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| 2/22/2014 3:00:00 AM

López es el héroe del momento

El líder opositor marcó el punto más dramático de su carrera política. Su relación con el excandidato Henrique Capriles podría ser clave a futuro.

La tanqueta blindada de la Guardia Nacional no se movía un milímetro. Cientos de personas la rodeaban, formando un tapón humano para evitar que se llevaran al político opositor, Leopoldo López, a pesar de que él se había entregado voluntariamente. Para tranquilizar a los manifestantes, López habló a través de un megáfono y pidió que abrieran el paso. A regañadientes, le hicieron caso. 

Minutos antes, había pronunciado un emotivo discurso en la plaza Brión de Caracas, frente a miles de personas, que acudieron vestidas de blanco, portando banderas y pancartas con el lema: ‘Yo soy Leopoldo’ en señal de solidaridad. El gobierno lo acusó de estar detrás de un ‘golpe de Estado’ y de incitar a la violencia el pasado miércoles 12 de febrero. “No he cometido ningún delito, yo no soy ningún delincuente, yo no me tengo que esconder. Entonces la opción que me queda es presentarme”, dijo. Antes de hacerlo, le dio un abrazo a su esposa, Lilian Tintori, y le dijo: “Cuida a nuestros hijos”. La escena quedará grabada en la memoria de los opositores, incluso entre quienes no necesariamente se identifican como lopistas. 

López, a quien en broma le dicen ‘el muñequito de torta’ por su buena pinta, ha sido uno de los políticos más notorios de la oposición venezolana. Este economista de 42 años, con una maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard, fue elegido a los 28 años con el 51 por ciento de los votos a la Alcaldía local de Chacao, uno de los sectores más pudientes de la capital venezolana. Cuatro años después, fue reelegido con el 81 por ciento de los votos. Su gestión le valió el reconocimiento de la organización City Mayors and World Mayors, que lo nombró el tercer mejor alcalde del mundo en 2008. 

Tenía todas las posibilidades de convertirse en el alcalde metropolitano de Caracas, pero fue inhabilitado políticamente hasta 2014 por supuestamente haber trasladado fondos del presupuesto de Chacao a otros fines y por haber recibido fondos de PDVSA para la organización no gubernamental Primero Justicia. Esta se convirtió posteriormente en un partido político, cuyo principal dirigente es hoy Henrique Capriles, su eterno compañero y rival.

Ambos tienen la misma edad, se dice que son descendientes de Bolívar, tienen un sentido patriótico y de sacrificio marcado, y despiertan fervor entre sus seguidores. Pero tienen visiones distintas de hacer política. Esto se hizo evidente por primera vez cuando López abandonó Primero Justicia, luego pasó por el partido Un Nuevo Tiempo y finalmente fundó el suyo, Voluntad Popular, del que es coordinador nacional desde 2009. 

Tres años después, López se lanzó como precandidato presidencial a las primarias opositoras, amparado en la decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que ordenó al Estado venezolano restituirle sus derechos políticos, por considerar injusta la sanción. Como eso no ocurrió, y ante el temor de que su inhabilidad pusiera en jaque las opciones de la oposición si él era elegido candidato, López abandonó su candidatura y apoyó a Capriles.

Pero tras las elecciones, su alianza se fracturó. Capriles ha argumentado que la única forma de derrotar al gobierno es trabajar para restarle adeptos en las bases populares, y eso necesita mucho esfuerzo y tiempo. Pero es la única forma de convertirse en mayoría para que en las próximas elecciones, o cuando haya que recoger firmas para buscar un referendo revocatorio, la gente sea la que decida, por la vía constitucional y democrática, que el chavismo no va más. “Nosotros elegimos un camino largo, pero seguro, o acaso creen que los 7 millones que votaron por mí fue porque ofrecí ir a tirar piedras a la calle.” dijo. Vale recordar que el pasado 15 de abril, Capriles les pidió a los opositores que, en vez de salir a protestar, se resguardaran en sus casas para evitar una masacre. 

López, quizás un poco más atrevido, pasional y dramático, ha tomado el liderazgo en los últimos meses porque ha recogido el desespero y la frustración de millones de opositores. Ha apostado por una estrategia de protestas como legítimo derecho de los venezolanos a los que se les han ido recortando otros espacios. “Esta salida tiene que ser pacífica, dentro de la Constitución, pero también tiene que ser en la calle. Porque ya no nos quedan en Venezuela los medios para poder expresarnos. Si los medios callan, que hable la calle”. 

Como bien lo ha señalado el filósofo Fernando Mires, ambos liderazgos son necesarios y complementarios en la oposición. “Leopoldo enciende y cohesiona. Henrique escucha e intenta sumar. Los dos son muy diferentes. Pero ninguno puede prescindir del otro. Más aun, de la suerte del uno depende la del otro”.

Ahora que López está en la cárcel, acusado por los delitos de incendio intencional, instigación pública, daños a la propiedad pública y asociación para delinquir, es nuevamente Capriles quien tiene el mayor peso para reconducir las pasiones desatadas. Y a pesar de haber sido desplazado mediáticamente por López en las últimas semanas, Capriles ha reiterado su respaldo y solidaridad incondicional con él. 

En Venezuela dicen que para ser presidente hay que haber pasado antes por la cárcel. Varios de los que llegaron a Miraflores en el siglo pasado pagaron condenas por su rebeldía contra las dictaduras militares. Fue en la cárcel de Yare que Hugo Chávez empezó a preparar su regreso político. Y luego de haber estado en prisión, se disparó la carrera política de Capriles. “Si mi encarcelamiento vale para el despertar de un pueblo, para que Venezuela despierte definitivamente y que la mayoría de los venezolanos que queremos cambio podamos construir este cambio, en paz y en democracia, pues bien valdrá la pena”, dijo López. 

“Me golpearon como a un enemigo”
Cientos de personas han tenido fuertes  encuentros con la Guardia Nacional. Carlos Julio Romero, un  joven 

“El miércoles por la tarde fui a la Plaza Altamira, en Chacao, donde la gente ha estado protestando desde hace una semana. Estaban los estudiantes y la Guardia Nacional Bolivariana. De repente, la gente empezó a correr. En medio del escándalo me metí con mi hermano y otro grupo al estacionamiento de un edificio. Entonces hubo una segunda arremetida de la Guardia con bombas lacrimógenas. Entraron en moto y nos gritaron que saliéramos. Todos nos levantamos con las manos arriba, pero los guardias comenzaron a empujarnos y golpearnos. Yo tenía la bandera alrededor del cuello, para protegerme de los gases, cuando uno de esos tipos empezó a jalarla, gritándome: “Quítate el pañuelo”. Entonces me molesté y le respondí: “¿No ves que es la bandera de Venezuela?”. Vi su cara de odio y me siguió golpeando salvajemente, como si yo fuera su peor enemigo. 

“Uno de los guardias les pidió a sus compañeros que pararan. Otro le apuntó con una pistola a mi hermano Óscar y le dijo: “¡Corre!”. “No he hecho nada, no voy a correr”, le contestó Óscar, y el guardia, todavía apuntándolo, lo amenazó: “Te voy a quebrar”. “Seré uno más en la lista”, le dijo mi hermano. El guardia lo dejó ir pero le advirtió: “La próxima vez que te vea, te voy a quebrar”. Vaya palabras para un policía.  Como dice una pancarta: nos han quitado tanto, que nos han quitado hasta el miedo”.
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