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| 11/7/1988 12:00:00 AM

LA VIUDA DE OSWALD SE CONFIESA

25 años después del asesinato de Kennedy, Marina Oswald cuenta su versión.

El 22 de noviembre de 1963 una muchacha asustada que sólo llevaba 17 meses viviendo en Estados Unidos después de llegar de su país, la Unión Soviética, con su marido, un ex infante de marina norteamericano, abrió la puerta de su casa en las afueras de Dallas y no se sorprendió con la presencia de varios agentes del FBI que querían interrogarla.

Hablando un pésimo inglés, detestando la vida en un país donde el marido ejercia un machismo odioso y cotidiano, golpeándola y humillándola mientras vivían en casas separadas porque el dinero no alcanzaba, Marina Oswald había seguido por televisión ese día la llegada de la comitiva presidencial encabezada por John F.Kennedy y su esposa Jacqueline y mientras estaba atareada atendiendo a sus hijas June, de 21 meses y Rachel, de sólo cuatro semanas de nacida, la mujer con la que compartia la casa le contó que acababan de disparar contra Kennedy.

Veinticinco años después, Marina recuerda que en ese momento rompió a llorar ("Lloré con desesperación, con rabia, me puse a rezar a Dios para que le conservase la vida porque era un padre, y en ese momento me sentí más preocupada porque las noticias decían que los disparos habían salido del edificio donde trabajaba mi marido quien ya había sido amonestado por la policía por proferir amenazas contra el gobierno en plena via pública"). Los meses siguientes serían un verdadero infierno porque la Fiscalía se apoyaría en sus declaraciones nerviosas, confusas y bajo presión para llegar a la conclusión simplista de que su marido, Lee Harvey Oswald había actuado solo, que no formaba parte de ninguna conspiración contra el poder y que para la famosa Comisión Warren el asunto estaba cerrado.

Por primera vez esta mujer ha comentado lo que piensa aún en torno a uno de los grandes misterios policiacos de este siglo, en un libro que pronto aparecerá escrito con la ayuda de Myrna Blynt, directora de Ladie's Home Journal y la subdirectora de esa publicación, Jane Farrell.

Lo más curioso de todo es que en sus declaraciones, Marina afirma lo que millones de personas en el mundo han sostenido durante este cuarto de siglo: Oswald no mató al presidente, no fue el francotirador que disparó contra la comitiva. Existió una conspiración para asesinar a Kennedy y frenar la campaña que sostenía contra la mafia. El asesinato del mismo Oswald a manos de Jack Ruby, ante centenares de periodistas y cámaras, formó parte de un intento por encubrir esa conspiración. "No estoy diciendo que Lee fuera inocente que no conociese la conspiración ni que no formase parte de ella, lo que digo es que no tuvo que ser necesariamente culpable del asesinato (...) Fue un complot muy complejo, ejecutado a la perfección y no debió idearse en un solo momento. ¿Acaso podría una persona inteligente creer que semejante cosa pudo haberla organizado un solo hombre y además, alguien como Lee?", afirma Marina.

¿Qué sintió cuando detuvieron al marido? Se quedó pensando y atormentándose con una frase que él dijo: "Soy un chivo expiatorio". Y todos estos años ella ha pensado que el hombre decia la verdad. " Yo creo que se vio atrapado entre dos poderes: el gobierno y la mafia. Alguien estaba interesado en que Kennedy fuera eliminado y no sé cómo Lee se vio involucrado en ese atentado".

Las confesiones de Marina coinciden con la conmemoración de este vigésimo quinto aniversario y seguramente levantarán más de una ceja en el gobierno. Entre las afirmaciones mas interesantes y curiosas que aparecen en el libro, del cual acaba de aparecer un resumen en la citada publicación norteamericana, se cuentan éstas:

-La conspiración no iba dirigida tanto contra John como contra Robert, la cabeza visible de la lucha contra los mafiosos, porque era evidente que dejaría la Fiscalía al morir su hermano,
-El padre de los Kennedy, que tuvo algunas vinculaciones dudosas en materia de dineros pudo haberse comprometido para hacer favores si el hijo salía elegido y recibía la ayuda de la mafia.
- Jack Ruby mató a Oswald para que no hablara, para que la verdaderas motivaciones del magnicidio quedaran ocultas para siempre.
-Oswald fue entrenado por el mismo gobierno para esta clase de misiones peligrosas y por eso le enseñaron ruso mientras estuvo entre los marines.
-El enlace de Oswald con quienes eran los jefes de la conspiración era ún millonario, George de Mohrenschildt. El auténtico cerebro de la conspiración era Edgard Hoover, director del FBI y quien se llevó a la tumba todo cuanto sabía.

Ahora, cuando sigue viviendo con Kenneth Portedr, con quien se casó en 1965, Marina piensa que Oswald no alcanzó a defenderse y le tocó la peor parte del asunto, la más fea y sangrienta. Por eso decidió después de 25 años, romper el silencio que algunos le impusieron. --
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