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| 9/1/2012 12:00:00 AM

Las claves de Mitt Romney

Impulsado por la convención republicana y con una campaña presidencial muy apretada, el candidato Mitt Romney sabe qué tiene que hacer para doblegar al presidente Barack Obama.

"Ese futuro es nuestro destino. Ese futuro está ahí. Está esperándonos. Juntos, comencemos ese futuro esta noche", vociferó Mitt Romney después de aceptar el jueves pasado la nominación del Partido Republicano para ser su candidato presidencial frente al presidente Barack Obama. Ante él, abarrotando el coliseo Tampa Bay Times Forum en Florida, 2.286 delegados de todo el país y miles de militantes coreaban, convencidos de la victoria "¡USA, USA, USA!".

Aunque saben que en Estados Unidos es casi imposible vencer al presidente en ejercicio, algo que en los últimos 50 años solo han logrado Ronald Reagan y Bill Clinton, los republicanos mostraron su determinación y su hambre de victoria. Ahora el ring está listo, los luchadores ansiosos y el público sediento. La pelea promete ser reñida. En los sondeos, menos de un punto separa a Obama y a Romney. Y el republicano tiene con qué llegar a la Casa Blanca.
 
1. Unificar el partido

Abraham Lincoln dijo que “una casa dividida  no puede mantenerse”. El mormón Mitt Romney, con su fama de liberal moderado, no parece ser el tipo para agrupar un partido donde coexisten los derechistas del Tea Party, los cristianos ultraconservadores, los libertarios alérgicos al Estado y uno que otro independiente. Pero escogió a Paul Ryan, representante de Wisconsin, como su fórmula vicepresidencial. Él tiene las credenciales del perfecto godo, es adulado por las bases y es el campeón de los recortes presupuestarios. Los republicanos además presentaron un programa de gobierno muy de derecha: rechazar toda forma de aborto, el matrimonio homosexual y el control de las armas, luchar contra la inmigración, reducir la regulación estatal. La táctica parece haber dado resultado. Según un sondeo de You Gov, 50 por ciento de los republicanos están muy entusiastas, mientras solo 35 por ciento de los demócratas sienten lo mismo. Y ha aumentado la cantidad de gente que se considera republicana.
 
2. Arañar el voto latino y el de las mujeres

Obama es de lejos el candidato favorito en ciertos sectores: los negros (96 por ciento), los latinos (63 por ciento) y las mujeres (52 por ciento). Romney debe mitigar el daño. En Tampa eso quedó claro. Programaron todos los políticos ‘diversos’ del partido. Para el voto femenino, Ann Romney, la esposa de Mitt, repitió una y otra vez “las amo mujeres”. La estrategia es convencer a las madres solteras, al latino desempleado que, más allá de la ideología, lo importante es tener trabajo. Tal vez eso no sea suficiente para que voten por Romney, pero sí para que se abstengan.
 
3. Mantener la batalla en torno a la economía

Según un sondeo del Washington Post, 72 por  ciento de los encuestados dijo que el balance económico de Obama es la clave para decidir por quien votar. Y este es desastroso: hay 26 millones de desempleados, una deuda pública fuera de control, un crecimiento lento y las perspectivas no son buenas. Por eso Romney está martillando su experiencia como empresario, sus buenos resultados como gobernador de Massachusetts y la manera como revivió los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City en 2002, cuando estaban al borde de la quiebra. Y va a insistir en que la reelección de Obama tiene que ser un plebiscito de su gobierno.
 
4. Gastar bien su plata

En Estados Unidos una carrera presidencial cuesta mucho dinero. Y esta, según los analistas, va a ser la más cara de la historia. Con el debut oficial de las campañas, Romney va a poder usar su increíble botín. Por ahora ha logrado recaudar 190 millones de dólares, mientras Obama solo tiene 130 millones. Los demócratas están además gastando mucho más de lo que están recogiendo. Romney ahora tiene toda la plata del mundo para realizar propagandas asesinas contra Obama, para inundar los medios con su maravillosa historia personal y para llenar de oficinas todos los condados del país.
 
