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| 3/9/1992 12:00:00 AM

LAS VACAS FLACAS

Las verdaderas causas del golpe hay que buscarlas más en las dificultades sociales, económicas y políticas del país, que en el golfo de Venezuela.

LAS VACAS FLACAS, Sección Mundo, edición 510, Mar  9 1992 LAS VACAS FLACAS
EL FRACASO DE LA INSUrrección militar de la madrugada del martes 4 de febrero hubiera causado júbilo popular en muchos otros países latinoamericanos. Pero en Venezuela, lejos de salir a defender la democracia, la gente salió a apoyar el golpe, NO sólo en las manifestaciones que se presentaron en Caracas -rápidamente disueltas por la Policía-, sino en Maracay, donde los golpistas llegaron a armar algunos grupos de estudiantes. Eso subraya el grado de impaciencia de los venezolanos, que están cansados de su situación económica, que atribuyen no sólo a la corrupción generalizada en las altas esferas civiles y militares sino a los rigores del ajuste económico aplicado por el presidente Carlos Andrés Pérez.

Esas circunstancias son el denominador común de la mayor parte de los países de América Latina, pero en Venezuela adquieren una dimensión especial por el contraste, pues hasta hace pocos años el país ostentaba un nivel de vida más envidiable por cuenta de sus millonarias exportaciones de petróleo.

Como ministro del Interior del gobierno de Rómulo Betancourt (1959-1964) a Carlos Andrés Pérez le había correspondido derrotar a las guerrillas izquierdistas que amenazaban a la naciente democracia del país. Su imagen enérgica le ayudó a nacionalizar la minería de hierro y la explotación del petróleo. Estimuló la creación de industrias para competir con los productos extranjeros. Su prestigio creció aún más cuando el precio del petróleo se cuadruplicó y elevó la riqueza del país a niveles insospechados.

Precedido por esa presidencia estelar, Pérez logró su reelección en 1989. Pero la economía ya no era la de antes. Su deuda externa llegaba a los 35 mil millones de dólares, una de las más altas per cápita del continente. Las reservas internacionales habían tocado fondo y alcanzaban solamente para pagar una semana de importaciones. El 80 por ciento de los ingresos de 1988 se habían gastado en pagar los intereses de la deuda.

Pocos días después de una fastuosa posesión, Pérez tuvo que hacer frente a las nuevas realidades, presionado por el Fondo Monetario Internacional. Su "gran viraje" eliminó los subsidios e inició el proceso de privatización de muchas industrias estatales. Sólo dos semanas después, en agosto estallaron disturbios que se conocen como el "Caracazo", con un saldo de más de 300 muertos. Desde entonces para acá, la incertidumbre ha sido la regla, con desórdenes sobre todo estudiantiles, que se suceden casi ininterrumpidamente. Para el final de 1991, 10 estudiantes y dos policías habían muerto y más de 150 buses habían sido quemados.

El programa produjo sus resultados: Si en 1989 el Producto Interno Bruto cayó en el ocho por ciento, en 1990 repuntó en el 4,4 y en 1991 tuvo un alza espectacular del 9,3. Pero al mismo tiempo los sectores más débiles de la sociedad resultaron gravemente afectados en su nivel de vida. Según cifras oficiales, dos terceras partes de la población vive en la pobreza, relativa o absoluta.

Esa situación se unió a la corrupción generalizada y al aislamiento político de Pérez con su partido Acción Democrática, para conformar un coctel explosivo que detonó la semana pasada. Los coroneles que se levantaron contra la legitimidad se habían convertido en una especie de "clase media" militar, cercana a la corrupción de la cúpula, pero excluida de sus beneficios. Eso podría explicar su profundo resentimiento y la versión según la cual después de fusilar al presidente Pérez, hubieran puesto en el paredón a parte del alto comando de las fuerzas armadas.

Para la mayoría de los observadores, el tema del diferendo limítrofe con Colombia estuvo presente todo el tiempo, y no se puede descartar como uno de los factores determinantes del estallido. Es claro que los alzados tenían en su programa cambiar la política de Pérez ante Colombia, que consideraban sospechosa. Las diferencias de los militares con el Gobierno sobre ese tema crecían, con el paso de las horas, e incluso el ministro de Defensa dijo en una entrevista televisada que las fuerzas armadas eran "muy intransigentes" frente a Colombia. Las contradicciones de Pérez en las últimas semanas, concientemente o no, enrarecieron el ambiente aún más.

Pero curiosamente, muy pocos de los protagonistas han mencionado el tema después de la intentona, salvo el ex presidente Luis Herrera Campins y una asociación de militares retirados. Porque parece claro que las causas eficientes primordiales están de todos modos más en la situación interna de las clases desamparadas de Venezuela, que en el problema limítrofe, el cual, en perspectiva, parece mucho menos angustioso.

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