Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1996/07/22 00:00

LAS CUITAS DE CLINTON

LA VENTAJA DEL PRESIDENTE SOBRE BOB DOLE ES CADA VEZ MENOR POR EL CASO WHITEWATER. EN QUE CONSISTE ESTE ENORME EBREDO?

LAS CUITAS DE CLINTON

La semana pasada se inició con lujo de detalles una nueva temporada del escándalo Whitewater, un tema que ha amargado la vida de Bill y Hillary Clinton desde antes de que llegaran a la Casa Blanca. El regreso del asunto a la atención de los medios se debió a dos aspectos diferentes: por una parte, una comisión especial del Senado entregó las conclusiones de su propia investigación, y por la otra, comenzó en Arkansas, estado de origen de los Clinton, un juicio contra dos allegados al presidente, en el cual una de las acusaciones es la de haber ocultado contribuciones por 50.000 dólares para su campaña por la gobernación de ese estado en 1990. En ese juicio resultó incluido como copartícipe no acusado un cercano colaborador del presidente. Y para empeorar las cosas, una comisión congresional descubrió, en otro de los vericuetos del caso, que la Casa Blanca en 1993 había pedido ilegalmente al FBI los expedientes de más de 400 personas que resultaron ser, sobre todo, antiguos funcionarios republicanos con capacidad para hacer daño en el caso Whitewater. Todo ello ha tenido un efecto demoledor en la ventaja de Clinton sobre su contendor republicano, Robert Dole. En el Resultado más dramático, la encuesta encargada por la cadena de televisión CNN y la revista Time señala una escasa ventaja de seis puntos (49 a 43 por ciento de las intenciones de voto). De seguir así, la campaña electoral tendrá que calentarse al punto de ignición de aquí a las elecciones de noviembre. En sí, el famoso escándalo Whitewater consiste en la participación en los años 80 de la hoy pareja presidencial en un proyecto inmobiliario del mismo nombre, financiado por Madison Guaranty, una institución financiera de propiedad de dos viejos amigos de los Clinton, James McDougal y su esposa Susan. El negocio fracasó, los Clinton perdieron dinero, y más tarde, la quiebra de Madison produjo pérdidas al erario norteamericano, en concepto de garantías, por más de 60 millones de dólares, lo que condujo a la condena de cárcel que recibieron los McDougal hace tres semanas. El escándalo se refiere principalmente a que los Clinton manipularon sus influencias para favorecer a Madison Guaranty y conseguir préstamos ilegales al menos por 300.000 dólares a la misma, de los cuales al menos 50.000 se desviaron hacia el proyecto Whitewater. Así mismo, a que los Clinton obtuvieron beneficios tributarios indebidos a raíz del asunto. Como se ve en las siguientes síntesis, las acusaciones contra Clinton se refieren más a abuso de influencias que a enriquecimiento ilícito. Muchos norteamericanos no entienden el escándalo, y si lo hacen, las cifras les parecen ridículas. Pero lo que no perdonan, y allí reside el riesgo electoral contra Clinton, es que los inquilinos de la Casa Blanca y sus aliados les hayan dejado la impresión de que ocultan algo, así nadie, ni ellos mismos, sepan qué es. Las cuentas de Hillary En los años 80 la primera dama pertenecía a un bufete llamado Rose Law Firm, y en esa calidad efectuó trabajos para Madison Guaranty, relacionados con otro proyecto fallido llamado Castle Grande. Según los acusadores, ese trabajo fue sustancial y tuvo que ver con operaciones fraudulentas. Lo cierto es que pasaron casi dos años entre la petición judicial de las cuentas legales de Hillary y su entrega. Aunque la primera dama aseguró durante ese tiempo ignorar su paradero y no recordar la cuantía de los trabajos, de pronto aparecieron en una oficina de la Casa Blanca. Efectivamente Hillary dedicó más de 60 horas a su labor para Madison Guaranty. Aunque no está demostrado que el trabajo tuvo que ver con asuntos ilegales, la negativa a mostrar las cuentas dejó mal sabor. Travelgate En mayo de 1993 fueron despedidos los empleados de la oficina de viajes de la presidencia y reemplazados por un equipo traído