13 marzo 2013

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Las divisiones que subyacen al conclave

BBC

VATICANOEl secretismo que lo rodea ofrece una imagen de unidad de la Iglesia, pero, ¿cuán real es esta percepción?

Las divisiones que subyacen al conclave. Este martes se reinician las votaciones.

Este martes se reinician las votaciones.

Foto: AP

El martes 12 de marzo a las 16:30 hora local, el secreto se instaló de nuevo en la Capilla Sixtina. Un secreto que tapa y enmudece los matices -o las líneas de división- internos de la iglesia y que excluye a los fieles de los contenidos del debate electoral.

La única información objetiva de que disponemos en estos momentos es que, en la primera tarde del cónclave, de la chimenea de la Capilla Sixtina surgió una "fumata nera": es decir, no hubo acuerdo entre los cardenales.

El secreto que rodea a la elección de los papas es quizá la herramienta más antigua de que dispone la Iglesia para proyectar una imagen de unidad sin fisuras.

Sin embargo, lo que sucede en el interior del cónclave es terreno abonado para el análisis y la especulación. Y muchos vaticanistas hablan de un cónclave recorrido por diferencias internas (¿qué proceso electoral no lo es?) que apuntan más a formas diversas de entender el gobierno de la Iglesia que a cuestiones doctrinales.

No se espera -dicen- que cuestiones potencialmente polémicas como el aborto, la homosexualidad o el divorcio centren el debate.

El acuerdo sobre estos puntos entre los cardenales electores -todos ellos nombrados por los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI- es prácticamente unánime.

"Estamos ante un grupo conservador. El elegido podría tener un lenguaje más sutil en estos temas, una imagen más fresca, joven y energética, pero no se esperan cambios profundos", le dice a BBC Mundo el vaticanista Robert Mickens, autor del libro "The Vatican implosion".

En cambio, los últimos escándalos -especialmente las acusaciones de corrupción puestas sobre la mesa por el caso Vatileaks- han hecho que muchos se replanteen el propio gobierno de la Iglesia, cómo y quiénes gestionan la institución.

"Hace ocho años, cuando los cardenales se reunieron para elegir al sucesor de Juan Pablo II, la palabra clave era continuidad (…). El arquitecto intelectual del papado de Juan Pablo II, el cardenal Joseph Ratzinger, pareció la elección obvia. Ahora, hay otro tema crucial, aunque podría no llevar a un candidato concreto. En una palabra, el tema central esta vez parece ser la gobernanza", escribe John L. Allen Jr, corresponsal de National Catholic Report.

Algunos analistas, como Paolo Mastrolilli, editor del diario La Stampa, señalan que a un lado se sitúan los cardenales que defienden una reforma de calado de la Curia, algo así como el aparato del Estado sobre el que se asienta la Santa Sede y la Iglesia.

"Este grupo estaría compuesto principalmente por cardenales no italianos. Las últimas controversias pusieron sobre la mesa la necesidad de reformar el gobierno de la Iglesia.

"El Instituto para las Obras Religiosas, conocido como el banco del Vaticano, necesita un cambio. Y hay quienes defienden un cambio de comportamiento entre quienes dirigen la Iglesia. Una mayor habilidad de comunicación, mayor transparencia y modernización", le comenta a BBC Mundo Mastrolilli.

Frente a esta tendencia se situarían mayoritariamente cardenales italianos miembros de la curia, quienes prefieren "discutir los escándalos, pero no demasiado", en palabras del vaticanista italiano.

Paradójicamente, el candidato del primer grupo sería un italiano, Angelo Scola, obispo de Milán, y el del segundo, un latinoamericano, Odilo Scherer, arzobispo de Sao Paulo.

Sin embargo, Mickens considera que esta división en dos grupos enfrentados claramente es "demasiado simplista".

"Los escándalos de la Iglesia están muy presentes en Italia, no sé si tanto en Brasil, Colombia o Filipinas. Los periódicos hablan de una reforma de la curia que consistiría en alejar del Vaticano a quienes se vieron salpicados por los escándalos. En cambio, para la curia, la reforma pasa más por un mayor reparto del poder y la responsabilidad con los obispos del resto del mundo", indica Mickens.

Para este vaticanista estadounidense -además de la mencionada reforma- hay otros temas sobre la mesa: la posibilidad de ceder el trono de Pedro a un no europeo, el impulso evangelizador en una Iglesia que "pierde fieles" y una mayor apertura a la pluralidad.

Encontrar un candidato de unidad en todas estas cuestiones, apunta Mickens, no será fácil. "Se busca un pastor que sea buen administrador", afirma.

En la misma línea se pronuncia Andrés Beltrano Álvarez, colaborador de la publicación Vatican Insider."No creo que haya dos grupos bien diferenciados. Son más. Pienso que tanto el origen geográfico como la defensa de una reforma son temas transversales. Es cierto que cardenales africanos, latinoamericanos y estadounidenses coinciden en ese punto. Pero también los hay italianos. No es una cuestión de procedencia", le comenta Beltrano a BBC Mundo.

Si nos situamos en este escenario de mayor complejidad, hablar de dos candidatos únicos es precipitado. 

"Creo que al principio habrá una dispersión del voto. Se habla de al menos tres o cuatro nombres: el canadiense Marc Ouellet, quien tiene experiancia pastoral, en la curia y es norteamericano sin ser estadounidense; Scherer, cercano a la curia; y Scola, italiano crítico con el gobierno vaticano. Pero hay más", concluye Beltrano.

En el primer día de cónclave, es imposible saber quién y cuándo reunirá el consenso necesario de dos tercios de los 115 cardenales electores (77 votos) y se convertirá en Papa. De momento, sólo una cosa es segura: la sede continúa vacante.
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