Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1995/07/17 00:00

LA SEMILLA DEL ODIO

Latoma de más de 2.000 rehenes en la ciudad de Budenovsk, al sur de Rusia, ha demostado que la guerra de Chechenia se acerca cada día más a Moscú.

LA SEMILLA DEL ODIO

EN UN PAIS LLENO DE SERVICIOS SECRETOS, en una región colmada de tropas del Ejército, del Ministerio del Interior, y de todos los distintos organismos armados, los rebeldes chechenos se dieron el lujo de ocupar una población en pleno día, y de mantener, hasta el cierre de esta edición, un hospital minado, atiborrado de rehenes.
El hecho es tan grave, que el primer ministro Víctor Chernomyrdin se vio forzado a terminar sus vacaciones en el mar Negro, que ni siquiera el terremoto de las islas Sajalín lograron interrumpir. El presidente Boris Yeltsin lo dejó a cargo y viajó a Halifax, a la Cumbre del Grupo de los Siete, dejando en el país un hospital a punto de estallar y una tormenta política.
El Consejo de la Federación, la Cámara Alta, no tuvo ni siquiera quórum para reunirse, pues en Moscú hace un calor insoportable completamente inusual. La sesión se aplazó hasta el 4 de julio.
Así las cosas, la Duma quedó sola, en el centro de la escena política. El viernes, los parlamentarios se quitaban la palabra para inculpar al gobierno. Diputados de las más diferentes gamas políticas, apoyaron la moción de hacer un voto de confianza en el gobierno el 23 de junio. El reformista Grigory Yavlinsky encabezó el ataque, y exigió a Yeltsin quedarse en el país, y decir que lo que sucede en Budenovsk es el inicio de la guerra civil. "Los que desencadenaron esta guerra, los que permitieron que empiece, deben responder por lo que está sucediendo hoy ", dijo. El Partido Comunista se unió a las protestas, y hasta Rusia Democrática, el partido del ex primer ministro Yegor Gaidar, exigió la renuncia de los ministros de fuerza.
Mientras tanto, el fantasma de la guerra, como dice Yavlinsky, se esparce por Rusia. El gobierno reforzó todas las medidas de seguridad en Moscú. Policías controlan los pasaportes de todas las personas con apariencia caucásica, en los metros y estaciones del tren. En Budenovsk, la población se amotinó para exigir garantías al gobierno. El comandante del regimiento cosaco de Budenovsk declaró que luego de la liberación de los rehenes tiene la intención de sacar de la ciudad a los representantes de las nacionalidades enemigas. La noche del 14 de junio, las fuerzas de seguridad reunieron a decenas de familias chechenas de la ciudad, quizás para cambiarlas por los rehenes.
De esta manera, rápidamente, la guerra de Chechenia se ha extendido, como una mancha de petróleo, sembrando la semilla del odio entre pueblos que vivieron durante décadas como hermanos, lo que ha generado la desconfianza entre distintas religiones -musulmanes contra crisitanos ortodoxos- y preparado conflictos de cada vez mayor envergadura.

EL BOOMERANG DE LA GUERRA
Las tropas rusas dicen ir ganando sobre el terreno militar. Controlan la totalidad de pueblos y ciudades de Chechenia. Pero no controlan los campos ni las montañas, donde los rebeldes reinan. Estos, en retroceso militar, tienen a su favor el odio masivo de la población contra los ocupantes rusos.
Los crímenes cometidos por las tropas rusas han sido denunciados internacionalmente. "Los soldados rusos no han mostrado la más mínima consideración por las vidas civiles en Chechenia", dice un informe de la organización 'Human Rights Watch', de Estados Unidos.
Grosny, la capital de Chechenia, está en ruinas. Solo quedan 250.000 de sus 400.000 habitantes de antes de la guerra. No hay agua, el gas se vuela por las grietas de las cañerías, nadie quiere ni siquiera reconstruir la ciudad, pues el gobierno central no ha dejado ni un rublo para ello.
Aun si la guerra terminara con un claro triunfo militar para Rusia, ahí solo empezarían sus problemas. Los chechenos tienen una tradición de lucha. Casi todo el siglo pasado resistieron la dominación zarista. Durante Stalin sufrieron la deportación en la que murieron alrededor de 200.000 personas. Su derrota puede significar el inicio de una larguísima guerra, en todo el Cáucaso y el sur de Rusia.
En Rusia misma, hace tiempos que la guerra es impopular. Las madres de los soldados desaparecidos o muertos han creado un movimiento nacional y han establecido su comando general cerca de la frontera con Chechenia, para tratar de recuperar a sus hijos.
Obviamente, el ataque a Budenovsk es repudiado por toda la población. Pero las culpas recaen sobre el gobierno, al que todos hacen responsable de haber desatado esta cruenta guerra, y de no haber dejado a los chechenos ninguna otra salida que los ataques terroristas.
Más aún, la gente se pregunta cómo puede ser que todos los servicios secretos no hayan podido detectar esta acción, cuando desde hace seis meses está pendiente la amenaza de ataques terroristas.
El comandante de la operación de Budenovsk, Shamil Basayeb, declaró en la rueda de prensa que realizó adentro del hospital, que sus intenciones eran haber llegado hasta Moscú "para ver si Yeltsin se atreve a bombardearnos ".
Pero si la situación interna de Rusia está a punto de ebullición, en el exterior, la reputación de Yeltsin está por el suelo. El presidente ruso se dirigió a Halifax con el país ardiendo, esperando encontrar allí un respaldo firme para aplastar a los terroristas.
Si bien el Grupo de los Siete puede enérgicamente reprobar la acción chechena, eso dista mucho de un cheque en blanco al gobierno de Yeltsin, que ha caído bajo el fuego de las acusaciones por la desastrosa conducción de la guerra.
El boomerang de la guerra se ha vuelto contra Moscú.

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