de Arkansas. Cuando se produjeron las primeras denuncias de abuso, la Casa Blanca negó que Hillary Clinton tuviera nada que ver en la decisión. Pero hace algunos meses apareció un memorando de ese año, firmado por un funcionario que sostiene que el despido fue por orden directa de la primera dama, quien no ahorró amenazas si sus deseos no se cumplían. La conexión con el caso Whitewater tiene que ver solamente con la sospecha de que Vincent Foster tuviera documentos clave sobre la actuación de Hillary. Pero el público asocia el tema con el escándalo-madre porque evidencia, según la oposición, que los Clinton están dispuestos a mentir cuando lo necesitan. Vincent Foster Un amigo cercano de Bill Clinton, Vincent Foster, se suicidó en 1993 mientras era subconsejero legal de la Casa Blanca. Los enemigos del presidente sostienen que sus empleados sólo permitieron que la oficina de Foster fuera examinada cuando ellos removieron documentos que supuestamente incriminaban a los Clinton en algo sucio referente al tema de Whitewater. Otra hipótesis es que Foster guardaba información sobre el Travelgate, un escándalo surgido porque supuestamente Hillary Clinton ordenó en mayo de 1993 el despido injustificado de los empleados de la agencia de viajes de la Casa Blanca para reemplazarlos por amigos suyos de Arkansas. La primera dama ha negado su participación en ello, pero la conexión de Foster convirtió al Travelgate en parte del Whitewater. Bruce Lindsey Bruce Lindsey, viejo amigo y actual asesor de Clinton, ha sido vinculado como copartícipe a un proceso que se sigue en Arkansas contra dos banqueros allegados a Clinton, a quienes se acusa de haber ocultado contribuciones ilegales a varias campañas, incluida la del actual presidente para la reelección en Arkansas. Lo que da peor impresión es que Clinton nombró luego a uno de los dos banqueros como miembro de la Comisión de Autopistas, una posición de mucha Influencia. Clinton se ha mostrado solidario con su asesor, quien es acusado de sumarse a la conspiración para ocultar, mediante el fraccionamiento de cheques, que sus contribuciones ascendieron a 50.000 dólares. El presidente deberá testificar en el juicio y los daños a su imagen pueden ser grandes. Filegate Hace dos semanas, cuando un comité de la Cámara investigaba el despido de los empleados de la oficina de viajes (el caso Travelgate), descubrió accidentalmente que funcionarios de la Casa Blanca obtuvieron del FBI (la Oficina Federal de Investigaciones) el expediente (file) del jefe de la oficina de viajes. Atando cabos se dieron cuenta de que la operación había abarcado más de 400 expedientes, incluidos los de ex funcionarios republicanos de alto rango. La Casa Blanca ofreció disculpas por el incidente, y explicó que la solicitud de información al FBI se dirigía a acelerar el escrutinio de los posibles nuevos funcionarios de la presidencia y que se utilizó una lista vieja por error. Si bien la explicación no ha sido rebatida, los responsables del hecho son dos militantes copartidarios de Clinton. Las conclusiones del Senado El comité senatorial que investiga el Whitewater, después de 13 meses de audiencias y más de 800 páginas de argumentaciones, sacó la semana pasada dos reportes finales, uno de la mayoría republicana y otro de los demócratas aliados del presidente. No podían ser más divergentes en su examen de tres puntos claves: el tema de la oficina de Vincent Foster, la extraña desaparición de las cuentas del trabajo legal de Hillary y los desarrollos del caso Whitewater propiamente dicho. Los republicanos se quejan de la amnesia que atacó a los colaboradores de la presidencia y a la propia Hillary, la que consideran como una verdadera ofensa. Los demócratas sostienen que la investigación no llegó a nada, las respuestas fueron convincentes y que el asunto debe ser archivado. El tema queda ahora en manos del procurador especial independiente, Kenneth Starr, quien deberá decidir si acusa a los Clinton ante un juzgado federal.

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