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| 5/20/1996 12:00:00 AM

LAS UVAS DE LA IRA

LOS ATAQUES DE ISRAEL CONTRA EL SUR DEL LIBANO, DESTINADOS A APLASTAR LA RESISTENCIA DEL HIZBOLLAH, PODRIAN RESULTAR UN TIRO POR LA CULATA.

Las uvas de la iraLos ataques de Israel contra el sur del Líbano,destinados a aplastar la resistencia del Hizbollah, podrían resultar un tiro por la culata.uando la opinión pública internacional se enteró de que Israel estaba atacando a las bases del movimiento Hizbollah (Partido de Dios) en el sur del Líbano, muchos pensaron, con razón, que se trataba de la nueva edición de una novela muchas veces contada. La razón es que desde 1982, cuando Israel estableció la llamada'Franja de seguridad' en territorio de su vecino del norte, ha tenido que enfrentarse en múltiples ocasiones con ese grupo, que dice ser un movimiento de resistencia contra la ocupación, pero que tiene además el peligroso ingrediente de estar conformado por fundamentalistas chiítas con fuertes lazos con Siria y, lo que es más diciente, con Irán.Esta vez, como en ocasiones anteriores, se trató de un intercambio de agresiones motivado por un hecho detonante: los de Hizbollah sostienen que lanzaron su primer ataque, el lunes de la semana anterior, para vengar la muerte de dos libaneses, un hecho que según Israel fue fortuito. En cualquier caso las manifestaciones callejeras de los colonos israelíes afectados se encargaron, otra vez, de desencadenar la acción de su gobierno. De nuevo la estrategia militar de Israel ha sido violenta y al mismo tiempo elemental: tratar de poner fin a la amenaza no sólo mediante el ataque a las instalaciones militares de Hizbollah, sino por la presión creada por el éxodo de decenas de miles de civiles libaneses destinada a que los gobiernos de Líbano y su patrocinador, el de Siria, decidan por fin tomar acción para controlar a los guerrilleros. Lo que no tiene antecedentes es la magnitud de la operación israelí, llamada 'Las uvas de la ira'. El ejército de Jerusalén lanzó una andanada de bombardeos muy superior al ataque de 1993, lo que produjo la estampida de más de 400.000 lugareños en dirección a Beirut, mientras la armada selló los puertos del país y los bombardeos aéreos y la artillería se encargaban de asegurar el terror, los helicópteros, por primera vez en 13 años, atacaban a la propia Beirut. La escalada de violencia pareció llegar a su clímax cuando los israelíes volaron un refugio donde un contingente de cascos azules, proveniente de las Islas Fidji, daba albergue a varios cientos de refugiados. Las escenas dantescas, que le dieron la vuelta al mundo, se convirtieron en el mayor campanazo sobre la gravedad de la tragedia y motivaron la condena de Rusia, Gran Bretaña, Francia, España, Irlanda, la Comisión Europea y los países árabes, mientras el gobierno de Jerusalén aseguraba que se trató de un error de tiro. La explicación para las dimensiones del ataque israelí parece estar en las circunstancias de la vida política reciente de ese país. Luego del asesinato del primer ministro laborista Yitzhak Rabin a fines del año pasado, la posición pacifista pareció ganar adeptos. Su reemplazante, Shimon Peres, arquitecto con el difunto de los acuerdos de paz de la región, adelantó las elecciones generales para el 29 de mayo con el fin de aprovechar ese estado de ánimo. Pero la serie de atentados suicidas de extremistas palestinos de hace seis semanas hizo cambiar abruptamente la tendencia popular hacia una agresividad evidente, y la caída de la imagen del gobernante puso al opositor Benhamin Netanyahu, del conservador partido Likud, en posición de derrotar a Peres mediante la explotación de la supuesta pasividad de su gobierno.En esas condiciones, los ataques de Hizbollah se convirtieron en la mejor excusa para demostrar que un político comprometido con la paz también puede mostrar firmeza cuando es necesario. Luego de lanzar la ofensiva, Peres tuvo la oportunidad de fotografiarse con sus generales, vestido de campaña, en visita al lugar de los ataques del movimiento guerrillero, mientras Netanyahu se vio reducido a alegar que la reacción israelí había sido muy poca y muy tarde. Y si en el frente doméstico la decisión de atacar era prácticamente obvia, en el internacional Peres tampoco tuvo mayores problemas para llegar a ella. La razón es que las conversaciones de paz con Siria están suspendidas desde enero pasado, lo cual