Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1988/08/01 00:00

LA SEGUNDA REVOLUCION RUSA

Régimen presidencial, parlamento bicameral y limitación del poder del Partido, la revolucionaria propuesta de Gorbachov.

LA SEGUNDA REVOLUCION RUSA

El chiste ha venido circulando en Moscú durante meses. Según éste, dos ciudadanos se encuentran haciendo una larga fila para comprar alimentos y uno de ellos, desesperado, anuncia que no aguanta más la situación de escasez y que va a ir al Kremlin a matar a Gorbachov.
Al cabo de horas, el asesino en potencia vuelve a la fila y se encuentra con su amigo. "¿Lo mataste?", pregunta éste. "Debes estar bromeando--responde el otro--, la fila allá es todavía más larga que ésta".

Posiblemente, hasta eso va a cambiar en la URSS si Mikhail Sergeievich Gorbachov logra poner en práctica la victoria que obtuvo en el papel el pasado viernes en el Palacio de Congresos en Moscú, al cierre de la Conferencia número 19 del Partido Comunista Soviético. El evento--el primero de su género en 47 años--se constituyó hasta ahora en el más fuerte espaldarazo político recibido por este hombre de 57 años que en cuestión de meses ha revolucionado las ideas que se tenían en la nación comunista más poderosa del planeta. Al cabo de cuatro días de intensas discusiones que congregaron a 4.991 delegados representantes de cerca de 20 millones de miembros del PCUS, el actual jefe del Kremlin consiguió la aprobación de seis resoluciones que --de ser puestas en práctica--van a dividir en dos la historia de la URSS.

BIENVENIDA DEMOCRACIA
La meta que se quiere buscar no es fácil. Para decirlo de manera global, Gorbachov quiere promover cambios que van desde la forma de escoger a los funcionarios del Estado, hasta la manera como el soviético medio se comporta en el trabajo.

Sólo el éxito de esas iniciativas --dice Gorbachov--puede evitar el deterioro en el nivel de vida en la URSS. "Lo que está en juego es el futuro del país, el futuro del socialismo" afirmó el martes pasado en la apertura del evento, el dirigente llegado al poder en 1985.

El reto no es nada fácil. A pesar de su fortaleza militar y de sus impresionantes éxitos a nivel de la medicina o de la conquista del espacio, la Unión Soviética es un país de segundo orden cuando se mira cómo habitan sus 280 millones de personas. La comida es escasa y de mala calidad y aunque nadie se muere de hambre, las tiendas del Estado ofrecen tan solo un reducido número de productos. Los vegetales y la carne fresca son una rareza. A nivel de vivienda, es corriente que las familias se hacinen en departamentos de una o dos alcobas. La calidad de los servicios es francamente pésima. El teléfono es todavia un lujo, los restaurantes son malos y la atención es una pesadilla. Los hospitales son sucios y mal equipados, al igual que las escuelas. En fin, el soviético medio debe hacer un curso en paciencia y frustraciones durante toda su vida.

Claro que hay luz al final del túnel, si uno le cree a Gorbachov. A pesar del pesimismo de sus críticos en la URSS y del escepticismo de los conservadores en Occidente que sostienen que el problema básico es el comunismo, el líder del Kremlin cree que se puede salir con la suya. La combinación de reformas politicas y de innovaciones económicas le permitirían a la Unión Soviética enrutarse en la senda correcta.
Eso, por lo menos, es lo que considera Gorbachov. Desde que se consolidó en el poder a finales de 1985 el secretario general del PCUS ha promocionado a los cuatro vientos sus ideas sobre Glasnost (transparencia) y Perestroika (reestructuración). La primera ha empezado ya a dar frutos y se ha visto en la apertura de la prensa, en la nueva libertad para los intelectuales y en la revisión a la historia (ver recuadro). La semana pasada, por ejemplo, buena parte de las discusiones se transmitieron en directo y tanto los diarios Pravda e Izvestia, como la agencia de prensa Tass, cubrieron con bastante eficiencia el desarrollo de las díscusiones.

