Lunes, 23 de enero de 2017

| 1996/02/19 00:00

LE ECHARON, MANO

La cáptura de García Abrego es un éxito internacional y un dolor de cabeza doméstico para el presidente mexicano.

LE ECHARON, MANO

"CRIMEN CORRUPCION E IMPUNIDAD" son los principales enemigos del presidente Ernesto Zedillo, según dice su lema más promocionado.Con la captura la semana pasada de Juan García Abrego el gobierno mexicano mató publicitariamente esos tres pájaros de un solo tiro. Porque el capo del cartel del Golfo habría cometido al menos 100 asesinatos (que según las consejas populares sólo ordenaba los dias 17 de cada mes), usaba la corrupción como su mejor arma (según la Procuraduría, tenía comiendo en su mano al 10 por ciento de los funcionarios antidrogas) y se movía en la más completa impunidad (como lo testimoniaba su largo juego del gato y el ratón con las autoridades).
Por eso, entre otras cosas, no es raro que la captura de García Abrego haya sido celebrada en el palacio presidencial mexicano con bombo y platillos. Manifestaciones sólo comparables a las que desplegó el gobierno de Washington luego de que el narcotraficante fue trasladado a Houston-Texas-no bien amaneció al dia siguiente, con la excusa de que es norteamericano. La fiscal general Janet Reno no sólo resplandeció ante las cámaras por tener en sus manos a ese hombre que su gobierno había reclamado como clave en las relaciones de su pais con México, sino que también sonrió como nunca porque se le acababa de presentar un ejemplo ideal para comparar con el caso colombiano.
Pero Reno se cuida muy bien de hacer otras comparaciones. Porque como en Colombia, la caida de un capo no significa necesariamente la terminación del negocio. Para nadie es un secreto que existen cinco carteles en México y que el lugar de Garcia Abrego ya tiene al menos dos aspirantes: Amado Carrillo Fuentes (conocido como el señor de los cielos) y Oscar Malherbe.
Con el detalle adicional de que Garcia Abrego ni siquiera era el capo máximo, sino el jefe operativo bajo el comando de su primo Francisco Guerra. De hecho, algunas publicaciones sostienen que el detenido ya venia siendo eclipsado por otros cabecillas desde hace más de un año.
Pero captura es captura y eso es lo que vale. El anterior presidente, Carlos Salinas de Gortari, tuvo un éxito similar en 1989 cuando encarceló a Miguel Angel Félix Gallardo, hasta entonces el capo mexicano más poderoso, y el impulso de ese éxito le duró hasta el final de su período. Un período en el cual el siguiente en turno como enemigo público número uno, precisamente Garcia Abrego, fue el hombre más perseguido de México, pero también el más escurridizo e intocable. Hoy se conocen muy bien las conexiones estrechas entre Garcia y el hermano del ex presidente, Raúl Salinas. Incluso se dice que el asesinato del dirigente politico Francisco Ruiz Massieu, por el cual Raúl es tá a la sombra, se debió al incumplimiento de Ruiz en un negocio inmobiliario financiado por García Abrego.
La actitud del gobierno de Zedillo sugiere que éste quiere hacer aún mayores méritos que su antecesor, porque además para él las circunstancias políticas de México son más complicadas. No es para menos, si se tiene en cuenta que su propia presidencia se debe a que el anterior candidato del Partido Revolucionario Institucional, Luis Donaldo Colossio, fue asesinado por miembros ultraconservadores del oficialismo temerosos de que Colossio privara a esa agrupación política de 1os privilegios y tal vez acabara con la hegemonía de más de 70 años en el poder. García Abrego ha sido señalado dentro del complot contra Colossio.
Las confusas circunstancias del arresto han producido toda clase de suspicacias. Inicialmente la policía dijo que al momento de la captura el hombre más buscado de México estaba sin guardaespaldas, en una casa modesta de un barrio industrial, en compañía de un menor de edad y otra persona, y que no se había disparado un solo tiro. Más tarde dijeron que estaba completamente solo y por último la Procuraduría llevó a los reporteros al lugar para "reconstruirles el operativo'. Tanta explicación llevó a algunos medios de México a sostener (apoyados además en otros indicios) que la DEA (la agencia antidrogas de Estados Unidos) fue la que localizó a García Abrego en un escondite en Monterrey y lo puso en manos de las autoridades mexicanas.
Si eso ya era suficiente para complicarle el triunfo a Zedillo, lo que tiene verdaderamente molestos a los mexicanos es la entrega tan apresurada del capturado a Estados Unidos. El gobierno se apoyó en las dudas sobre la nacionalidad de García Abrego. Según un certificado de nacimiento que reposa en el lugar, García nació en un rancho (finca) en la localidad de Silencio, en Matamoros, estado de Tamaulipas, justo en la frontera con Estados Unidos. Sin embargo, García sí sería estadounidense porque a la edad de 20 años se apoyó en las boletas escolares (fue a la escuela en Estados Unidos) y en una declaración juramentada de su madre para conseguir la ciudadanía de ese país. La secretaría de Gobernación asegura que está inscrito en la localidad de Las Palomas en el estado de Texas.
Sea como fuere, tanta duda deja sin piso el calificativo de 'extranjero indeseable' con que fue expulsado personalmente por Zedillo, apoyado en que el Ejecutivo mexicano tiene la facultad de sacar del país a 1os foráneos sin juicio previo. García Abrego hubiera resultado un tesoro de revelaciones sobre las vinculaciones del narcotráfico con el establecimiento del PRI, y eso es 1o que le critican con mayor acidez. "A los mexicanos no nos queda muy claro el hecho de que habiéndolo tenido aquí no se le hubiera abierto un proceso. A lo mejor lo sueltan para que no abra la boca ", dijo el senador Enrique Franco.
El gobierno se defiende con el argumento de que la presencia de García Abrego era un factor desestabilizador para la frágil economía mexicana y señala que la Cancillería pidió a los jueces norteamericanos que le remitan las declaraciones del detenido. Pero sus detractores sostienen que nunca podrían ser igualmente conducentes unos interrogatorios hechos por personas distintas de las autoridades mexicanas.
A pesar de que a nivel local se le armó semejante zafarrancho, el episodio sirvió a Zedillo para dos propósitos: ganar con creces las mismas indulgencias de Estados Unidos que tanto le sirvieron a su antecesor, y de paso evitar que, con García Abrego en su poder, resultaran desenmascaradas todas las conexiones entre el establecimiento mexicano y las mafias del narcotráfico. Porque Zedillo tiene la casi imposible misión de devolver la credibilidad al establecimiento representado por el PRI, sin que ello signifique el final de su interminable ejercicio del poder.

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