dejó a Israel con manos libres para actuar contra Hizbollah. Por otro lado, como dijo el jefe de la inteligencia israelí, uno de los objetivos de Irán, el principal patrocinador del Hizbollah, es la caída del gobierno pacifista de Israel, con la finalidad de hacer descarrilar definitivamente el proceso de paz del Medio Oriente.Todo eso puede ser cierto, y las motivaciones del gobierno israelí pueden haber sido relativamente legítimas en defensa de los intereses de su país. Pero también es cierto que los golpes contra Hizbollah no exterminarán la resistencia libanesa contra la ocupación de parte de su territorio y, por el contrario, la extrema violencia desplegada podría desencadenar una reacción cada vez más sangrienta. Si se cumple el patrón de oportunidades anteriores, las partes dejarán de agredirse en unos cuantos días, y probablemente regresarán al entendimiento vigente desde 1993, de no atacar a la población civil. Lo malo es que quedarán a la espera de una nueva tragedia, porque lo único que impediría que esta novela vuelva a ser contada es la firma de un tratado de paz en firme con Líbano y la retirada de las tropas israelíes de su territorio. Pero esa salida se aleja en la medida en que el odio se apodera aún más de los espíritus. nn Para muchos, Hezbollah podría salir fortalecido de este episodioLa escalada de violencia pareció llegar a su clímax cuando Israel alcanzó con un proyectil una base de la ONU llena de refugiadosUn país martirizadoos ataques de Israel en el sur del Líbano no sólo quieren destruir al movimiento Hizbollah, sino obligar a que ese país controle al grupo guerrillero que opera contra la ocupación israelí de una 'Franja de seguridad' en el sur de su territorio. Por eso los bombardeos han golpeado, más allá de las bases de las milicias, objetivos económicos cruciales. La idea, como admitió el viceministro de Defensa israelí Ori Orr, es que los libaneses "decidan si su país continuará desarrollándose al ritmo del que siempre alardean, o si retornará a la situación de hace algunos años". Esas palabras explican que la aviación israelí haya atacado centrales de electricidad, como la de Ouzai, que al ser destruidas dejaron sin luz a decenas de miles de personas que apenas hace un año volvieron a tener energía permanente. Por otra parte, según funcionarios libaneses, al desencadenar el éxodo de unas 400.000 personas hacia el norte, los israelíes quieren explotar las tensiones sociales, ya que el sur es musulmán chiíta, mientras el norte está poblado mayoritariamente por otras corrientes del Islam y por los cristianos.Aunque en ocasiones anteriores los libaneses vivieron situaciones semejantes, estaban en medio de la guerra civil cuando la paz era improbable. Pero este es un momento muy doloroso porque los libaneses están empeñados en reconstruir su país. La economía de Líbano estaba en recuperación y los banqueros internacionales comenzaban a prestar atención a un país que a pesar de todo había logrado crear excedentes en su balanza de pagos. Desde la posesión de Rafiq Hariri como primer ministro en 1992, Líbano experimentó un crecimiento anual del 8 por ciento, se iniciaron obras para recuperar la infraestructura y el centro de la capital comenzaba a mostrar al menos un reflejo del esplendor que la hizo ser llamada 'la París del medio Oriente'.A pesar de todo, hasta ahora ni el gobierno ni los libaneses parecen dispuestos a ponerse en contra de Hizbollah porque este movimiento, a pesar de sus vínculos con Irán, antes que nada es un grupo libanés de resistencia. "La batalla no es contra Hizbollah, sino contra nuestra patria", subrayó el vicepresidente del Parlamento, Elie Firzli. "Y conste que no soy ni siquiera musulmán, sino cristiano". Detrás de esa significativa muestra de unidad nacional en un país tan desangrado por los odios, eso demostraría que, como dijo Hariri, "los ataques, lejos de destruir a Hizbollah, lo fortalecerán". Pero aun si tuviera voluntad para controlar al movimiento, el incipiente ejército libanés no podría controlar a los guerrilleros. El verdadero poder militar en Líbano está en poder de los 35.000 soldados que mantiene allí Siria, país que todavía maneja los hilos de la renaciente política libanesa.Eso hace que la verdadera víctima de esta tragedia sea la población libanesa, atrapada entre dos fuegos cuando creía que su pesadilla había terminado.
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