PERESTROIKA O NADA
El cambio real, sin embargo, tiene que ver con la Perestroika. Es en esta que Gorbachov ha concentrado sus baterías y en cuya aplicación ha encontrado más enemigos. En su honor el mandatario soviético escribió un libro y a causa de éste fue que se convocó la Conferencia de la semana pasada. La idea de cambiar las cosas le cae muy mal a las personas que durante años han disfrutado los beneficios del actual sistema. No obstante el secretario general no cede en sus argumentos. "No existe alternativa para la Perestroika", sostuvo en el discurso de clausura del evento el viernes pasado.

El problema, sin embargo, sigue siendo que sólo Gorbachov y unos cuantos fieles parecen estar convencidos de ese diagnóstico. Con todo y el éxito que tuvo la Conferencia del PCUS, aun los más optimistas reconocen que faltan años de esfuerzos.

Claro que a primera vista todo se ve muy sencillo. En Moscú, Gorbachov abrió la reunión haciendo varias propuestas consideradas revolucionarias (ver recuadro) que acabaron siendo aprobadas y que serán remitidas a consideración del Congreso del PCUS que tendrá lugar en 1991, el cual dará un veredicto definitivo.

Si en esa fecha el líder soviético puede lograr lo mismo que ahora, sus reformas "están hechas". En esta ocasión, Gorbachov tomó la batuta de la Conferencia y no la solto hasta el final. De una manera habilísima, el secretario general concedió la palabra, interpeló a los oradores, concretó a los que elucubraban e impidió cualquier revuelta. A lo largo de los cuatro días y flanqueado por Andrei Gromyko y Yegor Ligachev, Gorbachov se mantuvo atento en su puesto central, mientras tomaba de cuando en cuando sorbos de un vaso de leche que un asistente le llenaba con regularidad.

El dominio fue tanto que el número uno del Kremlin se dio el lujo de estimular los debates encendidos, seguro ya de que la mayoría de los delegados había tomado partido en su favor. El punto máximo de la apertura tuvo lugar el viernes en la mañana cuando el último de los oradores fue Boris Yeltsin, un ultrapartidario de la Perestroika quien fue despedido de la jefatura del partido en Moscú a finales del año pasado por su "exceso de celo". De manera enfática, Yeltsin pidió ser rehabilitado y sostuvo que sus críticas contra Ligachev (el número dos del Kremlin) transmitidas hace un mes por la CBS habían sido tomadas "fuera de contexto".

El mensaje fue reseñado por la prensa y Gorbachov en su discurso reiteró que Yeltsin había sido degra dado con justeza. A pesar de reconocer su apoyo a las reformas, el secretario general anotó que el ex jefe de Moscú se había extralimitado en su funciones.

Ese comentario debió satisfacer los conservadores que se quejan de que los cambios van muy rápido. Aunque el éxito de Gorbachov fue total, no por ello las tiene todas consigo. Consciente de esto, el líder de Kremlin se ha cuidado de no proponer cosas extremas y entre sus propuestas a la Conferencia de la semana pasada no estaban algunas de las más avanzadas.

EL CAMBIO VIENE
No obstante, lo aprobado es desde ya significativo. Sin duda alguna, le más impresionante son los cambios políticos que se avecinan, votados por unanimidad, y que deben convertirse en realidad en el otoño de 1989. Según la medida, la constitución será reformada para permitir la existencia de un nuevo cuerpo político, el Congreso de Diputados del Pueblo, el cual a su vez dará origen a los demás órganos e instituciones que se desean.

Tal como están las cosas, las elecciones a los Soviets locales de las repúblicas y las formaciones de 105 cuerpos directivos de los mismos a nivel territorial, regional, cantonal y municipal, tendrán lugar en el segundo semestre del año próximo. Paralelamente, el Comité Central del PCUS deberá acabar antes de fin de año una "reorganización" del Partido para cumplir con el objetivo de separar las funciones de éste de las del Estado.

Toda esa cadena de cambios no le impresiona, sin,embargo, a algunos observadores. Si bien no hay duda sobre las buenas intenciones de Gorbachov, aún parece dificil que el PCUS sea capaz de autodisciplinarse y desprenderse de buena parte de sus prerrogativas. En Moscú todavía se recordaba la semana pasada que la elección de los diputados a la Conferencia estuvo plagada de irregularidades, a pesar de las instrucciones dadas por el Kremlin en sentido contrario.

