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| 9/29/2012 12:00:00 AM

La ruleta china

En medio del secreto, el país más poblado del mundo se prepara para un inminente cambio de líderes. Aunque sigue creciendo, hay señales de que su modelo se agota. Solo reformas radicales lo sacarían del atolladero.

Para los chinos este es el año del dragón, una criatura que asocian con la fuerza, la sabiduría, la armonía y la buena suerte. Pero para la dirigencia del gigante asiático este es un annus horribilis. No han parado de salir a flote escándalos de corrupción, evidencias del amiguismo en el régimen y rumores de maquiavélicos juegos de poder tras bambalinas. Eso en medio de revueltas obreras, un aumento de las desigualdades y una economía en desaceleración. El modelo que en tres décadas propulsó a China para ser la segunda potencia del mundo está cansado. Este mes de octubre, en una fecha que aún no se ha divulgado, Xi Jinping y una nueva generación de líderes tomará las riendas del país. Su reto es enorme.

A primera vista Xi, de 59 años, parece un cuadro comunista de los miles que habitan la burocracia del régimen comunista. Pero su historia es todo menos aburrida. Hijo de un héroe de la revolución que llegó a ser vicepresidente de Mao Zedong, Xi se crió en Beijing en el exclusivo recinto imperial donde vivían los altos dirigentes. Pero en 1962 su padre cayó en desgracia y la familia lo perdió todo. Pocos años después, durante la Revolución Cultural,  el partido lo mandó al campo para "aprender de las masas". Fueron siete largos años de arar tierra polvorienta en el centro de China. Vivió  en una cueva, sin baño ni cama, con poca comida, carcomido por las pulgas y la soledad.

A finales de los años setenta su padre fue rehabilitado y nombrado gobernador. Gracias a sus conexiones familiares, Xi estudió Ingeniería y se incrustó en el aparato. Con paciencia escaló los puestos del poder: alcalde, burócrata del Ejército, diputado, gobernador, rector de la escuela del partido, inspector de los Juegos Olímpicos y ahora vicepresidente. Dicen que para sobrevivir se volvió "el más rojos de los rojos", aunque localmente impulsó políticas liberales. Pragmático, flexible, miembro de la artistocracia roja, con un conocimiento íntimo de las tramoyas del partido, Xi lo tiene todo para reemplazar a Hu Jintao. El problema es que nadie sabe hacia donde piensa llevar el país.

Y es que la segunda potencia mundial es gobernada en el secreto más absoluto. Se supone que el Congreso que entronizará a Xi está programado para octubre, pero hasta ahora el partido no se ha pronunciado. Salvo nuevos arreglos florales en la plaza de Tiananmen, no hay ningún signo de celebración. El propio Xi desapareció en septiembre dos semanas, sin que se conozca la razón. Y muchos intuyen que el partido es el escenario de una sorda lucha de poder entre Xi y Hu Jintao. Pero no son más que rumores.

Eso tiene a más de uno nervioso, pues el futuro es incierto. Los fundamentos mismos del modelo están amenazados, esa mezcla de industrias público-privadas de exportación, bajos costos laborales, mano de obra flexible, enriquecimiento generalizado aunque desigual y cierta armonía social.

Si en la última década todo fue bonanza, ahora la contracción es notoria. Para 2012 se calcula que la economía crecerá 'solo' 7,5 por ciento, la cifra más baja desde 1999. También muchos temen que estalle una crisis inmobiliaria. En estos años algunos chinos se volvieron desmesuradamente ricos e invirtieron en proyectos extravagantes. En Huaxi, un pueblo de 50.000 habitantes, se inauguró el año pasado un rascacielos de 328 metros de altura, que costó 360 millones de euros, con hotel cinco estrellas, restaurante panorámico para 5.000 comensales y una estatua de un toro en oro macizo en el piso 60. En Hangzhou, una ciudad 'intermedia' de nueve millones de habitantes, el metro cuadrado promedio vale 3,5 veces más que en Manhattan.

Y los ultra ricos siguen gastando como si no hubiera mañana. En 2011 se vendieron más Ferraris en China que en Europa. Para 2015 se calcula que será el primer mercado de lujo mundial y en menos de ocho años las canchas de golf se multiplicaron por tres. Ahora los chinos pueden, a cambio de una acción de entre 60.000 y 1,6 millones de dólares, aprender a jugar polo con entrenadores argentinos. Xia Yang, el fundador del Beijing Sunny Times Polo Club, dijo que "como en China no tenemos nobleza, así nos entrenamos para ser caballeros".

