Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/05/14 00:00

Las siete plagas

Los últimos meses han sido fatales para el país gobernado por Tony Blair.

Las siete plagas

El ejemplo clasico de annus horribilis, o “año horrible”, para la reina Isabel en Gran Bretaña fue 1996, cuando se divorciaron el príncipe Carlos y Lady Di. Pero para su país el verdadero “horribilis” ha sido el actual. Epidemias infecciosas, ausencia del turismo, renacer de la amenaza terrorista, un accidente ferroviario y hasta la lengua suelta de una integrante de la familia real conforman el panorama de un año que muchos quisieran olvidar muy pronto. La mala racha llegó hace unos días a tal punto que el primer ministro, Tony Blair, decidió posponer por un mes las elecciones del 3 de mayo con el fin de enfrentar las dificultades que atraviesa el país, sobre todo en sus áreas rurales. El sacrificio de más de un millón de animales tiene al sector agropecuario en la peor crisis de la historia reciente.

Como si la epidemia de las vacas locas fuera poca cosa, cuando ésta parecía superada apareció la de fiebre aftosa. Se trata de una enfermedad muy contagiosa cuyo virus puede transportarse por cualquier medio, incluso por el viento. Esa versatilidad hace que los medios para combatirla sean extremos, como el cierre de todos los mercados agropecuarios, los parques nacionales y los caminos para deportistas, que son una de las grandes atracciones turísticas.

Como consecuencia los estimativos indican que la industria turística, que con más de 20.000 millones de dólares anuales es aún más importante que la agropecuaria, podría sufrir este año pérdidas sólo recuperables en el mediano plazo. Lo cierto es que la imagen de miles de reses sacrificadas ha espantado a los turistas a pesar de que la aftosa no es contagiable al hombre.

Lo malo es que la enfermedad de las vacas locas sí lo es y, aunque la epidemia parece completamente controlada, por estos días el tema volvió a las primeras planas cuando un estudio reveló la semana pasada que el Reino Unido ha alcanzado el triste récord del mayor número de personas afectadas por la forma humana de las vacas locas, llamado “síndrome de Kreuzfeldt-Jakob”, con cerca de 100 casos reportados.

En un desarrollo que no tiene relación con las enfermedades bovinas, el 4 de marzo se conoció una epidemia de una forma de tuberculosis en Leicester con 24 casos reportados. Se temía que la enfermedad alcanzara a una proporción mucho mayor de la población por su velocidad de propagación.

Ni siquiera el sistema ferroviario británico, considerado uno de los más seguros y eficientes del mundo, se salvó del annus horribilis. El primero de marzo, como consecuencia de un cúmulo de coincidencias inexplicables, el Intercity de Selby se descarriló al colisionar con un Land Rover varado en la vía férrea y chocó contra un tren de carga. Más de 100 heridos graves y una veintena de muertos fueron el resultado de un accidente que hizo pensar que ni siquiera los confiables trenes de los ingleses estaban exentos de la crisis.

Tampoco el proceso de paz de Irlanda del Norte alcanzó para librar a los británicos de sus preocupaciones. Este año ha producido incidentes con una facción rebelde del Ejército Republicano Irlandés, incluido un atentado en la BBC en Londres el 4 de marzo. Una explosión sólo comparable a la que sufrieron la semana pasada los medios al conocer las declaraciones de la condesa Sophie, esposa del príncipe Eduardo, cuando dijo a un periodista disfrazado que ser miembro de la familia real le traía incontables beneficios de negocios. Los clamores de la prensa liberal por la eliminación de la monarquía fueron la cereza en la crema de un año que apenas lleva tres meses y ya puede calificarse de desastroso.

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