Además, siempre es fácil enterrar las ventajas prácticas del nuevo Congreso, modelándolo a la imagen y semejanza de los cuerpos existentes.
Los candidatos a éste, por ejemplo, pueden ser asignados por el Partido (tal como sucede en Hungria) sin que en términos prácticos se produzca la apertura. Al mismo tiempo, hay dudas sobre la acumulación de poderes en cabeza del jefe de Estado, quien sería casi omnipotente en términos prácticos. A pesar de que eso puede contribuir a hacer más rápidas las reformas que seguirian, un lider que se maneje mal puede hacer horrores.

Esas y otras dudas empezaron a oirse tan pronto se terminó la conferencia del PCUS la semana pasada.
La meta parece tan ambiciosa y los obstáculos tan grandes que mucha gente se resiste todavía a creer que Gorbachov se va a salir con la suya.

Lo que parece por ahora seguro es que las transformaciones económicas toman tiempo. Más aún, se van a presentar situaciones impopulares --tal como se desea-- se empiezan desmontar ciertos subsidios. Hasta el momento los reportes venidos de Moscú sostienen que el grueso de la populación se muestra apático y escéptico ante las reformas, lo cual hace pensar que va a pasar mucho tiempo antes de que esa fila imaginaria de gente en el Kremlin se empiece a quedar sin voluntarios.

LAS 10 PROPUESTAS
El vendaval se produjo bajo los ojos del mismísimo Lenin. En frente de los 4.991 delegados asistentes a la Conferencia No.19 del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mikhail Gorbachov pronunció el martes pasado un discurso que sorprendió a los asistentes al Palacio de Congresos, un edificio de vidrio y concreto ubicado no muy lejos del Kremlin. En medio de un mensaje inaugural de tres horas y media de duración (la Pestroika tiene sus límites...), el líder soviético hizo diez proposiciones que impresionaron a los observadores dentro y fuera de la URSS. Los puntos tocados por el dirigente fueron:

1. Creación de un Congreso de Diputados del Pueblo, un nuevo órgano político que seria elegido cada cinco años y tendría 2.250 participantes. El Congreso se reuniria una vez al año pero a su vez elegiría a los miembros de un órgano permanente, el Soviet Supremo de la URSS, el cual tendría la autoridad más alta y estaría compuesto por 400 ó 450 personas.

2. Elección por voto secreto (por parte del Congreso de Diputados) del presidente del Soviet Supremo.

3. Acumulación de funciones del secretario general del Partido y del jefe de Estado con poderes más amplios que los que tiene el actual presidente del Presidium del Soviet Supremo (Andrei Gromyko). El nuevo jefe de Estado propondría el nombre del Primer Ministro al Parlamento, dirigiria el Consejo de Defensa y tendría a su cargo las cuestiones mas importantes de la política interna y externa del país.

4. Creación de un comité constitucional (elegido por el Congreso) encargado de velar por la conformidad de las leyes aprobadas, con la constitución.

5. Aumento de la duración del mandato de los diputados de los Soviets locales, el cual pasaria de cuatro a cinco años. Cada Soviet regional seria dirigido por los secretarios locales del Partido--a manera de "sugerencia"--, aunque los delegados podrían votar en contra.

6. Reducción del periodo de los dirigentes del partido a cinco años, con posibilidad de reelección una vez y dos en circunstancias excepcionales.
Actualmente, no hay ni tiempo fijo ni límite de edad para los dirigentes soviéticos.

7. Supresión de los departamentos del comité central correspondientes a ciertos sectores gubernamentales y reducción en el número de efectivos permanentes.

8. Política de no intervención del Partido en los asuntos del Estado.

9. Vasta reforma judicial que debe incluir el respeto a la presunción de inocencia. Mayor autonomía para los entes regionales de justicia los cuales elegirían a sus jueces por periodos de diez años.

10. Una asamblea plenaria del comité central será consagrada al problema de las nacionalidades. No obstante, ninguna frontera interior será modificada.

