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| 9/1/2012 12:00:00 AM

La última frontera

Mientras el deshielo del océano Ártico es un drama ecológico sin precedentes y con desastrosas consecuencias, muchos solo ven una oportunidad para enriquecer sus arcas.

"¡Estamos en la mitad de abril! Visiones de primavera surgen en el alma solo de mencionarlo, un tiempo en que puertas y ventanas se abren al sol y el aire primaveral y el polvo del invierno desaparece. Pero aquí, aquí eso no se encontrará. Cierto, el sol brilla fuertemente pero sus rayos solo caen sobre el deslumbrante blanco de la última nevada. Miro a la distancia, por encima del baldío claro de nieve, una masa de hielo sin límite, silenciosa, sin vida, pero en constante e imperceptible movimiento". El Ártico que describió así el explorador noruego Fridtjof Nansen en 1893 es un recuerdo. Hoy, las planicies se derriten a velocidades alarmantes y la vista ya no es infinita. De hecho, este agosto presentó los mayores niveles de deshielo registrados desde 1979. Según algunos científicos, para el verano de 2030 no habrá nieve en el Ártico.

El océano Ártico, al estar congelado, refleja los rayos solares y mantiene la baja temperatura. Cuando se descongela, en vez de reflejarlo, absorbe el calor del sol, lo que acelera el deshielo. Es el llamado efecto albedo. El hollín y otros contaminantes producidos por el hombre, que cubren parte de la superficie congelada, aceleran este proceso porque también absorben el calor solar. Y a medida que se descongela, más se caliente el planeta.

Desde 1951 el Ártico se ha calentado alrededor del doble del promedio global. Según los pronósticos, la temperatura del planeta subirá 2 grados centígrados en los próximos años, y en el Ártico 3,6 grados centígrados. Este cambio ha hecho que partes de Alaska se reduzcan 14 metros al año y podría causar la extinción de algunas especies del Ártico, que desaparecerán al ver su hábitat reducido o sus ecosistemas violentamente cambiados. "Así como se derritió la cobertura de hielo en 5 días, se teme que comiencen a aparecer fenómenos tan abruptos en otras partes del mundo" , dijo a SEMANA Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt. Baptiste explicó la gravedad del cambio: "Como no lo entendemos bien, puede resultar ser mucho más crítico de lo que hemos pensado. Es algo para lo que no podemos prepararnos, porque no nos va a dar tiempo".

Este, el más significativo cambio climático de la historia moderna, debería movilizar a la humanidad en defensa de su planeta. Pero las grandes potencias mundiales solo encuentran posibilidades económicas. La Unión Europea, Rusia y las grandes compañías petroleras del mundo, obviando las preocupaciones medioambientales, se han dedicado a sacar provecho de una zona del mundo cuyas extremas condiciones climáticas la hacían hasta ahora inutilizable.

Los primeros en lanzarse a la carrera fueron los rusos, quienes ya instalaron una base para explotar petróleo en el Ártico. Considerada el futuro de la riqueza energética de Rusia, la nueva base reemplazaría los pozos de Siberia. A partir del año que viene la empresa rusa Gazprom, la más grande extractora de gas natural del mundo, comenzaría a producir hasta siete millones de toneladas de petróleo al año.

El lunes, activistas de Greenpeace amarraron su bote al ancla de un barco ruso para evitar que llevara nuevos trabajadores a la base. Desde la semana anterior estuvieron protestando contra la incursión petrolera, pues sostienen que las condiciones extremas del Ártico hacen muy posible un derrame de consecuencias incalculables. Los daños que esto causaría al medio ambiente serían tan enormes que no existen planes de contingencia capaces de controlarlos. Pero las grandes empresas, como la norteamericana Exxon Mobil y la holandesa-británica Shell, hacen oídos sordos a las advertencias de Greenpeace y, más bien, buscan cómo copiar el modelo ruso.

Los gases producidos cuando se queman hidrocarburos son una de las primeras causas del calentamiento global y, en vez de concentrase en buscar fuentes alternativas de energía, la Unión Europea mantiene una política de 'desarrollo de tecnologías eco amigables' para la explotación comercial del Ártico. Las zonas norte de Alaska, Canadá, Rusia y Suecia ya son una gran fuente de minerales como zinc, oro, hierro y níquel, pero el deshielo podría despejar nuevas espacios de exploración minera. Además, grandes áreas servirán para sembrar, lo cual aumentaría la producción agrícola en un 25 por ciento.

Un Ártico derretido también presenta oportunidades en nuevas rutas marítimas comerciales. El pasaje del Noroeste, en Nunavut, Canadá, y la ruta del Mar del Norte, a lo largo de Siberia quedan sin hielo durante los meses de verano (de marzo a septiembre), dejando el camino libre para buques europeos y asiáticos. De hecho, el año pasado al menos 34 barcos, cargueros y hasta un crucero hicieron la ruta ártica, con lo que comprobaron no solo que es posible navegar en el océano glacial sino que, además, es mucho más rápido que otros caminos. El Wladimir Tichonow atravesó el estrecho de Behring, desde el archipiélago ruso Nueva Zembla, en tan solo siete días, el tiempo récord alcanzado hasta ahora.

Para Baptiste, estos intentos de enriquecimiento "están reforzando negativamente los patrones de cambio". Además, opina que las ganancias que obtengan serán "temporales y pírricas porque el cambio va a seguir hacia delante. Cualquier inversión que se haga en esa inestabilidad corre riesgos grandísimos".

Donde hay bonanza hay, también, motivo de disputa. Por eso, los países árticos vienen instalando bases militares en distintos puntos del territorio, para tratar de reclamar sus propios espacios. Noruega, por ejemplo, trasladó su centro de comando militar a Reitan, un pueblo en el Ártico. De todos modos, la región está muy bien delimitada y la única disputa territorial importante es entre Canadá y Estados Unidos, que muy seguramente llegarán a un consenso pacífico. Y en otras latitudes, países como Egipto, por ejemplo, no ven con buenos ojos el desarrollo de estas nuevas rutas que mermarían significativamente el tráfico en el canal de Suez.

Dicen los católicos que "pecar por ignorancia no es pecar". Pero un mundo que ha desarrollado una gran conciencia de la importancia de preservar el medio ambiente y que conoce las terribles consecuencias del calentamiento global, no puede valerse de esa excusa.
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