Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/09/15 00:00

Le quedó grande

Después de un ataque unilateral a Irak,Bush pide ayuda de la ONU para la reconstrucción. ¿Por qué el giro?

La semana pasada se hizo evidente que el sueño del secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, y de los demás neoconservadores de vivir en un mundo unipolar donde Estados Unidos decidiera por su propia cuenta el sentido de la historia es una quimera. La falacia la hizo patente el presidente George W. Bush cuando anunció que buscaría una resolución de la ONU para que una fuerza multilateral ayudara en la reconstrucción de Irak. El borrador de resolución pide que la ONU participe, junto con Estados Unidos, en el diseño de una Constitución iraquí y que apruebe el envío de una fuerza multinacional para estabilizar la región.

El gesto no dejaba de ser sorprendente: recientemente Washington había pasado por encima del Consejo de Seguridad al decidirse por un "ataque preventivo" contra el gobierno de Saddam Hussein, a quien acusó de esconder unas armas de destrucción masiva, que siguen sin aparecer, y de apoyar a unos terroristas con los que aún no se prueba ningún vínculo. El controvertido ataque fue duramente criticado por varios miembros de Naciones Unidas, encabezados por Francia y Alemania. Varios de estos gobiernos amenazaron con vetar cualquier resolución que aprobara el uso de fuerza en Irak antes de que los inspectores de armas determinaran la veracidad de las acusaciones contra el régimen. Pero ante la falta de apoyo Bush decidió atacar sin la autorización del organismo y el asunto ocasionó un grave distanciamiento entre los halcones de la Casa Blanca y el grupo de países que hoy se suele apodar como 'la Vieja Europa'. A pesar de ello el Pentágono confiaba en que la rápida victoria les enseñaría una lección a los críticos del enfoque unilateral. ¿Por qué, entonces, Bush busca ahora un consenso con la ONU?

Para muchos analistas con este gesto el mandatario reconoce que cometió un grave error de estimación de los costos políticos, económicos y humanos de la reconstrucción. Error que lo llevó a meterse en un atolladero del que ya no puede salir sin ayuda externa. Ciertamente, la primera fase de la guerra, que finalizó con la toma de Bagdad, fue corta. No obstante la segunda fase, que ha consistido en enfrentar atentados terroristas, perseguir a los líderes del régimen de Hussein y tratar de llenar un vacío de poder en una sociedad fragmentada, ha sido mucho más difícil. De hecho, desde el primero de mayo, cuando Bush se disfrazó de soldado y desde el portaaviones Abraham Lincoln declaró triunfal el fin de los enfrentamientos, han muerto más soldados estadounidenses que durante toda la guerra.

El desangre inesperado ha hecho que un buen número de militares activos, reservistas y sus familiares se opongan a la ocupación y estén pidiendo el retorno de las tropas. Este es el caso de la campaña Bring them home now (Tráiganlos a casa ahora), que reúne a un creciente número de familiares de soldados que se oponen a la guerra en Irak. Para completar, Bush tuvo que anunciar que necesitará más dinero del presupuestado para la ocupación en un momento de gran desequilibrio en la balanza de pagos y de desempleo galopante. Esto le ha dado pie a más de uno para predecirle al hijo Bush el mismo destino de su padre, quien también ganó la guerra pero perdió la reelección por cuenta del pobre rendimiento económico.

Pero estas manifestaciones son sintomáticas de un mal más generalizado, como se evidencia en los casi 20 puntos de popularidad que Bush ha perdido desde que la ocupación iraquí empezó a tener reveses. "La administración Bush está en una situación muy difícil. El presidente se enfrenta a una elección próxima y el público está cada vez más descontento con la situación en Irak, por lo que el gobierno está tratando de cambiar de curso con respecto a la ONU", explicó a SEMANA James A. Paul, director ejecutivo de Global Policy Forum, que monitorea a las Naciones Unidas.

Por otro lado, con el giro radical hacia un mayor multilateralismo, Bush terminó dándoles la razón a los militares y veteranos de guerra, que desde el comienzo se opusieron al plan de guerra del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, porque consideraban que el número de efectivos planeado no era suficiente. Según los entendidos en el asunto el problema no es solamente que las tropas no dan abasto para lograr la seguridad en suelo iraquí sino que hay que considerar la posibilidad de que se abran nuevos frentes de batalla (Corea del Norte o Irán) dentro de la guerra contra el terrorismo. En esta medida Estados Unidos necesita el apoyo militar en suelo iraquí de aliados clave como India, Pakistán y Turquía, sólo que estos países condicionaron su ayuda a que la ONU aprobara la intervención.

La ONU decide

Pero no va a ser fácil que los Estados ignorados por Bush cuando atacó quieran ayudarle ahora que se le salió de madre el experimento. Los franceses, por ejemplo, llevan todo este tiempo oyendo cómo los guerreristas anglosajones se refieren a ellos como "comadrejas" o "gallinas". Lo más probable es que ahora deseen restregarles a Bush y al primer ministro británico, Tony Blair, el hecho de que ellos les advirtieron que las cosas no iban a ser tan sencillas como creían y que no quieren pagar por las consecuencias de un ataque al que se opusieron. En últimas, se está decidiendo una vez más el futuro de la ONU y la Unión Europea como subordinadas o independientes de Washington por lo cual, de lo que ambos organismos logren en la negociación sobre la reconstrucción de Irak dependerá su puesto en el sistema internacional.

Al cierre de esta edición el secretario general de la ONU, Kofi Annan, había convocado para el sábado en Ginebra, Suiza, una reunión de los miembros permanentes del Consejo para discutir el borrador de resolución. Pero lo más probable es que, tal como está redactado el texto, aún no se llegue a un consenso pues la resolución no prevé entregarle control político a la ONU en Irak ni mucho menos control económico de los millonarios negocios de reconstrucción. Según predice Paul, "el Consejo de Seguridad no va a aceptar el borrador de resolución ofrecido por Estados Unidos porque le da muy pocas concesiones al organismo y apenas comparte con éste un grado ínfimo de poder. Sin embargo la desesperación de Washington puede llevarlo a ofrecer mayores concesiones que, a su vez, llevarían a que se lograra aprobar una nueva resolución". En la misma línea John Quigley, analista internacional de la Universidad de Ohio, dijo a esta revista que mientras estas nuevas concesiones no se concreten es poco lo que podrá hacer la ONU en Irak, a excepción de trabajo humanitario, y que incluso éste tenderá a disminuir a causa del atentado a las oficinas de la organización. Según ambos analistas la ONU pedirá un cronograma para acabar con la ocupación e iniciar la transición a un gobierno autónomo, una fecha para llevar a cabo elecciones, así como la creación de un fideicomiso para canalizar la ayuda humanitaria y de reconstrucción.

Pero pase lo que pase en el Consejo de Seguridad el acercamiento a la ONU por parte de Bush demuestra que el unilateralismo no funciona tan bien como pensaban los defensores de la intervención preventiva. Estados Unidos puede hacer guerras por su cuenta pero necesita de Europa y del resto del mundo para reconstruir la paz. En definitiva, la potencia de esta era es como un niño consentido, capaz de poner patas arriba al orbe sin asistencia pero que luego grita para que le ayuden a limpiar.

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