Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/03/30 00:00

La videoguerra

Cómo los medios son un instrumento más de la guerra. ¿Qué tan desinformado está el mundo?

Nunca los ciudadanos del mundo habían estado tan cerca de un campo de batalla como en la guerra de Irak. Gracias a la modalidad de los 'periodistas incrustados', que se mueven hombro a hombro con las tropas aliadas en el desierto, los televidentes del planeta pueden seguir, minuto a minuto, qué pasa en el conflicto. Sus crónicas están cargadas de espectacularidad, pasión y adrenalina: se ven bombardeos en directo, tomas de ciudades, captura de prisioneros y pozos en llamas. Es una guerra por capítulos, al mejor estilo de Hollywood, donde desde el sofá de la casa, con crispetas y Coca-Cola, se ve cómo avanzan las tropas aliadas en medio de fuegos de cañón y tormentas de arena.

Pero la realidad de la guerra es bien distinta. Esta cercanía, de sentir la guerra en el frente, bien podría ser una ilusión que tiene a los televidentes engañados sobre lo que realmente está sucediendo. Porque las guerras no sólo se libran en el campo de batalla sino en la sicología colectiva, en la que la manipulación de la información desempeña un papel crucial.

El debate sobre el cubrimiento de la guerra surgió cuando algunos periodistas comenzaron a hablar de "nosotros" cuando se referían a las tropas estadounidenses, y se supo, por ejemplo, que una reportera se iba a casar con un mayor de la unidad que le estaba asignada. Robert Fisk, un periodista del diario inglés The Independent, criticó el cubrimiento de la BBC por faltar a sus ideales de objetividad y utilizar un lenguaje militarista. Por otro lado, la cadena de Qatar, Al Jazira, mostró prisioneros de guerra estadounidenses que no habían sido registrados por ninguna cadena occidental. Por último, la noticia de que la CNN les pidió a sus periodistas no seguir publicando sus diarios de guerra en páginas personales de Internet. En general, la gente empezó a preguntarse si en esta guerra los medios estaban mostrando la verdad o se habían convertido en un instrumento de los bandos en conflicto.

Los antecedentes

En efecto, la historia de los cubrimientos de las guerras ha sido una recopilación de mentiras y manipulaciones. Durante la de Vietnam el Pentágono aplicó varias tácticas de propaganda y desinformación. Con el fin de confundir al enemigo se crearon el Saigon Press Corps y varias emisoras de radio locales, cuya finalidad era engañar a la población y a las tropas enemigas. Y para desinformar a la opinión estadounidense y justificar la guerra en el sureste asiático existían unos comunicados oficiales amañados a los intereses de los militares. Robert Kirkconnell, un ex veterano de Vietnam y de la primera Guerra del Golfo -que hoy se opone a la guerra en Irak-, contó a SEMANA que él fue testigo de torturas y ejecuciones de prisioneros que nunca se hicieron públicas. Relató, por ejemplo, que en la guerra de Corea una táctica muy común de interrogación era tomar varios prisioneros, montarlos en un helicóptero y botar unos cuantos para que los otros comenzaran a hablar. "El gobierno estadounidense mintió durante toda la guerra de Vietnam", cuenta Kirkconnell.

En efecto, en la guerra de Vietnam, los medios que se mostraron críticos y supieron esquivar el aparato de mentiras y engaños ayudaron a generar el rechazo masivo a la guerra que hizo que Nixon retirara las tropas. Aún hoy los estadounidenses recuerdan como un hito la denuncia que hizo Sigmund Hertz de la masacre de My Lai y las escalofriantes fotos que aparecieron en la revista Life. Un hecho que ayudó a que se descubriera la verdad fue que, a pesar de las técnicas de desinformación, los militares facilitaron el acceso al campo de batalla de los periodistas y les dieron apoyo logístico y de comunicaciones con la vana esperanza de que el punto de vista oficial prevaleciera. Se equivocaron. Tanto que Nixon llegó incluso a asegurar que había perdido la guerra "en los titulares".

Para evitar una nueva derrota en el frente sicológico en la primera Guerra del Golfo el cubrimiento estuvo condicionado por un acuerdo entre los periodistas y los militares, en el cual los primeros se comprometieron a no divulgar imágenes escalofriantes y a someter la información a un control previo. En esta guerra la lejanía de los medios con el campo de batalla impidió que durante la primera semana llegaran imágenes televisivas y obligó a la mayoría de cadenas a transmitir telefónicamente con una imagen fija en el fondo. Esta falta de cooperación fue duramente criticada por los medios. Para colmo, el gobierno de Bush padre tuvo que enfrentar un penoso escándalo cuando se reveló la peor mentira de su estrategia de propaganda: para justificar la operación Tormenta del Desierto el Pentágono arregló que una niña kuwaití contara al Congreso cómo había visto a los soldados iraquíes sacar a los bebés de las incubadoras de los hospitales. Pero luego se supo que la niña había sido contratada por la firma de relaciones públicas Hill y Knowlton por varios millones de dólares.

Debido a esta serie de errores en la manipulación de la información bélica para la guerra que se acaba de iniciar había otros planes. Se necesitaba controlar la información pero ésta tenía que ser creíble. Fue así como nació la estrategia de cooperación con la prensa gracias al pacto con los 'periodistas incrustados'. "Aprendimos diferentes lecciones de Vietnam y de Tormenta del Desierto: en Tormenta del Desierto se mantuvo a la prensa fuertemente contenida y limitada. Las historias del soldado promedio nunca salieron al aire. Pero después de la guerra nos dimos cuenta de que unos periodistas enfadados porque les negaban acceso a las historias podían causar un gran daño moral a la patria y a las tropas", explicó a SEMANA Dow Smith, quien trabajó como agente de comunicaciones para la marina estadounidense en Saigón en 1967 y como ejecutivo de la televisión local durante la primera Guerra del Golfo.

