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| 4/16/2011 12:00:00 AM

Lamento peruano

Con Keiko Fujimori y Ollanta Humala en segunda vuelta, muchos peruanos van a tener que decidirse por el candidato que menos los asuste.

Casi la mitad de los peruanos apostaron por el ni-ni. Ni votaron por Keiko Fujimori ni por Ollanta Humala, los candidatos que pasaron a la segunda vuelta presidencial del próximo 5 de junio. Por eso, ahora sienten, como dijo el escritor Mario Vargas Llosa, que tienen que escoger entre "el cáncer y el sida". Ollanta Humala, que obtuvo 4,6 millones de votos con Gana Perú, ya estuvo en una segunda vuelta en 2006 frente al hoy presidente saliente, Alan García. Pero la mayoría le dio la espalda, temerosa de los vínculos del candidato con el presidente venezolano, Hugo Chávez, y de su ideología, una mezcla de nacionalismo de izquierda, militarismo, populismo y la defensa de la "raza cobriza".

Esta vez, Humala está decidido a superar ese escollo, e insiste en que no es el mismo. En vez de camisetas rojas, viste trajes grises, camisas azul claro y polos. También importó a dos asesores brasileños del Partido de los Trabajadores, que lo venden como un nuevo Lula. Humala dice ahora que va a respetar la empresa privada, los tratados de libre comercio y la independencia del Banco Central. El excapitán del Ejército además ha tratado de borrar su reputación de golpista, creada en octubre de 2000, cuando se sublevó junto a 69 reclutas contra Alberto Fujimori. Ha reiterado, además, que "no vamos a entregar el Perú a Chávez" y que "yo no soy Satanás".

Pero la pregunta que se hacen los peruanos es quién es el verdadero Ollanta: el militar radical o el modelo 2011, imitación brasileña. El problema es que a ciencia cierta nadie sabe.

La Bolsa de Lima recibió los resultados electorales con una caída de 12 por ciento en tres días, la más fuerte en dos años. Y es que más allá de su discurso de izquierda moderada, su plan de gobierno propone aprobar una nueva Constitución, reformar la política y el régimen de los medios, nacionalizar los ejes estratégicos, recuperar la soberanía sobre los recursos naturales y renegociar los tratados de libre comercio. Nada de eso sirve para tranquilizar a quienes lo ven como un Chávez disfrazado de Lula, como Rudy Bezir, analista de la Universidad Católica de Perú, quien dijo a SEMANA que "es difícil creer a los políticos en general, pero es más difícil aún creerle a Ollanta. La verdad no sabemos qué pueda pasar".

De Keiko Fujimori, en cambio, los peruanos saben con certeza qué esperar. La contendora de Humala en la segunda vuelta, que se realizará el 5 de junio, conquistó el 23,5 por ciento de los votos con Fuerza 2011. Entre 1994 y 2000 fue la primera dama de Perú, ante el divorcio de sus padres, Alberto Fujimori y Susana Higuchi. Era la cara amable de un régimen que cerró el Congreso, persiguió opositores y trató de reelegirse con fraude en 2000. El ciclo de 'el Chino' Fujimori parecía liquidado con su condena en 2009 a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad. Pero ahora regresa, por interpuesta persona.

El tema es que para un núcleo firme del 20 por ciento de los votantes peruanos sigue siendo el mejor presidente de la historia. "Derrotamos al terrorismo y la inflación, creamos programas sociales para los que menos tienen. Para nosotros, ese es el modelo que se debe seguir", insiste Keiko en sus mítines. Todos los domingos almuerza con su padre en su cárcel dorada, una casa de 400 metros cuadrados situada en una base policial que se volvió uno de los cuarteles generales de la campaña de Fuerza 2011.

"Keiko no se ha desligado de su padre, nos lo ha dicho. Su hermano Kenji, elegido al Congreso, tampoco. Los personajes que están en la plataforma fujimorista son los mismos de los años noventa", dijo a SEMANA Alberto Vergara, quien ha escrito varios libros sobre las elecciones en Perú.