5. Ganar los debates

Obama es un gran orador, mientras Romney es tibio, acartonado, no muy natural. Por eso la esperanza de los estrategas republicanos está en los tres debates presidenciales. Romney es aguerrido y viene de unas primarias largas y agresivas, donde tuvo que debatir 19 veces antes de asegurarse la candidatura.
 
6. Contar con el factor sorpresa

Hay cosas que no dependen del candidato, pero que pueden trastornar las elecciones. Si estalla una guerra en Irán, en Israel o hay una intervención en Siria, Obama podría fortalecer su condición de comandante en jefe pero correría enormes riesgos. Por eso es poco probable que pase algo antes de noviembre. Pero el presidente tiene un flanco débil, mucho más azaroso: la economía mundial. Una mala noticia de Europa puede contagiar el mercado estadounidense y hundir la reelección.
 
7. Reinventarse

Romney tiene un problema grave: en un sondeo de You Gov, solo 39 por ciento de los encuestados afirmaron que “les caía bien”, mientras que 57 por ciento dijeron lo mismo de Obama. Romney no emociona, es poco transparente, multimillonario y es además mormón, fe que algunos consideran como una secta. Se parece más a un jefe que a un vecino. Y a nadie le gusta mucho el jefe. Los demócratas han logrado además presentar su exitosa carrera empresarial como la de un capitalista chupa sangre, un pirata de las finanzas que para ganar dinero quebró empresas, exportó empleos a China o tiene cuentas en paraísos fiscales. Romney tampoco se ha ayudado con sus frecuentes metidas de pata. Por eso muchos votantes dudan de que sea capaz de entender los problemas de la clase media. La estrategia republicana es humanizar a Romney. Que su mujer, como lo hizo en Tampa, cuente porqué lleva 43 años enamorada de este hombre que “todavía me hace reír”. Que quede claro que es un hombre de fe, un visionario del mundo de los negocios, un padre y abuelo amoroso, pero sobre todo responsable.
 
8. Conquistar los Estados clave

Hay Estados donde una victoria republicana es imposible: Nueva York o California. En otros como Texas el triunfo es seguro. Por eso la pelea termina siempre centrándose en una decena de Estados, los swing states. En Ohio, Virginia, Carolina del Norte, Colorado, Iowa, Wisconsin y Florida hay por ahora menos de dos puntos de diferencia entre los candidatos. Ahí la campaña es de alta precisión, casi personalizada. Si Romney quiere la Casa Blanca, tiene que llevarse por lo menos cinco Estados.
 
La estrategia
 
Beau Phillips, un prestigioso estratega republicano de Washington, resume lo que debe hacer Mitt Romney para ganarle a Barack Obama las elecciones del 6 de noviembre.: “La clave para él, en los dos meses que restan de campaña, tiene dos partes. La primera, que no deje que el presidente lo defina ante el electorado. Y la segunda, que centre el debate en la mala situación económica y en el desempleo”.

Suena lógico. La economía gringa no despega, el desempleo se mantiene tercamente por encima del 8,2 por ciento y la historia juega contra Obama. Conviene recordar que desde 1940, cuando Franklin Delano Roosevelt ganó por tercera vez consecutiva en los comicios a la Casa Blanca, ningún presidente ha sido reelegido con un desempleo superior al 8 por ciento. En aquella época, el 14,6 por ciento de la gente no conseguía trabajo, pero la situación era todo un paraíso tras el descalabro de la bolsa en 1929.

Phillips, socio de la firma de asesoría política Chlopak Leonard & Schechter y que ha estado vinculado a varias campañas de su partido, dice que Romney no va a dejar a los hispanos al garete. A pesar de que la colectividad ha sido hostil con ellos, opina que el candidato “hará una apuesta con el fin de buscar el voto latino”, que puede ser decisivo.

La tesis de Phillips obedece a que considera a Romney un moderado dentro de un partido en el que predomina el ala radical de derecha, a la que pertenece Paul Ryan, integrante del Partido del Té. La verdad, sin embargo, dice el estratega, “es que Romney gobernaría desde la moderación, tal como lo hizo cuando fue gobernador de Massachusetts”.  
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