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| 4/20/2003 12:00:00 AM

La ruleta argentina

En los comicios del domingo Carlos Menem es la gran incógnita, pero nadie sabe quién podrá ser el próximo presidente.

Nunca hubo tanta incertidumbre en un proceso electoral como la que reina hoy en Argentina. A pocos días de las presidenciales del 27 de abril la única certeza es que, por primera vez, en la historia, se irá a la segunda vuelta, pues hay un empate entre los tres punteros, los peronistas Néstor Kirchner, Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Menem, seguidos de cerca por los independientes Elisa Carrió y Ricardo López Murphy. Según la última encuesta de Enrique Zuleta Puceiro y de la consultora Equis, Kirchner encabeza con 20,6 por ciento de la intención de voto, seguido por Carlos Menem, con un 17,9 por ciento, y por Adolfo Rodríguez Saá, con 17,2 por ciento.

Una de las sorpresas es el ascenso del duro de matar Menem, que intenta convertir la elección en un plebiscito sobre su tercer mandato. Sin embargo ni Menem, ni el anuncio de su paternidad tardía con la ex miss Universo Cecilia Bolocco, han logrado poner calor a esta campaña, que está llegando a su fin sin haber empezado, más virtual que real, televisiva y radial, sin actos callejeros ni majestuosas caravanas.



Ecos del terremoto

El terremoto que barrió del poder a Fernando de la Rúa el 20 de diciembre de 2001 continuó sacudiendo al país durante el año pasado, con la población saliendo a las calles para protestar por todo lo imaginable: la confiscación de los depósitos bancarios, la devaluación, la pesificación de las deudas y los depósitos, el desempleo que llegó al 22 por ciento, la miseria, que golpea a seis de cada 10 habitantes, y la indigencia, que abarca a un tercio de la población. El grito de guerra de todas las protestas era "que se vayan todos", por la decepción popular con el sistema.

El terremoto desmoronó al radicalismo, que casi dejó de existir -su candidato aparece en el rubro 'otros' en las encuestas-, y fracturó en tres al Justicialismo (peronismo). Como dijo el analista Rosendo Fraga a SEMANA, "el bipartidismo, que dominó la política argentina durante un siglo, ha dejado de funcionar como tal, hoy está en crisis y posiblemente en disolución".

Sumido en una crisis terminal el justicialismo, el principal partido, ni siquiera pudo elegir a su candidato pues sus autoridades temían una batalla campal. A pesar de todo el furioso "que se vayan todos" se diluyó y, hoy por hoy, tres peronistas, barones de sus provincias, son los que tienen las mayores posibilidades.

Falta saber cuál. Kirchner, gobernador de la provincia de Santa Cruz, es el candidato del presidente Eduardo Duhalde. Hombre de poco carisma, acostumbrado a su sureña provincia de glaciares y hielos eternos, Kirchner tiene por misión unir al progresismo e impedir el retorno del político más odiado del país, Carlos Menem.

A su favor juega la calma de los últimos meses. Duhalde, que adelantó medio año las elecciones, ha logrado tranquilizar las aguas. La recesión, que el año pasado provocó una caída histórica de 10,9 por ciento del PBI, ha terminado, y los más pesimistas dicen que este año la economía crecerá 3 por ciento.

Duhalde logró adormecer la protesta al repartir subsidios por 50 dólares mensuales para dos millones y medio de desocupados -18 por ciento de la población activa-, al iniciar la devolución de los dineros de jubilados y empleados estatales, al abrir el 'corralito' bancario, al permitir a la gente disponer de sus depósitos -aunque en bonos a varios años de plazo- y al otorgar un aumento salarial días antes de las elecciones.



¿La tercera es la vencida?

Menem remontó el descrédito de sus seis meses de detención en 2001, cuando fue acusado por contrabando de armas, y hoy tiene el electorado más firme, sea entre quienes sueñan volver de vacaciones a Cancún o entre los que recuerdan que durante su gestión compraron su primer televisor a color.

Para el encuestador y analista Manuel Mora y Araújo, Menem va primero entre quienes ya decidieron su voto, que son 30 por ciento. "Tiene un voto sólido, seguro, un piso electoral más alto", dijo a SEMANA.

Con todo, el ex presidente es el candidato que más rechazo despierta. Según la consultora Equis, Menem obtuvo el primer lugar de los candidatos por quienes los encuestados nunca votarían, con 63 por ciento. Por ello, en la segunda vuelta Menem perdería con todos: con Kirchner (24,5 a 53,8), con Carrió (28,2 a 50,9), con Rodríguez Saá (21,9 a 54,7).

Por último está Adolfo Rodríguez Saá, gobernador de San Luis durante 18 años y presidente por una semana al caer De la Rúa. Esos días le bastaron para tomar la medida más audaz de la historia reciente: el default de la deuda externa. Populista, Rodríguez Saá disputa el espacio de Menem: la provincia y las clases bajas.

Hace un año los aires de cambio soplaban fuerte. Era el momento de figuras nuevas, como el izquierdista Luis Zamora o como Elisa Carrió, que encabezaba la cruzada contra los corruptos. Pero Zamora se desinfló al negarse a ser candidato mientras que Carrió, aunque mantiene un importante 12,9 por ciento, ha descendido al quinto lugar.

A pesar de ello la sociedad no se resigna y sigue buscando alternativas. Entre ellas la novedad es Ricardo López Murphy, ex ministro de De la Rúa, que viene subiendo. Este nadador, con cara de bulldog enojado, que propone medidas duras y que es el paradigma del político honesto, pretende ocupar el lugar de Zamora, pero por la derecha, compitiendo con Menem por los votos de ese espacio.

Para Mora y Araújo el escenario está signado por "la inestabilidad, por una volatilidad muy grande, mucha indeterminación. Ni siquiera vale la pena preocuparse por la primera vuelta".

Mirando más allá del resultado, Rosendo Fraga cree que "no le será fácil gobernar al próximo presidente, porque no surgirá de un triunfo mayoritario, como es costumbre aquí. Será electo en la segunda vuelta y en ella será votado por sólo un tercio del padrón electoral".

Si bien los días del "que se vayan todos" han quedado atrás, lo más grave continúa siendo, para Fraga, la "crisis de representación entre la política y la sociedad: el hecho de que hoy no existan líderes mayoritarios, como en el pasado, evidencia que entre la política y la sociedad hay una brecha, que no será cerrada por la elección de un presidente en la segunda vuelta, con un consenso relativo o bajo y ello no facilitará la gobernabilidad".
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