LA RULETA RUSA
La Perestroika ha llegado hasta los cementerios. En su afán por cambiár el estado de cosas en la Unión Sovietica, Gorbachov y "sus muchachos" no han dejado piedra sin mover. Si el actual jefe del Kremlin se ha preocupado por los asuntos de los vivos, varios de sus asesores se han venido metiendo con los muertos
Es por esa razón por la cual en la Conferencia del PCUS escenificada la semana pasada había varios fantasmas, además de los delegados de carne y hueso. Practicamente todos los ex dirigentes sovieticos estaban allí, comenzando--obviamente--por Lenin y terminando con Chernenko, el predecesor de Gorbachov. Su suerte, no obstante su rango, no fue la mejor. Quizás con la única excepción del padre de la patria cuya figura dominó la Conferencia, el resto de fantasmas fue duramente criticado por delegados que hace apenas unos años eran juiciosos miembros del establecimiento.

Sin embargo, los tiempos cambian y la historia tambien. A pesar de que todavía muchas de las reformas que se esperan no se han concretado, por lo menos en un área especifica--la historia-Gorbachov ha dejado su marca. Las variacianes son tantas que en mayo se anunció que los exámenes de historia contemporánea de la URSS habian sido aplazados indefinidamente. Los libros actuales no son compatibles con, la nueva versión de los hechos y por lo tanto los escolares deben esperar hasta que se impriman los textos con los cambios debidos.

Claro que en la nueva versión no todos los que estuvieron en altas posiciones han salido perdiendo. Una buena parte de los dirigentes que fueron purgados en época de Stalin han sido rehabilitados e incluso ha habido ciertas alabanzas para Nikita Kruschev, el antecesor "ideológico" de Gorbachov que fue remplazado a mediados de los sesenta por Brezhnev. Las cosas han llegado hasta tal punto que la semana pasada un delegado a la conferencia del PCUS llegó a hablar en términos "amables" de Trotsky, el lider que perdió la lucha por el poder con Stalin y que cayó asesinado en México hace medio siglo por orden suya. Durante años, el calificativo de "trotskista" ha sido un insulto tan grave como el de " burgués", pero ahora parece que los comunistas soviéticos van a tener que inventarse otro término.

Hasta el momento, la injuria que va ganando parece ser una por el estilo de "brezhnevista". En efecto, si la semana pasada la Conferencia del PCUS llamo la atención sobre los rehabilitados, lo hizo todavia más sobre los hundidos. Entre éstos el que mas se encuentra en el fango es losef Stalin, quien ya no es el "padrecito" sino el tirano. A tres décadas y media de su muerte, Stalin ocupa el primer lugar en el Panteón del oprobio Libros, películas y articulos aparecen todos los dias denigrando al "dictador de Ucrania" que durante 30 años condujo con mano de hierro los destinos del país.

No obstante, insultar a Stalin va no tiene mucha gracia. Aparte de que el sucesor de Lenin es algo así como un fuera de concurso entre los malvados, su estrella ya se había apagado en época de Kruschev cuando arribó la primera oleada revisionista.

En cambio Brezhnev resistio hasta hace poco. A pesar de que las criticas veladas comenzaron hace un tiempo, no fue sino hasta la semana pasada que la retórica se desató del todo. La demora en la caida de Brezhnev se explicó debido a que buena parte--si no todos--de los dirigentes actuales desarrollaron su carrera bajo el "camarada" Leonid. Indirectamente las criticas al pasado reciente le caen a todos y todavia varios miembros del Politburó provienen de esos años.

Sin embargo, como los muertos no hablan, en la conferencia del PCUS se acabó la timidez. Brezhnev fue ridiculizado e insultado e incluso el delegado Vladimir Melkínov llegó a pedir la cabeza de cuatro grandes de la década pasada que se encuentran en el gobierno, incluido el propio Andrei Gromyko quien es el actual Jefe de Estado nominal de la URSS. La excitación llegó a tal punto que Gorbachov tuvo que Intervenir y hacer un llamado para que no se comience con la cacería de brujas. La mesura del actual líder es explicable. Al fin y al cabo Gorbachov sabe que el tiempo pasa y que si que si quiere aparecer bien en los libros de historia tiene que comportarse pare que el camarada Mikhail de hoy, no sea descrito como un tirano mañana.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.