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| 4/24/2010 12:00:00 AM

La tercera fuerza

El ascenso del liberal demócrata Nick Clegg ha puesto a temblar al sistema bipartidista que domina la política británica desde hace más de 60 años.

Las elecciones en el Reino Unido son la prueba de que en política todo puede cambiar de la noche a la mañana. A solo dos semanas de que los británicos escojan el partido que podrá formar un nuevo gobierno, aún nadie sabe con certeza qué sucederá. La campaña está más emocionante que nunca por cuenta de Nick Clegg, un joven político que amenaza con destronar a los laboristas y conservadores, los partidos dominantes liderados por el primer ministro Gordon Brown y David Cameron, respectivamente.

Clegg, de 43 años, ha trabajado como periodista y funcionario de la Unión Europea. Entró a formar parte del Parlamento en 1999 y desde hace tres años dirige a los liberales demócratas, un partido que desde los años 20 dejó de ser alternativa de poder. Es menos conocido que los jefes de las agrupaciones mayoritarias, pero tiene la ventaja de ser carismático y de contar con el respaldo de los más jóvenes, cansados de la política 'tradicional'. De hecho, tal ha sido el impacto que ha causado su irrupción en la escena que algunos comparan su campaña con la de Barack Obama en 2008, porque como dijo recientemente "la gente está empezando a creer que las cosas pueden ser diferentes".

Su repentina popularidad obedece a que por primera vez los líderes de los partidos participan en debates televisados, lo cual le ha permitido figurar en los medios y alterar la intención de voto que hace un par de meses dominaba Cameron. El dirigente de los tories personificaba el cambio y todos daban por descontado su triunfo sobre los laboristas, quienes ostentan el poder desde hace 13 años. Sin embargo, después de enfrentarse cara a cara, Clegg consiguió robarle el protagonismo y probar que es una verdadera opción de gobierno.

Durante el primer debate, el líder liberal demócrata se convirtió en la estrella del show y supo sacar provecho de la pelea casada entre Brown y Cameron. En esa oportunidad, por ejemplo, le preguntó a la audiencia "¿se han dado cuenta de que mientras más se atacan entre ellos, más se parecen el uno y el otro?". Clegg desafía a los movimientos tradicionales, pero sobre todo insiste en reformar la política exterior. A diferencia de sus contrincantes, es el aspirante más europeísta, rechaza la injerencia de Estados Unidos y apoya el desarme nuclear y la legalización de inmigrantes. Así quedó demostrado en el segundo encuentro por televisión del pasado jueves, en el que logró sortear las críticas de sus contendores, quienes a su vez dejaron claro que no están dispuestos a ceder.

Hasta el momento, Clegg repunta en las encuestas, pero en términos reales ese cambio en el clima de opinión no es suficiente debido a las reglas de juego del sistema electoral británico. Para que un partido gane debe obtener la mayoría absoluta en el Parlamento, lo que según los sondeos no va a ser posible. Si ello se confirma, será necesario formar un gobierno de coalición, algo que no ocurre desde 1974. En ese escenario, el líder liberal demócrata es una figura clave, pues si su partido logra un buen número de bancas en la Cámara de los Comunes, aumentan sus posibilidades de negociar una alianza. En pocas palabras, de él dependería la victoria de los laboristas o de los tories.

Según dijo a SEMANA Andrew Russell, profesor de la Universidad de Manchester y experto en política inglesa, "Clegg ha probado ser 'una plaga en ambas casas', pero es improbable que su éxito reciente le alcance para llegar al cargo de primer ministro". La competencia está muy reñida y el liberal demócrata todavía no muestra sus cartas. Falta un debate sobre economía, y cualquier cosa puede pasar antes de las elecciones de mayo que definirán quién será el inquilino del número 10 de Downing Street durante los próximos cinco años.
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