Esa ostentación era impensable hace unos años y ahora está llenando de dudas, preguntas y molestia a muchos. Buena parte de los ultra ricos son astutos empresarios, pero en un país donde absolutamente todo pasa por el Estado, la corrupción y el nepotismo están a la vuelta de la esquina. En la última década la 'nobleza roja' se ha ido quedando con el poder, son familiares de dirigentes del partido, estudiaron en universidades occidentales y ahora tienen las llaves de la sociedad. Quien quiera hacer negocios en China debe pasar por ellos. En el libro 'Cómo administrar un negocio en China' se aconseja rodearse de estos príncipes y ofrecerles "consultorías bien pagas, pues abren numerosas puertas". Emilie Tran, rectora de la facultad de negocios, gobiernos y trabajo social de la Universidad Saint Joseph de Macao, le dijo a SEMANA que "es un gran problema en China, la gente se siente desesperada porque los ricos y poderosos tienen todo y rara vez son castigados".

De ese modo se han profundizado las desigualdades. Un estudio de 2011 mostró que el 10 por ciento más rico controla el 56 por ciento de los ingresos, una disparidad peor a la de Estados Unidos. Los aldeanos, cerca del 50 por ciento de la población, ganan menos del tercio que el resto. Y en las grandes maquilas, donde naufragan miles de campesinos, las tensiones sociales son cada vez peores. Trabajan en mega fábricas militarizadas, en turnos de 10 horas, seis días por semana y sin derecho a la huelga. Pero la época del trabajo dócil parece estar terminándose. 

Para Tran, "en China hay el mismo tipo de lucha de clases que en cualquier sociedad capitalista". En 2011 se registraron 180.000 'incidentes de masa', dos veces más que en 2008. Los suicidios y las revueltas son cada vez más frecuentes. La última fue la semana pasada en una fábrica de Foxconn, donde se elaboran productos Apple. Mil obreros se enfrentaron con los guardias de seguridad, acusándolos de imponer métodos de "gangsters". A los empresarios poco les importó, pues "tenemos 1,1 millones de trabajadores en China, podemos moverlos de un lado a otro sin problema". Xiaobo Lu, politólogo de la Universidad Texas A&M, le dijo a SEMANA que "a causa de la política del hijo único, la demografía está cambiando. La escasez de mano de obra joven es inminente. China ya no puede depender de un modelo basado en el trabajo barato orientado a exportar".

Pero la represión no va a funcionar siempre. Los chinos, a pesar de la censura, son cada vez más activos en las redes sociales, hay periódicos críticos y aunque China sigue siendo un imperio arbitrario y provocador de miedo, los escándalos se le empiezan a salir de las manos al partido comunista. Xiaobo Lu, exdirector del Columbia Global Center de Beijing, (y homónimo del anterior) le dijo a SEMANA: "En las últimas tres décadas había un contrato social claro: hazme rico y te apoyo. Ahora hay clases medias que ya no quieren solo dinero sino libertad, información. Las viejas instituciones no están diseñadas para eso, se necesitan nuevas estructuras. Es un desafío crítico. No sabemos si quieren cambiar, pero si no lo hacen, tarde o temprano tendrán que hacerlo. Y será trágico".
 
Cifras rojas


El partido comunista chino, el más grande del mundo, decide casi todo y su rol se funde con el funcionamiento del Estado. Datos:

83 millones de militantes.

1 secretario general: Hu Jintao, que será reemplazado por Xi Jinping

9 miembros del comité permanente del Buró Político: es la cúpula del poder, que incluye el vicepresidente, el primer ministro y los principales líderes de China. Se supone que siete de los nueve miembros serán reemplazados.

25 miembros del Buró Político: la antesala del poder, ahí se reúnen una vez por mes poderosos políticos y trazan la dirección del país.

240 miembros del Comité central: se reúne una vez por año. Nombra el secretario general, los miembros del Buró político y los de la comisión militar central. Se renueva cada cinco años, cuando se reúne el Congreso Nacional del Partido. Entre 60 y 65 por ciento de los miembros serán reemplazados.

34 secretarios provinciales: dirigen las regiones, siguiendo la línea política central.

2270 delegados asistirán al 18 Congreso Nacional del Partido Comunista en Beijing en octubre. Hay representantes de 40 circunscripciones, que incluyen las regiones, el Ejército popular de liberación el gobierno central, la organización central del partido, los bancos centrales, las instituciones financieras y las empresas públicas.
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