Viernes, 19 de diciembre de 2014

| 2013/02/13 00:00

Las profecías del papa 112 y el fin de los tiempos

Tras la renuncia de Benedicto XVI empiezan a conjeturarse todo tipo de cábalas.

Un rayo golpeó la basílica de San Pedro el mismo día en el que el papa Benedicto XVI anunció su abdicación. Foto: EFE

Quien reciba el papado de manos de Benedicto XVI “reinará durante la persecución final de la Iglesia”, o al menos eso es lo que dice la inscripción 112: “in persecutione extrema S.R.E. sedebit”, perteneciente a las profecías de Malaquías.

El último jefe de la iglesia será Pedro el Romano y a él corresponderá llevar al pueblo de Dios a las escalinatas del juicio final, pero antes de esto, habrá un último papa, el 112, a quien le tocará lidiar con las tribulaciones de su pueblo en medio de la peor de las hecatombes: la destrucción de la ciudad de las siete colinas (Roma) y la diáspora total.

La anterior premonición podría ser inferida de una versión posterior al ‘Lignum Vita’ de Arnold Wion publicado en 1559 y en donde se consignan las profecías de Malachy O’ Morgair (1094-1148), más conocido como Malaquías y quien después de una peregrinación a Roma en el año 1.139, tuvo visiones que describen a los siguientes 113 pontífices de la iglesia romana.

Lo extraño de las premoniciones es que en muchos casos parecen haber acertado con asombrosa precisión. Por ejemplo al papa 110, Juan Pablo II, lo relaciona con el sol y sus palabras son: “De labore Solis”. Por increíble que parezca, Juan Pablo II nació y murió en días de eclipse de sol.

Al papa 109, lo asocia con la mitad de la luna: “De Medietate Lunae”. Y Juan Pablo I, nació en Belluno (luna bella). Además su nombre de pila era Albino Luciani (luz blanca, luz lunar). Por último su pontificado duró apenas 33 días, lo que se  podría asemejar con una tarea sin terminar, con una luna media.

Dos hechos adicionales parecen confundir más a quienes gustan de este tipo de teorías. Por una parte, el papa de la destrucción en varias oportunidades es asociado a un papa negro, y esta teoría presenta dos opciones: que  el nigeriano Francis Arinze o el ghanés Peter Turkson -obispos de raza negra- sean promovidos al trono de Pedro. O que un cardenal exjesuita (orden denominada por algunos como curas negros) fuese el elegido, lo que podría pasar si el designado es Jorge Mario Bergoglio, obispo de Buenos Aires.

Por otra parte, la profecía de Malaquías podría orientarse, más que a la terminación del mundo, a la decadencia y fin de la iglesia. En ese caso el papa 112 podría ser más bien un jerarca incapaz de aplicar los cambios que la iglesia católica requiere para seguir siendo esa institución poderosa que hasta ahora permeó la sociedad, por lo menos la de occidente.

Por alguna razón, sin embargo, las profecías y premoniciones son tan flexibles que se acomodan a cualquier tipo de interpretaciones. Por ejemplo que Pedro, el Romano, sea el último papa, podría significar que un pontífice nacido en Roma ocupe nuevamente el papado. En ese caso la elección de Angelo Scola, obispo de Milán, sería la más probable.

Una interpretación de las profecías de Malaquias, muy de moda por estos días, es que el papa siguiente no presidirá la destrucción de la iglesia romana, sino más bien su mutación, siendo él mismo, una trasformación.

En ese contexto los papas latinos podrían surgir como la solución del enigma. De hecho, el cardenal argentino Leonardo Sandri o los brasileños Joao Braz de Aviz, arzobispo de Brasilia, u Odilo Pedro Scherer, arzobispo de Sao Paulo, podrían ser ungidos sin problema. Sin embargo los jerarcas latinos suelen ser conservadores y de ahí que no sea muy probable una transformación.

En todo caso, si usted es de los que cree en este tipo de cosas, mejor prepárese.

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