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| 5/2/2015 2:00:00 AM

Hace 70 años, Lee Miller se bañó en la tina de Hitler

Esta es la historia de la foto de una corresponsal de guerra que vivió en el apartamento del genocida.

Elizabeth 'Lee' Miller fotografió los bombardeos nazis sobre Londres a principios de los años cuarenta. Participó como corresponsal de guerra en el desembarco de Normandía. Acompañó a la 83 división de infantería en la liberación de París.

En 1945, fotografió en Alemania los recién liberados campos de concentración de Dachau y Buchenwald. Y el 30 de abril, mientras Hitler y Eva Braun se suicidaban en la entrada de su búnker en Berlín, ella se tomó un baño en la tina de su apartamento de Múnich.

Su novio de entonces, David Scherman, fue el autor de esa imagen perturbadora y llena de símbolos. “Creo que le estaba haciendo pistola con las dos manos a Hitler” dice su hijo Antony Penrose. “En el piso están sus botas, cubiertas aún con el mugre de Dachau, con las que pisoteó el suelo de la vivienda. Está diciendo que ganó”.

Y en efecto, la foto del dictador a la izquierda, el tapete manchado frente a la tina, la escultura clásica (el 'ideal' de arte nazi) y su uniforme encima de una de las sillas confirman que no se trata de una imagen cualquiera. Se trata más bien de un trofeo de guerra.

Parece que le dijera al dictador: 'Acá estoy, con mi novio judío, poniéndome de ruana la casa del ser que más odio en el mundo'. Su mirada, entre melancólica y soñadora, le da la espalda al hombre del bigote, como si su presencia le produjera un leve fastidio, comparable al de una mosca.  

Sin embargo, la experiencia la dejó profundamente marcada Como le escribió en una nota al editor de Vogue poco después de la toma de la fotografía. "Estaba viviendo en el apartamento de Hitler, cuando anunciaron su muerte a medianoche del 1 de mayo. . . . Bueno, perfecto, está muerto".

"Él había sido una máquina monstruosa de la maldad todos esos años, hasta que visité los sitios que lo hicieron famosos, hablé con las personas que lo conocieron, investigué en los chismes que se cuentan en voz baja y comí y dormí en su casa".

"Se volvió menos fabuloso y por ende más terrible, junto con las evidencias de sus costumbres casi humanas; como un simio que nos avergüenza y humilla con sus gestos, reflejándonos en una caricatura".

En realidad, Miller estaba delineando lo que 15 años después la filósofa Hannah Arendt describió en su artículo 'La banalidad del mal', durante el proceso en Jerusalén de Adolf Eichmann, uno de los mayores organizadores del Holocausto.

Según Arendt, las personas capaces de cometer crímenes inenarrables no suelen ser 'monstruos', sino personas comunes y corrientes, que sin embargo se escudan en el reglamento o en 'la voluntad del pueblo' para desentenderse de las consecuencias de sus actos.

Lee Miller lo entendió en carne propia. Según el testimonio de Penrose, "ella vio algunas de las cosas más feas que alguien pueda haber visto en los campos de concentración de Buchenwald Dachau o en el frente de batalla. Probablemente sufrió lo que ahora llamamos síndrome de estrés postraumático".

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