Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 1/2/1995 12:00:00 AM

LA SUERTE ESTA ECHADA

La victoria de los serbios en la guerra civil de Bosnia parece irreversible, casi tanto como el desprestigio de la ONU y la Otan.

PARA LOS EFECTOS PRACTICOS, LA GUERRA civil de Bosnia ha llegado a su momento decisiva La semana pasada los soldados serbio-bosnios, junto con sus aliados serbio-croatas y hasta con un contingente de musulmanes desafectos al régimen bosnio de Alija Izbetegovic, llegaron hasta las puertas de la localidad de Bihac, el enclave más occidental del gobierno de Bosnia-Herzegovina (dominado por los musulmanes). Por lo que parecía, la guerra iba en camino de resolverse de la forma como tradicionalmente se culminan las guerras: con el triunfo de una de las partes. En esta ocasión los serbios de la región, tanto los de Bosnia, como los de Croacia, como los de la propia Belgrado, lograron acercarse al sueño que los ha impulsado durante los 31 meses que lleva la guerra: la creación de la Gran Serbia, un territorio continuo desde la frontera oriental de la antigua Yugoslavia hasta la costa del Adriático.
El colapso de las tropas mayoritariamente musulmanas del gobierno bosnio de Sarajevo llegó como prueba máxima de la desorientación y falta de criterio del propio Izbetegovic. La fase final comenzó en octubre, cuando el V Ejército bosnio-musulmán se lanzó a una errática ofensiva hacia el oriente. Era evidente que un cuerpo desconectado de su capital, Sarajevo, y equipado con armamento mucho menos potente que el de sus adversarios, llevaba las de perder. Después de ganar unos 95 kilómetros (que hicieron a algunos pensar que los bosnios comenzaban a cambiar el curso de la guerra), los serbios-bosnios contraatacaron. Esta vez contaban con nuevos lanzarnisiles proveídos por el gobierno de Belgrado, y con el apoyo de los serbio-croatas que ocupan la región de Krajina, en la vecina Croacia. El colapso musulmán era cuestión de tiempo.
La derrota militar no es, bajo ningún punto de vista, el mejor medio de terminar un conflicto, porque los vencidos y sus aliados siempre tratarán de buscar, tarde o temprano, revertir las cosas al estado en que se encontraban antes de la guerra. En este caso, además, los musulmanes del mundo van a tener a Bosnia como el mejor ejemplo de que Occidente no es un amigo confiable, ni siquiera -o sobre todo- cuando el país musulmán afectado está situado en la propia Europa.
Pero es que, después de meses de gestiones infructuosas, ni los enviados de la Comunidad Europea, ni el secretario de la Organización de Naciones Unidas (ONU) Boutros Boutros-Ghali, lograron ni un asomo de arreglo. El posible desenlace del conflicto bosnio ha subrayado, por encima de toda duda, la incapacidad tanto de la ONU como de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), para enfrentar los conflictos regionales.
Bihac era uno de los refugios 'protegidos' por los cascos azules de la ONU, pero fue de allí de donde partió la ofensiva bosnia que dio lugar al contraataque demoledor de sus enemigos. Y cuando éstos bombardearon la ciudad en retaliación, la ONU autorizó a la Otan a atacar por aire el aeropuerto desde donde habían salido los aviones serbios, en Krajina. Pero aunque se trataba de "la mayor operación aérea de la historia de la organización", los resultados fueron ridículos. Los 39 cazabombarderos pusieron fuera de servicio una pista secundaria y se cuidaron de atacar la torre de control y los propios aviones serbios en tierra. La razón de tanta prudencia fue evitar que los serbios tomaran represalias contra los cascos azules que están diseminados en las zonas de conflicto. En esas condiciones, no resultó sorprendente que los serbios, lejos de amilanarse, siguieran adelante como si nada hubiera pasado.
La indecisión de la Otan puso de presente, por lo demás, que la unidad de la alianza atlántica dependía más de la amenaza soviética que de la verdadera identidad de intereses entre sus miembros. Ahora quedó evidenciado que lo que es bueno para Francia y Gran Bretaña, no lo es necesariamente para Estados Unidos. Por ejemplo, para los países europeos, particularmente para Francia (traumatizada por los problemas de su ex colonia Argelia), el prospecto de un país musulmán fuerte en la propia Europa no es nada atractivo, sobre todo ante las vinculaciones del gobierno de Sarajevo con Irán. En cambio Estados Unidos venía insistiendo en defender a los bosnios (al punto de levantar el embargo de armas para que se rearmaran), porque para Washington proteger a un gobierno islámico moderado como el de Bosnia es un modo de demostrar que Estados Unidos respaldará a todos los gobiernos seculares y antifundamentalistas. La razón de fondo de esa divergencia es que ese país está a miles de kilómetros del foco del problema, mientras los europeos lo viven en su patio trasero.
La semana pasada, por fin, el gobierno de Washington reconoció la realidad de la guerra y dejó de lado su actitud de mano fuerte contra los serbios, en un movimiento destinado a suavizar las discrepancias en el seno de la Otan. Pero ahora se encuentra entre dos fuegos, porque la poderosa oposición republicana presiona para que se reasuma la política antiserbia.
En esas condiciones, lo que podría suceder es que la guerra siga su curso, que parece indefectiblemente proserbios, y los cascos azules salgan con el rabo entre las piernas. Sería una humillación máxima para Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, y la demostración de que el famoso nuevo orden mundial es la antesala de una peligrosa anarquía universal.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.