Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1986/10/27 00:00

LARGO CAMINO HACIA LA CUMBRE

En la ONU, los Estados Unidos y la Unión Soviética ventilan diferencias tratando de salvar la cumbre de noviembre

LARGO CAMINO HACIA LA CUMBRE

Como cada otoño desde hace 41 años, presidentes, jefes de Estado, primeros ministros, cancilleres y diplomáticos provenientes de todos los rincones del mundo, han vuelto a tomarse esa torre de Babel de nuestros tiempos que es el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York.
Sin tanto bombo como el que caracterizó las celebraciones del año pasado, el rey Juan Carlos de España, Corazón Aquino, Shimon Peres, el presidente Ronald Reagan, Jacques Chirac y el canciller soviético Eduard Shevardnadze, han subido ya al podium desde el cual hablará esta semana el propio presidente colombiano, Virgilio Barco.

Escuchar las recriminaciones mutuas de los Estados Unidos y la Unión Soviética en la ONU, había dejado de ser interesante hace mucho tiempo.
Pero en esta oportunidad, la atmósfera de tensión entre las dos superpotencias creada a raiz del caso Daniloff y la expectativa en torno a la posibilidad de un cambio significativo en el desarrollo de las hasta ahora enmohecidas conversaciones sobre control de armas, hizo que los ojos y oídos del mundo volvieran a centrarse en el diálogo de los grandes.

Primero le tocó el turno al dueño de casa. En tono sereno pero enérgico, el presidente Reagan empezó su intervención naturalmente poniendo el dedo en la llaga: "Gennadi Zajarov es un espía acusado que debe presentarse a juicio. Nicholas Daniloff es un rehén inocente que debe ser liberado.
La URSS es responsable por las consecuencias de su acción". Como era de esperarse, a la luz de las conversaciones previas entre el secretario de Estado George Shultz y el canciller Shevardnadze, Reagan anteponía a cualquier tipo de diálogo una condición sine qua non: la liberación de Nicholas Daniloff, el corresponsal de U. S. News and World Report, detenido en Moscú y acusado de espionaje a fines del mes pasado, y puesto bajo custodia de la Embajada norteamericana en la capital soviética.

En vísperas de las elecciones de Congreso, para Reagan el caso Dani loff se ha convertido en algo más que una cuestión de "humanitarismo" como él la califica, pasando a ser un problema político. Ante una opinión pública particularmente sensible a todo tipo de hechos en los cuales esté involucrada la suerte de un norteamericano, el éxito o fracaso en el manejo del caso Daniloff podría determinar en buena medida el resultado electoral de noviembre.

Pero una vez dejó en claro lo concerniente a Daniloff, Reagan cambió inmediatamente el tono por uno sorpresivamente conciliatorio en lo referente a control de armamento.
Para asombro de muchos, por primera vez el Presidente norteamericano se mostró dispuesto a hacer concesiones en el programa de Guerra de las Galaxias, el cual constituye el punto central de preocupación para Moscú. Respondiendo a una propuesta de la Unión Soviética de congelar el programa por el término de 15 años, Reagan ofreció hacerlo por la mitad del tiempo, es decir 7 años y medio, si la URSS por su parte accede a continuar cumpliendo el tratado sobre misiles antibalísticos de 1972. La sorpresa, sin embargo, no habría de terminar allí. Al referirse a las pruebas nucleares, Reagan aseveró que los EE.UU. están dispuestos a "discutir vías de implementación paralelas de un programa paso a paso para limitar y en últimas acabar con las pruebas nucleares".

El cambio de posición, sin embargo, pareció no satisfacer las aspiraciones de los soviéticos. Las primeras reacciones vinieron del canciller asistente, Vladimir Petrovsky, quien señaló que su gobierno estaba esperando que el discurso del presidente Reagan reflejara "el diálogo constructivo" sostenido por los dos gobiernos previamente en Washington.

Por su parte Shevardnadze, al intervenir al día siguiente ante la misma asamblea, reflejo la posición de la URSS ante los dos asuntos centrales de las relaciones en estos momentos.
Primero, ignorando totalmente lo concerniente al caso Daniloff y posteriormente, retirando su crítica a la posición adoptada por los Estados Unidos hasta ahora con respecto de la Guerra de las Galaxias y a la propuesta de moratoria nuclear. No dio sin embargo una respuesta a las nuevas propuestas norteamericanas, las cuales naturalmente deberán ser consideradas primero por el Politburó.

Si bien es cierto que las dos potencias mostraron ante la ONU una actitud conciliadora, hay quienes consideran que no hay motivos para ser demasiado optimistas. Por una parte porque la solución al caso Daniloff puede no resultar tan simple como parece. Si bien el presidente Reagan accedió en primera instancia a liberar también bajo custodia a Zajarov, el diplomático detenido en Nueva York.

Presionado por el Congreso y la opinión pública, Reagan ha manifestado ahora que los Estados Unidos consideran que la solución del caso Daniloff debe tratarse independientemente de la del caso Zajarov o de la expulsión de los 25 diplomáticos soviéticos de las Naciones Unidas. Actitud que ciertamente, no convence mucho a Moscú, pues sería como reconocer de inmediato la culpabilidad de Zajarov.

De otro lado, los acuerdos en mate ria de limitación de armas, a pesar de los "generosos" ofrecimientos de parte y parte, aun distan mucho de llegar a concretarse. Las diferencias en términos de número de misiles, alcance, sistemas de verificación, etc., son mucho más que simples sutilezas, y cualquier negociación alrededor de ellas podría tardar años. Es por eso que--una vez lanzadas las propuestas sobre la arena ambas partes saben que la única posibilidad de continuarlas discutiendo es la realización de la segunda cumbre Reagan-Gorbachev en noviembre.

Pero el interés que tienen uno y otro en adelantar ese diálogo, no es tampoco fácil de determinar. Mientras los Estados Unidos aseguran que no tiene sentido una nueva reunión mientras no se avance en el caso Daniloff, la Unión Soviética ha manifestado que tampoco le ve mayor objeto a continuar las conversaciones mientras no se avance en el tema de control de armamento. Es así como el encuentro en las Naciones Unidas este año les proporcionó a las dos potencias, como lo ha venido haciendo con otros países del mundo, un escenario en el cual pudieran finalmente ventilar a puerta abierta, lo que no han logrado decidir a puerta cerrada. --

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