Buena parte del equipo de Keiko acompañó a 'el Chino' en los noventa. Además de Jaime Yokoshima, candidato a vicepresidente e investigado por el autogolpe de Alberto Fujimori en 1992, hay tres exministros de su padre en su campaña, que cerró en Lima con arengas de "Chino, Chino, Chino".

Lo único que se podría hablar de Keiko es su paso por el Congreso en 2006. Pero la recuerdan más por sus ausencias y por defender el legado de su padre. Su programa, como los de 'el Chino', tiene bastante 'mano dura', algo de empleo para los más pobres y pena de muerte para los violadores de menores de 7 años. "De ganar Keiko, Alberto Fujimori tendría, literalmente, un gabinete en la sombra", señaló Vergara.

Las raíces

Con pasados tan negativos no deja de sorprender que los peruanos se hayan decidido por Humala y Keiko. Para muchos analistas la razón es que, a pesar de que el país creció 7 por ciento por año en la última década, los dos finalistas lograron captar las voces de los olvidados de la bonanza. En el sur del país, pobre e indígena, Humala y Keiko lograron hasta 70 por ciento de los votos.

"A pesar del crecimiento económico, Alan García está acabando su mandato con solo 27 por ciento de aprobación, porque se ha redistribuido poco y esta vez los ignorados han percibido un gobierno soberbio, que habló todos los días del 'milagro peruano' cuando por sus casas el prodigio ni se asomaba", explicó a SEMANA el analista político Santiago Pedraglio.

La división de los votos moderados entre los otros tres candidatos, el expresidente Alejandro Toledo, el empresario Pedro Pablo Kuczynski (PPK) y el exalcalde de Lima Luis Castañeda, que en el fondo representaban al centro derecha, también les dio alas a las campañas de Keiko y Humala. "No había ninguna coordinación en un proyecto alternativo. Un candidato único centrista hubiera ganado sin problema", cree Vergara.

Una lucha voto a voto

Se abre ahora una campaña feroz, sucia, que se va a disputar voto a voto. La clave está en la clase media y alta, por fuera del público tradicional de los dos candidatos. Ambos van a tratar de moderar su lenguaje, pero desde ya se empiezan a enlodar en ataques personales. Puede que Keiko no sea 'el Chino' ni que Humala sea Chávez, pero las campañas se van a enfocar en los aspectos más negativos.

Aunque Humala sale con 7 puntos de ventaja, y en 2006 lo respaldó 46 por ciento de la población, Keiko aspira a remontar la diferencia con la carta de la estabilidad. "Muchos están dispuestos a olvidar los crímenes y la corrupción del gobierno de Fujimori para salvar las inversiones extranjeras y evitar efectos económicos negativos", dice Alberto Vergara.

Los dos candidatos también van a tratar de cortejar a los aspirantes derrotados en la primera vuelta. Desde ya Humala dijo que estaba abierto a acuerdos y se acercó a Beatriz Merino, la antigua defensora del Pueblo, de derecha y respetada por toda la clase dirigente.

Aunque es difícil hacer predicciones, los analistas consultados por SEMANA se inclinan a decir que los votos limeños, de PPK y Castañeda, van a terminar en las manos de Fujimori, y los de Toledo, repartidos a lo largo del país, pueden ser para Humala. "Sin embargo -advierte Pedraglio-, la capacidad de endoso de los perdedores no es mucha, porque sus partidos y sus alianzas son extremadamente débiles".

Es por eso que cadenas de correos electrónicos y páginas de Facebook llaman a votar en blanco o nulo, en busca de alcanzar el 66 por ciento necesario para anular la elección. Puede ser imposible, pero muchos prefieren aferrarse al suicidio democrático que a un país enfermo por cinco años.
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