De esta forma, el Pentágono pensó que los 'periodistas incrustados' podrían identificarse con los soldados y presentarlos al mundo desde su lado humano y los medios vieron la oportunidad de acercarse, como nunca antes, al frente de batalla. Sin duda este nuevo enfoque ha representado una gran evolución en el cubrimiento de conflictos y si se compara con los tiempos del control previo se puede afirmar que hoy hay más información en el cubrimiento de las guerras que ayer. Así, expertos en comunicaciones como George Bayley, quien en su libro Television war critica el cubrimiento de la guerra de Vietnam, se muestra muy complacido con la modalidad de los periodistas incrustados: "El trabajo producido por ellos ha sido brillante y valiente, es el momento más grandioso de la historia de la corresponsalía de guerra", dijo a SEMANA.

Pero más allá de los pros y los contras de esta nueva modalidad de 'periodismo incrustado', lo cierto es que el cubrimiento de la guerra en Irak está lejos de acercarse a la verdad. Según Joshua Meyrowitz, profesor de comunicación de la Universidad de New Hampshire, las deficiencias se vieron desde mucho antes de que cayeran las primeras bombas, pues los medios no supieron confrontar los mensajes equívocos para justificar la guerra. En efecto, según una encuesta de The New York Times y la CBS, casi la mitad de los estadounidenses aún creen que Saddam Hussein estuvo involucrado personalmente en los atentados del 11 de septiembre y que algunos de los 19 secuestradores eran iraquíes cuando casi todos eran de Arabia Saudita.

Pero lo grave es que el cubrimiento de la guerra en directo, lejos de aclarar estas confusiones, ha generado unas nuevas. Así, el primer problema con los 'periodistas incrustados' es que no tienen el contexto general para darle sentido a lo que observan desde tan cerca. El árbol no los deja ver el bosque. Por ejemplo, producen interesantes y conmovedoras historias de los dramas cotidianos de los soldados, al mejor estilo de los reality shows, pero poco hablan de las políticas o los intereses económicos detrás de la guerra, ni están autorizados para mostrar los horrores del conflicto. Para Meyrowitz el problema es que cuando el espectador ve imágenes de explosiones espectaculares no se siente estimulado para pensar en los procesos, las políticas, la historia, el contexto o las consecuencias a largo y mediano plazo, ni siquiera en las víctimas. "Sanean el daño de la guerra pues explotar cosas es divertido, dramático, excitante", dice.

Otro punto es que los 'periodistas incrustados' tienen un acuerdo con el ejército aliado, en el que se comprometen a no mostrar imágenes demasiado fuertes o a divulgar información que pueda perjudicar las tácticas militares. Esto hizo que los televidentes del mundo se llevaran una imagen demasiado optimista del avance del ataque. Si bien ha sido el avance más rápido de la historia de la humanidad, como lo aseguró el historiador John Keegan, las ciudades no habían 'caído' como erróneamente informaron los medios de la coalición (CNN y la BBC, entre otros). El sentimiento de que en pocos días iba a caer Bagdad se desplomó cuando la cadena katarí Al Jazira -que muestra el conflicto desde el punto de vista árabe- mostró imágenes inéditas de prisioneros y muertos estadounidenses. Varios expertos en ética periodística aseguraron que ese tipo de imágenes pueden herir la sensibilidad de los televidentes y no deben revelarse. Otros creen que es justamente lo que hace falta para que la gente entienda la cruda realidad de la guerra. "Es despreciable que no podamos ver nuestros muertos. Aunque hiera la sensibilidad de los familiares, que de todas maneras van a sufrir, deberían mostrar los horrores que hace la guerra, deberían dejar que nos asustáramos, como sucedió en Vietnam", dijo a SEMANA John MacArthur, editor de Harper's Magazine.

También existen reservas acerca de la objetividad de los periodistas que viven día y noche con los soldados, pues terminan desarrollando lazos afectivos con ellos. En un informe de la CNN un periodista de apellido Bellini decía: "La emoción que ellos sienten nosotros la sentimos también? En cierta forma nos han incluido en su familia. Se sentía como si fuéramos a la guerra como iguales".

Pero si el manejo de la información por parte de los medios de la coalición ha ocasionado la indignación de algunos, la manipulación de los medios por parte del gobierno iraquí es tan obvia que no se repara mucho en ella. Se trata de una dictadura en la que no existe libertad de prensa y los medios extranjeros también han sido blanco de toda clase de restricciones. Según contó a SEMANA MacArthur, los corresponsales de su revista en Bagdad han tenido que vérselas con la policía secreta, que limita y dirige sus desplazamientos para evitar que vean algunas cosas o para que vean otras según convenga al régimen.

En últimas, las guerras no sólo consisten en ocupar y controlar territorios sino también en el arte de manipular la información para su propio beneficio. Por eso, a pesar de que todos los periodistas occidentales incrustados en los frentes de batalla traten de contar lo que sucede -y sin duda lo buscan- la información tendrá el filtro de quien quiere ganar la guerra. Por eso las imágenes que llegan en directo a los millones de televidentes en el mundo tienen la doble y perversa virtud de estar en el terreno, ser excitantes y tener la ilusión de realidad. Winston Churchill, cuyos mensajes radiales en la BBC fueron legendarios, dijo en sus memorias que "una nación en guerra debe rodearse de una guardia de mentiras". Y esta guerra no será una excepción.

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