Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1992/04/20 00:00

A LAS URNAS

Las elecciones generales del 9 de abril prometen ser las más reñidas de los últimos años

A LAS URNAS

POR FIN EL PRIMER MINIStro británico John Major se decidió a convocar a elecciones en la Gran Bretaña, aunque todo hace pensar que serán las más reñidas de los últimós años. Major ascendió al gobierno en calidad de jefe del partido conservador cuando Margaret Thatcher renunció en noviembre de 1990, lo que quiere decir que el actual jefe del 10 de Downing Street aún no ha enfrentado el veredicto de las urnas. El próximo 9 de abril el laborista Neil Kinnock intentará arrebatarle la mayoría absoluta de los 651 miembros de la Cámara de los Comunes y por lo tanto, el derecho a formar gobierno. Tras 13 años de gobierno conservador, esas elecciones podrían señalar el derrotero de Gran Bretaña para el comienzo del siglo XXI.
De regreso del palacio de Buckingham, donde informó su decisión a la Reina Isabel II. Major presentó a la prensa las elecciones como "una alternativa particularmente clara" entre su partido y el Laborista, en temas como la tributación y las libertades individuales. Major hizo coincidir la convocatoria con la presentación del presupuesto nacional, en el que destacó la rebaja de impuestos al ingreso y las mejoras para la condición de las clases menos favorecidas. Los laboristas contestaron que el verdadero tema de las elecciones se centrará en las proyecciones de desempleo, que continuará creciendo, y del déficit, que llegará este año a la suma récord de 48 mil millones de dólares.

Major hubiera podido convocar las elecciones poco después de asumir el gobierno o el año pasado, después del triunfo aliado en la guerra del golfo Pérsico. En ambas circunstancias su partido estaba muy adelante en las encuestas.
Defendió su tardanza al afirmar que había sido importante "esperar al nuevo tratado de unión europea al nuevo presupuesto y a la eliminación del polltax", un impuesto por cabezas que fue la causa principal de la salida de la Thatcher. Pero como dijo un vocero del tercer partido, el Liberal Democrático, "Major esperó y esperó a quese produjera una recuperación económica que nunca llegó, y ahora está entre la espada y la pared ".

La popularidad personal de Major sigue siendo superior a la de Kinnock. Sin embargo la defensa de su desempeño económico es muy difícil. El año pasado Gran Bretaña sufrió su mayor descalabro desde los años 30. El producto interno bruto fue un 2,5 por ciento más bajo el año pasado que en 1990. El crecimiento de 1992 no superará el uno por ciento, contra el 2,25 por ciento presupuestado. Si se excluye la industria petrolera del Mar del Norte, la economía completó el sexto trimestre en retroceso, el mayor período de caída desde la Segunda Guerra Mundial.

La situación laboral es alarmánte. El total de desempleados creció el 42 por ciento en el año pasado para llegar a un total de 750 mil personas y no parece mejorar. British Telecom indicó hace dos semanas sus intenciones de eliminar 3.100 empleos y el Lloyd's bank advirtió que podría salir de 3.000 empleados. La automovilistica Jaguar despedirá 650 y las principales productoras de electrodomésticos, Hoover y Hotpoint decidieron suspender a 3.600 trabajadores durante dos semanas por ahora. British Coal, la compañía que administra la industria del carbón, anunció que de las 52 minas que quedan sólo se mantendrán en producción 12, lo que se llevará otros 30 mil puestos de trabajo.
Kinnock asegura que todas esas cifras harán que los laboristas ganen para "comenzar de nuevo". Pero los observadores señalan que el tema económico no es el que implica la mayor divergencia entre los dos partidos principales. Esta reside realmente en el asunto del independentismo escocés, que amenaza a la unidad del Reino. Los laboristas y los liberales democráticos prometen a los escoceses un régimen de autonomía con su propio parlamento incluido, pero Major no quiere dar ninguna esperanza a los secesionistas. Aunque sostiene que "ninguna nación puede ser mantenida indefinidamente en una Unión contra su voluntad", parece claro que un gobierno conservador no permitiría el retiro de Escocia del Reino Unido sin dar la pelea.

Por lo pronto, seis encuestas independientes publicadas en Londres indican que ninguno de los dos partidos mayoritarios está en condiciones de ganar en forma decisiva, lo que aumentaría la importancia de los liberales, que podrían presionar por la adopción de un sistema de representación proporcional. Pero eso no es relevante según Major, porque su partido ganará las elecciones "con la mayoría necesaria". Pero hay quienes creen que piensa con el deseo.

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