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| 1/15/2011 12:00:00 AM

La revolución de los magnates

La iniciativa para que las familias más ricas del mundo donen más de la mitad de su fortuna y expliquen sus motivos públicamente ha despertado un debate sobre la filantropía.

La idea suena absurda: convencer a los demás de donar más de la mitad de su patrimonio a causas caritativas. Pero cuando los que se comprometen a materializar esa iniciativa son dos de los tres hombres más ricos del planeta, y su objetivo son las 400 mayores fortunas de Estados Unidos, no solo se vuelve posible, sino que toma tintes revolucionarios. Por eso la campaña que ocupa desde hace meses a Warren Buffett y Bill Gates (el otro es el mexicano Carlos Slim) ha sacudido el mundo de la filantropía. Cerca de 60 magnates ya se han sumado a la iniciativa, que ha despertado interesantes discusiones a medida que crece la lista.

El consejo más famoso del oráculo de Omaha, como apodan a Buffett, es "sea temeroso cuando otros son codiciosos y viceversa". Pero The Giving Pledge (algo así como 'la promesa de dar') no tiene nada ni de temeroso ni de codicioso. Buffet y Gates han sido consumados filántropos desde hace tiempo. El fundador de Microsoft ha desarrollado, junto con su esposa, Melinda, la Fundación Gates, probablemente la organización de caridad más poderosa del mundo. El legendario inversionista, por su parte, conocido por abogar por más impuestos para los ricos, se comprometió desde 2006 a donar el 99 por ciento de su fortuna. La mayor parte irá, precisamente, a la fundación de su amigo. Ahora esperan atraer a sus 'colegas', gente que, como ellos, puede pasarla perfectamente, sin perder un ápice de su extraordinario nivel de vida, con una fracción a veces mínima de sus fortunas.

Todo comenzó en 2009, cuando se filtró a la prensa que Buffett y Gates habían organizado un cena de millonarios muy confidencial en Nueva York. En total eran 14 invitados, entre los que estaban personajes como Michael Bloomberg, el alcalde de Nueva York que fundó la compañía de información financiera que lleva su nombre, el magnate David Rockefeller y Ted Turner, el titán de las comunicaciones que fundó CNN. Era una gran historia: la reunión secreta de las personas más ricas del mundo. Algo se traían entre manos. Muy pronto se supo que estaba relacionado con filantropía, y los medios buscaron afanosamente los detalles, pero sus promotores se negaron a hablar. Durante un año reinó un pacto de silencio. Esa era la semilla de la que podría ser la mayor recaudación de dinero de la historia. Se trataba, según se conoció después, de una reunión exploratoria para compartir varias filosofías caritativas a la que siguieron otras cenas que se mantuvieron en reserva.

Finalmente, The Giving Pledge salió a la luz a mediados del año pasado. En un artículo escrito a cuatro manos en la revista Fortune, Buffett y Gates les pedían a las familias más ricas del país que se comprometieran a donar más de la mitad de sus fortunas a las causas filantrópicas y a las organizaciones caritativas que escojan en vida o después de morir. Las condiciones son sencillas. Cada persona que se sume debe hacer una declaración pública para explicar su motivación y, en un evento anual, todos se reunirán para compartir ideas y aprender de las experiencias de los demás. Es, en pocas palabras, un exclusivo club filantrópico. La campaña no reúne, administra o fiscaliza el dinero. "Es un compromiso moral de donar, no un contrato legal", aclara la iniciativa, y no está atado a una causa u organización determinadas. Y está específicamente orientada a los 'billonarios' estadounidenses (como se denominan las fortunas de más de mil millones de dólares), aunque eventualmente se puede convertir en una iniciativa global. En septiembre, de hecho, visitaron China para promover la filantropía.

The Giving Pledge también aspira a inspirar conversaciones no solo sobre cuánto se dona, sino cuál es el propósito. Y por último, al hacerlo público, la idea es crear una atmósfera que impulse a más gente a donar. Su impacto podría ser enorme. Gates considera el 50 por ciento una meta deliberadamente baja, para motivar la participación. De entrada le apuntan a los miembros de la lista Forbes de los 400 más ricos del país. Fortune calcula que si esos cuatro centenares se decidieran, sumarían más de 600.000 millones.

Apenas una semanas después del llamado, llegó la respuesta positiva de un primer grupo de 40 familias, entre los que estaban Bloomberg, Turner, el gigante hotelero Barron Hilton y el director de la mítica Star Wars, George Lucas. En diciembre se unió un segundo grupo con otras 17 familias. Entre ellos, el fundador y presidente de Facebook, Mark Zuckerberg, de 26 años, cuya fortuna de más de 6.000 millones de dólares inspiró una película, Red social, que no lo deja muy bien parado. "La gente espera hasta tarde en su carrera para donar. Pero ¿por qué esperar cuando hay tanto por hacer?-declaró Zuckerberg-. Con una generación de tipos más jóvenes que ha prosperado gracias al éxito de sus compañías, hay una gran oportunidad para muchos de nosotros para donar más temprano, mientras vivimos, y ver el impacto de nuestros esfuerzos filantrópicos".

Como ocurre con todas las personas, entre los magnates la presión de grupo puede arrastrar a otros, y se especula que en cualquier momento van a sumarse más famosos, como Steve Jobs y Oprah Winfrey. Pero también hay una variada serie de argumentos, desde los pragmáticos hasta los idealistas, en las cartas que han escrito. Algunos han señalado que es tanto el dinero que acumulan que es imposible que lo gasten. Buffet, por ejemplo, explica que su donación del 99 por ciento de su fortuna puede parecer grande en dólares, pero comparativamente pequeña frente a los que se privan de algún placer para donar a una causa social todos los días. Argumenta que, con el uno por ciento de su dinero, él y su familia no renunciarán a nada que necesiten o quieran. Turner recuerda que su padre le inculcó la filantropía, y que la quiere ceder a sus hijos, y los Gates declaran que los motiva derribar las barreras que le impiden a cualquier niño alcanzar su potencial. Al final, el listado es amplio y variado.

Sin embargo, no todo son aplausos. Hay quien lo ve como una inmensa operación de relaciones públicas que, a fin de cuentas, genera grandes exenciones de impuestos. Otros señalan que simplemente refleja la inmensa concentración de riqueza. El crecimiento de las megafundaciones de los millonarios, argumenta Pablo Eisenberg, un profesor de Georgetown experto en el liderazgo sin ánimo de lucro y la filantropía, puede ser un desarrollo peligroso para la democracia norteamericana, pues estas no tienen que rendir cuentas públicamente y muchas funcionan sin mediar ninguna discusión. Al influir excesivamente en la agenda y las políticas públicas pueden debilitar al gobierno, que sí responde a dinámicas políticas. Vale la pena recordar que Estados Unidos viene de una feroz campaña en la que las donaciones de multimillonarios como los hermanos Koch, conocidos también por donaciones filantrópicas, financiaron movimientos de base como el Tea Party.

Sin embargo, otros expertos mantienen el optimismo. Según Peter Singer, una autoridad en el tema, de la Universidad de Princeton, las investigaciones demuestran que cuando la gente sabe que otros están donando son más proclives a hacerlo también. El debate apenas comienza, aunque Buffett y Gates ya son ganadores, pues han cumplido una parte fundamental de su propósito con solo vigorizar la discusión sobre la filantropía.
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