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| 4/17/2015 6:35:00 PM

Las polémicas declaraciones del papa Francisco

Las recientes proclamaciones del papa Francisco frente al asesinato en masa del pueblo armenio a principios del siglo XX tienen al Vaticano en un aprieto diplomático.

Con cada sermón dominical llega un nuevo debate internacional. La controversia parece estarse apoderando de la agenda del papa Francisco, que por estos días dio varias declaraciones de primera plana a nivel mundial.

Una semana después de acusar al mundo de guardar silencio ante el asesinato de cristianos en Kenia, el papa agitó nuevamente la discusión al calificar de genocidio la muerte de 1,5 millones de armenios a manos del imperio Otomano en 1915. Las palabras del pontífice encendieron una confrontación diplomática con Turquía, que convocó rápidamente a su embajador en el Vaticano a consultas en Ankara.

El sumo pontífice hizo estas afirmaciones en una misa con motivo del centenario del inicio de la tragedia con presencia del presidente armenio, Serzh Sargsyan, y en un mensaje a todos sus compatriotas reiteró su postura de que la violencia global del siglo XXI, aparentemente fragmentada, representaba en realidad una "tercera guerra mundial”. El papa Francisco buscaba provocar una respuesta. Tanto así que comparó el destino de los armenios con los genocidios orquestados por los nazis en la Segunda Guerra Mundial y los soviéticos durante la era de Stalin, al mismo tiempo que condenó las masacres en Camboya, Ruanda, Burundi y Bosnia.

"Parece que la humanidad es incapaz de poner un alto al derramamiento de sangre inocente -dijo Francisco-. Parece que la familia humana se ha negado a aprender de los errores causados por la ley del terror, por lo que hoy en día, también, hay quienes tratan de eliminar a los demás con la ayuda de unos pocos, y con el silencio cómplice de otros que simplemente se dedican a observar".

Con su declaración, el papa hizo eco a los reclamos históricos de los armenios, según los cuales el imperio Otomano perpetró atrocidades como deportación organizada, matanza sistemática, deliberada inanición y deshidratación de millones de personas para reducir metódicamente su población armenia, en una operación que destruyó miles de familias junto con 3.000 años de historia.

Turquía se ha resistido a lo largo de la historia a aceptar esas acusaciones, argumentando que en realidad se trató de una guerra civil paralela a la Primera Guerra Mundial y que un gran número de turcos también murieron cuando los armenios se alinearon con las fuerzas rusas para reclamar un estado independiente en el este de Turquía.

Poco después de las polémicas declaraciones el primer ministro turco, Mevlut Cavusoglu, rechazó en Twitter las afirmaciones, que considera sin fundamento. "No es posible aceptar las declaraciones del papa, que están lejos de cualquier realidad jurídica o histórica –dijo Cavusoglu-. Las ceremonias religiosas no son el lugar para incitar el resentimiento y el odio con acusaciones infundadas".

Desde cuando se convirtió en papa en marzo del 2013, Francisco acostumbra participar en temas delicados de política exterior, por lo general en el papel de intermediario. En junio, después de visitar Tierra Santa, fue anfitrión de una “cumbre de oración” en donde participaron Israel y Palestina.

Su participación tuvo más éxito en las conversaciones para romper las tensiones que desde la Guerra Fría separaban a Estados Unidos y Cuba. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el de Cuba, Raúl Castro, atribuyeron al pontífice y sus diplomáticos haber servido como garante de confianza en las negociaciones.

Francisco ha utilizado su púlpito para condenar la violencia en los conflictos de Ucrania, Irak, Siria, Nigeria y Kenia. Al fin y al cabo, desde su cumbre moral el Vaticano tiene libertad para mencionar verdades poco diplomáticas de la política exterior internacional. El papa no tiene que preocuparse por una carrera política, elecciones o un Congreso opositor, y tiene el respaldo de casi mil millones de católicos en el mundo, que le dan un peso específico incomparable. Y no es la primera vez que la Santa Sede influye en el devenir de la geopolítica: basta recordar la influencia que ejerció Juan Pablo II en la caída del bloque soviético.

Para Turquía, los eventos del domingo resultaron sorprendentes después de la visita que realizó Francisco a ese país apenas en noviembre del año pasado. El motivo del viaje fue un encuentro con el líder de la iglesia ortodoxa turca, Bartolomeo I. También se reunió con el presidente Recep Tayyip Erdogan para discutir una campaña en contra de la islamofobia que ha cobrado fuerza en Europa en los últimos meses. Por estas razones los diplomáticos turcos han señalado los acontecimientos como una traición.

Ese, sin embargo, es un riesgo que seguramente el papa tiene bien calculado. La suerte de miles de cristianos en Medio Oriente y África se ha convertido en uno de los temas más dolorosos en un momento en el que proclamar la fe en la cruz puede ser causa de muerte, como en las épocas de los romanos. De ahí que Francisco haya mostrado una actitud muy asertiva en defensa de su rebaño en los lugares más peligrosos del mundo.

Se trata, al menos en el caso de Turquía, de una actitud a medio camino entre lo doctrinal y lo político. Y por lo que se ha visto en su papado, no será la última vez que Francisco toque temas polémicos.
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