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| 2/23/2003 12:00:00 AM

La venganza es dulce

Renacen las protestas antichavistas tras la orden de detención contra los líderes del paro nacional.

En la madrugada del pasado jueves el presidente venezolano, Hugo Chávez, se acostó satisfecho y feliz como pocas veces en sus cuatro años de gobierno. Acababa de saber de la detención del presidente de la patronal Fedecámaras, Carlos Fernández, el primero de una larga lista de opositores que podrían quedar tras las rejas. Saboreando su venganza, confesó ante las cámaras de la televisión que "cuando me avisaron que detuvieron a Fernández, me acosté con una sonrisa esa noche y mandé a traer dulce de lechosa (papaya) para deleitarme".

Chávez reveló algo más: "Como que hay otros que andan escondiéndose". Al referirse al presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela, Carlos Ortega, y al ex gerente de Planificación de Petróleos de Venezuela, Juan Fernández, dijo que: "Esa gente debería estar presa desde hace tiempo. Por fin, un fiscal introdujo en un tribunal la solicitud de captura". Ortega evadió la detención y afirmó telefónicamente a los medios que "luchará desde la clandestinidad, porque lo que buscan es amedrentarnos". Por su parte Juan Fernández tampoco piensa entregarse a la justicia 'chavista', aunque, dijo, "la persecución oficialista me obliga a dormir cada vez en sitios diferentes".

El vicepresidente José Vicente Rangel, quien pocas horas antes había firmado el acuerdo contra la violencia y por la paz y la democracia con los negociadores de la opositora Coordinadora Democrática, dijo que: "El gobierno no tiene posición al respecto. Es un asunto del poder judicial".

Pero aunque lo niegue Rangel muchos diputados oficialistas como Luis Velásquez Alvaray, vieron listas de más de 100 adversarios que van a ser objeto de capturas y enjuiciamientos. Los primeros son unos 25 opositores, entre ellos, empresarios, políticos, dueños de los medios de comunicación y periodistas.

Los cinco cargos que instruye el juez 34 de control de Caracas, Maikel José Moreno, contra los que dirigieron el paro cívico de dos meses que concluyó el 2 de febrero son: "traición a la patria, instigación a delinquir, rebelión civil, agavillamiento y devastación", que han sido procesados por el fiscal general, Isaías Rodríguez.

Maikel Moreno, designado juez en octubre pasado, es conocido por haber defendido al concejal oficialista Richard Peñalver, involucrado en la matanza de 20 manifestantes del pasado 11 de abril cuando fue capturado disparando desde Puente Llaguno, a una cuadra del Palacio de Miraflores.

"Es una venganza contra todo aquél que secundó el paro de dos meses", dijo a SEMANA Albis Muñoz, vicepresidente de Fedecámaras. "Ninguno de los cargos se nos puede imputar porque siempre actuamos legal y pacíficamente. Nuestra protesta está amparada en el artículo 350 de la Constitución donde se consagra la desobediencia civil".

Con el arresto de Fernández, la vicepresidenta del gremio empresarial, sostiene que "el gobierno pretende quebrar moralmente al empresariado y además estrangularlo con el control de cambio al no otorgar divisas a los que apoyaron el paro".

Pero en el plan de represalias contra la oposición todos los caminos conducen a Roma. Un día antes de firmarse el acuerdo de paz en presencia del secretario general de la OEA, César Gaviria, los venezolanos se consternaron por el asesinato de cuatro personas, tres de ellas, soldados disidentes de la Plaza Altamira, bastión de los militares opositores desde hace más de 100 días. Hay evidencias de que grupos afectos al gobierno pretenden eliminar a los testigos del atentado que cobró la vida de tres personas y dejó a 23 heridos en la Plaza Altamira el pasado 6 de diciembre.

Lo cierto es que los seguidores de Chávez se sienten satisfechos con la detención de los dirigentes opositores. El diputado oficialista Darío Vivas así lo ha declarado: "Se ha hecho justicia".

En contraste, los opositores reaccionan enfurecidos. En respuesta van a arreciar las protestas, marchas y cacerolazos, ahora con más fuerza después de haber levantado el paro el 2 de febrero. Previendo la reacción, Chávez se atrinchera en el Palacio de Miraflores con piquetes de alambradas de púas y tanquetas, cerrando la avenida Urdaneta, como si fuera una zona de guerra. Lo cierto es que tras los hechos de la semana pasada, en Venezuela vuelve y juega.
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