Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 9/15/2012 12:00:00 AM

La violencia religiosa: las llamas del odio

Provocada por fanáticos coptos en Estados Unidos, la violencia religiosa regresó a un Oriente Medio más caótico que nunca y se convirtió en un peligro para la reelección de Obama.

Nadie, nunca, habría oído hablar de La inocencia de los musulmanes, una película amateur estadounidense de paupérrima factura. Pero en pocas horas, la cinta que representa al profeta Mahoma como un ladrón, un mujeriego descerebrado, violento y pedófilo, infectó de violencia a miles de musulmanes. Sin mucha reflexión, cayeron en esa provocación infantil y volcaron su ira sobre todo lo que recordara a Occidente.

El martes pasado tenía que ser para el presidente Barack Obama un día sereno. Conmemoraba el onceavo aniversario de los atentados del 11 de septiembre frente a cientos de víctimas en el Pentágono. Pero en El Cairo, miles de islamistas furibundos atacaron la embajada de su país. Decenas de barbados arrancaron la bandera estadounidense y al grito de "Alah u akbar" (Dios es grande), izaron un estandarte negro, como el de Al Qaeda.

Lo peor estaba por venir. En Bengazi, la capital de la rebelión libia contra Muamar Gadafi, militantes islamistas atacaron el consulado estadounidense. Algunos tenían lanzacohetes, granadas y fusiles automáticos. Las llamas pronto envolvieron el complejo diplomático. Atrapados, el embajador estadounidense Chris Stevens, casualmente de visita en esa oficina y tres colegas murieron asfixiados por el humo. Pero la furia musulmana no paró ahí. En Yemen, en Irak, en Irán, en Gaza, en Túnez, en Bangladesh se tomaron las calles al grito de "muerte a Estados Unidos". También fueron asaltadas las embajadas de Alemania y del Reino Unido en Sudán. Al cierre de esta edición decenas de personas habían muerto en manifestaciones por esta película absurda.

La violencia pareció espontánea. Pero fue en realidad el producto de una cadena de provocaciones irresponsables, de reacciones fanáticas, de una incomprensión profunda y de un oscurantismo sin límites. En Washington aún no se explican cómo una película tan burda generó semejante alboroto. Es poco lo que se sabe sobre su autor. Se identificó como Sam Bacile, pero en realidad su verdadero nombre sería Nakoula Bassely, un cristiano copto de origen egipcio que vive en California y tiene condenas por fraude. En julio subió un extracto a YouTube, pero hasta la semana pasada, cuando algunos clérigos musulmanes la emitieron en la televisión egipcia, nadie le había dado mayor importancia.

Pero eso fue suficiente para que las turbas salafistas, la franja más radical del Islam, expusieran su fuerza bruta y mostraran que la Primavera Árabe no solo permitió un impulso de libertad, sino que también engendró caos e inestabilidad. Como le dijo a SEMANA Karim Makdisi, politólogo de la Universidad Americana de Beirut: "Con la transición democrática ya nadie tiene el control. Cuando dominaban Mubarak, Gadafi o Ben Ali, los gobiernos controlaban las calles. Fuera como fuera".

La Libia revolucionaria que acabó con Gadafi está ahora plagada de milicias armadas que el débil gobierno no quiere o no puede controlar. Desde hacía varios meses había signos preocupantes de la presencia de Al Qaeda en el país. Según un informe del viernes pasado del International Crisis Group, "la batalla entre el gobierno central y los grupos armados aún no está ganada. Es más, en los últimos tiempos, estos actúan como si tuvieran la ventaja".

En Egipto la situación es incluso más preocupante. En ese peso pesado regional el presidente islamista Mohamed Morsi, miembro de la Hermandad Musulmana, no ha logrado imponer su autoridad y está atrapado entre peligrosos fuegos cruzados. Por un lado, los hermanos musulmanes respaldaron las manifestaciones contra "la inocencia de los musulmanes", pues le temen a la competencia del salafismo, mucho más radical y segunda fuerza política. Pero por el otro necesita conservar la alianza histórica que El Cairo tiene con Washington y volver a atraer la inversión extranjera. Y Obama no quedó para nada contento con la reacción tibia de Morsi frente a la violencia. En medio yace una juventud deprimida, desempleada, frustrada. Para Makdisi, "no es difícil provocar a la gente, la realidad de estos jóvenes es muy cercana al fanatismo, llevan muchos años sintiéndose agredidos, dominados, manipulados".

La furia islamista no tardó en alcanzar a la Casa Blanca. A menos de ocho semanas de las presidenciales, el republicano Mitt Romney dijo que el Oriente Medio necesita un mandatario más fuerte y que "es una desgracia que la primera respuesta de Obama no sea condenar los ataques, sino simpatizar con los que perpetraron los ataques", en referencia a un comunicado de la embajada en El Cairo que denunciaba "aquellos que abusan de la libertad de expresión para herir las convicciones religiosas de los otros".

Esa posición fue muy criticada, incluso por gente de su partido, que pidieron cerrar filas. Obama acusó a Romney de "disparar primero y apuntar después" y envió dos buques de guerra a las costas libias. Puede ser una oportunidad para mostrar liderazgo, sus habilidades en política internacional y su poder como comandante en jefe. Pero el presidente tampoco debería estar tan tranquilo. Es imposible no recordar la ocupación de la embajada estadounidense en Teherán en 1979, que hundió la reelección de Jimmy Carter. Y Obama ha tenido que aguantar una avalancha de críticas pues apoyó las revoluciones árabes.

En todo caso quienes parecen ganar con estos ataques son fácilmente identificables, pues son los intolerantes, los fanáticos tanto de Kabul o El Cairo como de California. Como le dijo a SEMANA Abdul Hamid Dashti, parlamentario kuwaití: "No hay duda que algunos se aprovechan de las debilidades del pueblo musulmán, quieren crear conflictos entre las religiones".

Pareciera como si nada hubiera cambiado. En 2005 el mundo árabe ya se sacudió por las caricaturas danesas de Mahoma y en Irak y Afganistán, conflictos de connotaciones religiosas, aún no termina la violencia. Tal vez no está de más citar el editorial del Daily Star de Beirut ante la llegada del papa: "Si hay algo que aprender de estos trágicos eventos es que un mayor entendimiento religioso es necesario ahora más que nunca".
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.