muerte del estudiante Jan Opletal, sucedida hace 50 años en medio de un levantamiento contra los nazis, y la del también estudiante Jan Palach, que se prendió fuego en protesta contra la invasión soviética en 1968.
Estas remembranzas en medio de un agitado cotarro de oposición, produjeron de inmediato lo que ya comienza a verse como el "síndrome estealemán": las manifestaciones diarias. Y si el viernes 17 habían superado con creces el número de los 10.000 manifestantes que llenaron la plaza de Wenceslao el 21 de agosto, el lunes siguiente fueron 50.000 y el martes cerca de 250.000.
A pesar de que los ministerios de Educación y de Salud desmintieron el hecho de que un estudiante hubiera terminado muerto y afirmaron que "se trataba de una desinformación que pretendía manipular la conciencia de la gente para provocar problemas sociales", miles de personas improvisaron un altar recubierto de cientos de velas y flores, en la avenida Narodni, en donde se afirma que el estudiante fue golpeado por los boínas rojas, y colocaron un letrero inmenso que dice: "Aquí fue golpeado, hasta morir, Martin Smid".
El descontento con el régimen de Milos Jakes se ha regado como pólvora por todo el territorio checo. En las ciudades de Brno, Bratislava, Liberec y Ostrava, se vieron manifestaciones que, a su vez, cada día crecían más. Al frente de una de ellas, varios estudiantes portaban una bandera de Checoslovaquia untada de sangre en señal de protesta contra la represión del viernes 17. Los gritos de los manifestantes no se diferencian mucho de los que se escuchan en Alemania Democrática y Bulgaria en los últimos días: "¡Libertad! ","¡Democracia! " y, desde luego, la exigencia de la renuncia de la dirigencia comunista.
Con una particularidad en la forma de manifestarse, los checos han logrado una especie de escala milimétrica en el número de manifestantes. Cuando el primer dia se habló de 25.000 personas, se invitó, en la misma concentración, a que se doblara el número para el día siguiente. Al tercer día se dijo: "Vamos por los 100.000 para mañana", y el miércoles se hablaba de 200.000. Bajo las pancartas de "Gorbachov, si no es ahora ¿cuándo? y "Larga vida a Havel '', los participantes en las protestas gritaban consignas que con una sola palabra estremecían al régimen: "Varsovia" , "Budapest", "Berlín" y "Praga levántate!", fueron algunos de los gritos que caracterizaron las jornadas de la semana pasada.
La protesta ha ido adquiriendo tal grado de crecimiento que las autoridades checas han empezado a dar el brazo a torcer. El primer ministro, Vladirslav Adamec, se reunió a mediados de semana con algunos miembros de la oposición para prometerles que no habrá más represión violenta y que se investigará la actuación de la policía durante el día en que se afirma que murió el estudiante. Y aunque en ningún momento aceptó la muerte de Martin Smid, el jefe de gobierno insinuó a los representantes de las diferentes organizaciones que se agrupan en el movimiento Foro Cívico que habría la posibilidad de que partidos no comunistas hicieran parte del gobierno.
Pero ante las peticiones de los principales dirigentes de la oposición como la del líder de "La primavera de Praga", Alexander Dubcek, en el sentido de que se produzca la dimisión de toda la cúpula comunista, se han empezado a escuchar también las voces de la ortodoxia y lo que se llama la "Facción stalinista" del poder, quienes, según aseguran los miembros del Foro Cívico,"no han descartado la idea de resolver la situación por la fuerza". Sin embargo, el propio cardenal primado, Frantisek Tomasek, que no desaprovecha homilía para irse lanza en ristre contra el régimen, afirma que no cree que se repita la experiencia de 1968.
Con todo, los rumores sobre el estacionamiento de tanques en los suburbios de Praga son persistentes y se ha llegado a afirmar que podría darse el caso de una contramanifestación de miembros del Partido Comunista. Pero todo parece estar pendiente de dos cosas que se desarrollarán en los próximos días: los resultados del Pleno del PC checo que comenzó al final de la semana y los resultados de la huelga general que han convocado para el 27 las organizaciones independientes Carta 77, Comité de Helsinki, Art Forum, Diálogo Abierto y algunos miembros de los partidos Socialista, Popular y de las Iglesias. Todos ellos integrantes del frente Foro Cívico.
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