Domingo, 22 de enero de 2017

| 1991/07/15 00:00

LA ULTIMA DE FIDEL

ENTREVISTA:FIDEL CASTRO

LA ULTIMA DE FIDEL

LA REVISTA ESPAÑOLA Tiempo publicó en su último número una extensa entrevista de la periodista María Asunción Mateo con el presidente cubano Fidel Castro, cuyo país atraviesa la época más difícil desde que el sistema comunista se impuso en 1959. Castro hace recuerdos infantiles, defiende su destino histórico y habla de su vida personal. La importancia de los comentarios de Castro es indudable y, por esa razón, SEMANA reproduce los apartes más importantes de ese documento periodístico.

MARIA ASUNCION MATEO: Comandante, se dice que si se busca al hombre, se encuentra la historia. Yo, partiendo de la historia, quiero descubrir al hombre. ¿Se puede disociar al comandante Castro del que cada noche se desprende de su uniforme?
FIDEL CASTRO: Para mí no es muy fácil, porque cuando uno se quita el uniforme quedan en la mente todavía muchas cosas que han ocurrido durante el día, al igual que cuando uno se levanta por la mañana le quedan algunos recuerdos de lo que ha soñado por la noche. Pero en general, trato de desconectarme, ayudado, sobre todo, por los libros.

MAM: ¿Por qué siempre el uniforme? ¿Encierra algún simbolismo?
FC: El uniforme, igual que la barba, no tiene nada de intencionado ni ningún significado especial. Como durante la lucha no disponíamos de navajas ni cuchillas de afeitar, crecía la barba, crecía el pelo, y esto, sin que nadie se lo propusiera, se fue convirtiendo en un símbolo. De tal manera que los campesinos, la población, distinguía al guerrillero revolucionario por la barba. Llegó a ser nuestra identificación, incluso una medida de seguridad, porque cuando trataban de enviar agentes para penetrar nuestras lineas, tenían que prepararlos con mucha anticipación. En cuanto al uniforme, se ha convertido en una comodidad. Lo vestimos durante la guerra, nos habituamos a él, igual que el monje se habitúa a su ropa, la enfermera a su cofia... Y después resulta una cosa muy cómoda y, desde luego, la más económica. Ahora bien, no estoy siempre de verde, por la noche, al llegar a casa, me pongo un pijama o cuando voy al mar me pongo un short, porque no puedo nadar en uniforme...

MAM: Tiene fama, como los grandes hombres, de dormir poco. ¿Es la vigilia buena compañera?
FC: Bueno, esa fama tal vez no sea tan fundada; no duermo en exceso, pero procuro hacerlo por lo menos cinco o seis horas, aunque no lo hago con facilidad. Se dice que cuando Napoleón quería dormir lo lograba durante el tiempo que se proponía, media hora, una hora...Y a veces lo hacía sobre su caballo (...)
MAM: ¿ Qué acostumbra leer?
FC: De todo..., pero cuando llego a casa y me meto en la cama, intento no leer los papeles con los que cargo todas las noches, prefiero hacerlo en el carro(...) Siempre suelo tener cerca de la cama cuatro o cinco libros y los elijo según las circunstancias. Si es un libro científico, de biotecnología, medicina o economía -que es la más inexacta de todas las ciencias no los cojo. Prefiero leer un tomo de los Episodios Nacionales, que me obsequió Felipe González. (...) A veces me pongo a leer unos que están muy de moda y son muy interesantes que se llaman Historias de la Vida Privada, escritos por un grupo de autores y que comienzan en Roma y cuentan cómo era la vida de la familia, las costumbres...Son fascinantes. Pero hay un personaje que me interesa mucho, Simón Bolívar, sobre el que leo lo que encuentro. Se habla del César, de Alejandro, de Ambal, de Napoleón, de muchos de esos grandes hombres, pero a mí me parece que entre los más extraordinarios guerreros, políticos y personajes de la historia, está Bolívar. Me entusiasma su vida y leo su biografía por diferentes autores (...). Otras veces leo novelas que no tuve tiempo de leer en mi época de estudiante o en la de preso, que fue cuando más leí, porque era dueño absoluto de 14 ó 15 horas diarias. Me gustan mucho también las novelas de García Márquez...

MAM: ¿ Qué queda en el comandante Castro de aquel joven que un día lo dejó todo para iniciar la revolución ?
F.C:Yo creo que realmente nunca dejé nada, ni tuve la impresión de que dejara algo. No se puede ver mi vida como aquel que en un momento dado lo abandona todo, como pedía Jesucristo, para seguirlo. Yo nunca tuve esa sensación. Creo que siempre fui inquieto, rebelde desde muy temprano. Alguno de los episodios de mi vida me ayudó a agudizar mi sentimiento de rebeldía y así, lo que fueron rebeldías contra determinadas circunstancias o cosas, se volvieron más tarde rebeldías políticas, con lo cual seguí mi vocación. No cambié, y me parece que sigo siendo igual que entonces y que lo que hoy queda de mí es gran parte de aquello que yo era cuando aún era joven.

MAM: ¿Esa rebeldia pudo comenzar con los jesuitas que le educaron?
FC: Ese enfrentamiento con ellos existió, pero más tarde, ten en cuenta que yo ingresé en el Colegio de Belén, la escuela de los jesuitas en La Habana, a los 16 años. Fue una decisión mía que mis padres aceptaron, era el mejor colegio que existía en el país, tenía aproximadamente mil alumnos entre internos y externos... Y unas instalaciones extraordinarias. Ellos me enseñaron el valor elemental de palabras como disciplina, honor, ética, justicia, que yo fui desarrollando a la vez que adquiría conciencia de lo que me rodeaba a través del razonamiento. Nadie me inculcó ideas revolucionarias, tuve que llegar a ellas sin preceptor alguno. Mi rebeldía es un poco genética, quizás por mi parte de sangre española, gallega. (...) A mí me obligaron a rebelarme desde muy temprano, cuando tenía seis o siete años, y me amenazaban si me portaba mal con enviarme interno para la escuela. Yo intuí que estaría mucho mejor así, como realmente fue, y un día empecé a portarme tan mal, que me enviaron interno. Aquella escuela de los hermanos de La Salle era buena y se vivía mucho mejor que en la casa de la maestra de Santiago, a donde mis padres me habían enviado.
Después surgieron conflictos, (...) llegué, con 11 ó 12 años, a un combate personal con el inspector de la escuela, por lo que de ahí me envían a otra casa particular. Mis padres creyeron la versión de la escuela y no querían que estudiase más, y tuve un conflicto serio con ellos, porque lo que se proponían era una injusticia y yo quería seguir estudiando.

MAM: ¿A qué atribuye que su oratoria ejerza tanta fascinación sobre sus oyentes?
FC: ¡Me haces una pregunta difícil! Primero tendría que admitirla. (...) Partiendo de la premisa de que ejerciera alguna influencia -fascinación dices tú-, habría que referirse primero a la gente a la que yo hablo. Siempre, desde niño, me gustó la oratoria, leí a Demóstenes, a Castelar, a famosos personajes de la historia. Nunca estudié oratoria, aunque en el bachillerato de letras había una asignatura que se llamaba así... Que si la introducción, que si la tesis, que si el desarrollo, que si la conclusión... Yo diría que nada de aquello ejerció influencia en mí. Si alguien estudia oratoria se convierte en un orador formal, en un tipo que está en un esquema rígido. Realmente esos estudios o esas lecturas no me influyeron demasiado, porque además me parecían aburridas. Con perdón de Demóstenes y de Castelar, sus discursos me parecieron interminables y aburridos, casi tan largos como los míos. No sé qué pensarán, qué les parecerá a algunos cuando lean después los míos, pero son producto de una inspiración sincera y generalmente son improvisados.(...) Yo creo que la capacidad de persuadir depende de la belleza de las ideas y no de la forma, el contenido de las palabras. Cuando descubrí que el secreto de hablar, el secreto de pronunciar un discurso, era precisamente no pronunciar un discurso, sino conversar con la audiencia, desde ese día logré una cierta capacidad de comunicación y de transmisión de las ideas. Yo entiendo que las ideas que planteo son justas y sobre todo son honestas, porque tú puedes estar equivocado en lo que dices, pero tú tienes que creer en lo que dices, y si crees en lo que dices, puedes persuadir aunque estés equivocado. Creo que los principios fundamentales son esos: que las palabras contengan ideas, que las ideas sean justas o que tú estés absolutamente persuadido de que lo son.

MAM: Comandante, se habla mucho ahora de la palabra demagogia. ¿Quién la ejerce con fuerza en estos momentos?
FC: Casi todos los políticos, sobre todo los tradicionales. Pero creo que los que más la ejercen son los políticos norteamericanos, ellos son los campeones de la demagogia.

MAM:El pueblo puede estar con Fidel o discrepar con él, pero intuyo que toda Cuba está unida para hacer frente a cualquier agresión extranjera. ¿Me equivoco?
FC: No. no te equivocas. eso es cierto, me alegro mucho que hayas podido intuir ese sentimiento en nuestro pueblo. No podemos decir que el 100 por ciento esté unido, pero la inmensa mayoría del pueblo tiene un solo pensamiento en ese sentido y está unido para defender la independencia del país, porque aquí Revolución e Independencia están estrechamente asociadas.

MAM: Usted ha dicho que en Cuba cualquier ciudadano puede decir

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